Opinión Internacional

Bolivia: golpe de Estado permanente o Socialismo del Siglo XXI

El presidente de Bolivia se ha distinguido últimamente por dos frases que quedaran en los anales de la historia porque significan una grave falta a las instituciones y un fallo de conciencia elemental en alguien que detente las riendas de un país, y traducen el alcance de la crisis severa que aqueja a Bolivia debido al empeño de Evo Morales de querer imponer una reforma de la Constitución que le permita la reelección indefinida, y lo que el llama la “refundación” de Bolivia pues es víctima de la misma patología basada en un mesianismo extemporáneo que les contaminó Fidel Castro, tanto a él como a Hugo Chávez: borrar la historia pasada para convertirse en los fundadores de una nueva historia, poco importa que los métodos que se empleen provengan del fascismo o del comunismo; lo que importa es confiscar las instituciones y ponerlas al servicio de un proyecto excluyente, que derivará en totalitario. Ambas frases provienen de dos discursos recientes pronunciados por el presidente, durante la grave crisis política que aqueja al país que tiene origen en la voluntad del gobierno de querer imponerle a los bolivianos una Constitución con las mismas características que la que está imponiendo hoy por decreto, Hugo Chávez en Venezuela

La primera frase, provoca vergüenza ajena. A propósito de la negativa del prefecto de Cochabamba de plegarse al referéndum revocatorio a celebrarse el 10 de agosto, por considerarlo inconstitucional, el presidente de la República comentó esta decisión, usando de su sintaxis característica: “Como el prefecto de Cochabamba (Manfred Reyes Villa) dijo revocatorio al presidente Evo Morales, le he aceptado. Ahora no quiere el mariconcito”. Cuando un presidente de un país, insulta de manera tan soez a otra personalidad política, elegida también por el sufragio, está poniendo en entredicho su propia legitimidad de jefe de Estado al adoptar un lenguaje propio de un miembro de mafia y no del más alto representante de las instituciones de una nación. El mismo modelo discursivo que emplea Hugo Chávez; el mismo talante que se percibe en la pareja presidencial argentina, el mismo modelo de terrorismo discursivo de la retórica de Daniel Ortega, de Fidel Castro, pese a que éste último, gracias a su nivel de educación, emplea, cuando le conviene, cierto grado de sutileza. El respeto y la majestad del cargo que detentan como representantes de sus países respectivos, parecen ignorarlo; es más, lo ejercen como si se tratara de la imitación que haría un niño jugando a ser presidente de la República. Ignoran que la primera magistratura de un Estado engendra deberes y no librarse al simple placer de mimar lo que a ellos les parece que es gobernar, que perciben como si todo les estuviese permitido.

La siguiente frase es más grave aún, pues demuestra que no sólo se trata del empleo de un discurso mafioso, sino de la aplicación del carácter mafioso en las gestiones del Estado. En el caso de Evo Morales, se le puede conceder como un mérito su sinceridad al no disimular el método delictivo de su gestión, aunque de hecho, ese no disimulo signifique simplemente, la expresión de la torpeza del advenedizo: “Cuando algún jurista me dice: ‘Evo te estás equivocando jurídicamente, eso que estás haciendo es ilegal’, bueno yo le meto por más que sea ilegal. Después les digo a los abogados: ’si es ilegal, legalicen ustedes, para qué han estudiado’”..

Morales hizo estos comentarios después de afirmar que la nacionalización de la petrolera Transredes (ex filial de Ashmore y Shell), que se llevó a cabo en junio pasado, se retrasó dos años debido a la recomendación de técnicos que temían una parálisis de inversiones. El presidente y sindicalista cocalero, pidió al personal técnico y jurídico del sector de hidrocarburos contemplar que “por encima de lo jurídico, está lo político”. “Lamentablemente es una verdad” que si atiene al respeto de la ley nunca podría llevar a cabo aplicar los cambios que se ha propuesto, de allí que dotarse de una nueva Constitución le indispensable que le permita “refundar Bolivia”
“A veces hay que empezar, aunque sea errando, errando y en el camino mejoraremos y en el camino legalizaremos y eso para acelerar nuestro trabajo como Gobierno”, agregó. En ese esquema, la Constitución no es más que un artefacto formal destinado al uso de la llamada comunidad internacional que escudándose en la “legitimidad democrática” de ese tipo de gobiernos, hace la vista gorda, pues están de por medio el intereses económicos o geopolíticos.

La agudización de la crisis se ha hecho más patente en Bolivia con la entrada en juego de los sindicatos mineros, en una época, ejemplares en sus luchas y reivindicaciones, hoy bastante debilitados, pero pese a ello, todavía capaces de movilizarse para protestar por las reformas de las pensiones que el gobierno quiere imponerles, consideradas lesivas para la clase trabajadora. Las manifestaciones y bloqueos iniciadas por los mineros que acudieron al llamado de la Central Obrera Boliviana (COB) le impiden al gobierno continuar esgrimiendo el argumento de la “derecha, blanca, racista y rica” que se opone al sesgo autoritario que está tomando el poder. Incluso, entre los sectores afines al propio gobierno, la alianza se resquebraja, y lo acusan de ser “duro con la clase obrera; pasivo y conciliador con los terratenientes y la derecha cavernaria; de bajar la cabeza ante terratenientes sediciosos y reprimir a los obreros a balazos”.

Cuando en Bolivia se llega a este punto de combustión de la crisis, en que el descontento alcanza a amplios estratos del espectro social, en principio opuestos entre sí: clase dirigente, empresarial, obreros, sindicatos, es porque se está llegando a un punto de no retorno. En Bolivia, país en donde el estado de crisis es la norma, éstas se dirimen siguiendo un tiempo y movimiento ascendente, que desemboca en enfrentamientos entre sectores sindicales y populares y las fuerzas del orden, que tarde o temprano, cual ritual expiatorio, termina con la muerte de algún manifestante, lo que determina una fase ascendente de la crisis que difícilmente se puede detener.

Aunque ya los muertos en las revueltas de repudio a las medidas del gobierno de Morales, ascienden a más de 40, la mayoría jóvenes, estudiantes, o miembros de la sociedad civil, todavía no se había franqueado el límite de enfrentarse con la clase trabajadora con saldo de muertos. Hecho que ya se consumó durante un incidente que profundizó aún más el tenso clima social y político que vive el país, cuando faltan apenas unas horas para la celebración del polémico referéndum revocatorio, en un choque entre mineros y fuerzas del orden que estalló en la localidad de Caihuasi, en el departamento de Oruro, cuando la policía comenzó a desbloquear la carretera que une a la ciudad de La Paz con la de Cochabamba, que se encontraba tomada por unos 4000 mineros, en reclamo de la nueva ley de pensiones : el gobierno ofrece un sistema jubilatorio “mixto” a la clase trabajadora que reclama una ley de pensiones solidaria, en cambio las autoridades rechazan las demandas obreras que consideran «insostenibles». Según el gobierno, los mineros pretendían volar un puente con dinamita. Los violentos enfrentamientos, que se prolongaron durante todo el día dejaron un saldo de dos obreros mineros muertos y 38 heridos.

Por su lado, las organizaciones trotskistas, que poseen un amplio e histórico arraigo en las organizaciones sindicales repudian la “desproporcionada represión a los mineros”, “vanguardia del proletariado nacional”. Un gobierno que se dice revolucionario que no sea capaz de entablar el dialogo con aquellos a nombre de los cuales pretende realizar una revolución, demuestra de manera cristalina, el fracaso escandaloso de su gestión.

Es evidente que la ruptura que hoy se percibe en Bolivia, que el gobierno trata de adjudicar al enfrentamiento de tipo étnico, o de ricos contra pobres, se percibe también en los sectores obreros que conforman los tradicionales sindicatos mineros de legendaria historia, ante un gobierno integrado por sindicalistas provenientes del campo, o del cultivo de coca, como es el caso del propio Presidente de la República, que poco o nada conocen de los conflictos político- sindicales; “no basta manejar organizaciones campesinas no proletarias para entender y enfrentar problemas clasistas” apuntan sectores provenientes de organizaciones de izquierda de influencia marxista.

El vicepresidente García Linera repudia la campaña de provocación promovida por “sectores ultra conservadores en contra del referéndum y la democracia”, y coloca en el mismo saco a la “decadente” dirección de la COB convertida en el “ariete y grupo de choque de la derecha cavernaria y antidemocrática”. Palabras que no se diferencian de las de otros gobiernos que en Bolivia se han enfrentado a la combatividad de los legendarios sindicatos mineros, lo que sitúa el gobierno de Evo Morales, en el mismo esquema que los gobiernos de derecha. García Linera, pertenece a la intelectualidad blanca, perteneció a un grupo guerrillero indigenista y oficia de dios blanco entre los indígenas. Mientras que la traición sindicalistas, pese a tratarse también de mestizos indígenas, no antepone la pertenencia étnica como bandera de lucha, sino la pertenencia a la clase obrera-sindical. Podría decirse, que el proyecto étnico-político que persigue el gobierno, cuyo ideólogo es, precisamente García Linera, se inspira de hecho de un modelo más cercano al colonial que el gobierno pretende combatir. Relegar a los indígenas a una categoría de origen, es lo que han hecho a lo largo de la historia las políticas raciales y excluyentes. El hecho de crear universidades indígenas, y estructuras jurídicas indígenas, en aras a una “revolución cultural” no deja de ser políticas raciales y excluyentes: un racismo al revés, sigue siendo lo que siempre ha sido: racismo.

El clima de tensión está alcanzado un grado de combustión preocupante, prueba de ello, los disparos contra el automóvil del polémico ministro de Gobierno, que despierta encono, aún entre los masistas y simpatizantes del gobierno, que el martes pasado sufrió en la ciudad de Trinidad, quedando destruidos los cristales de su vagoneta.

Fuerzas cívicas evitaron con acciones que los Presidentes Evo Morales, Cristina Fernández y Hugo Chávez se reúnan en Tarija. Más tarde, el presidente del Congreso Álvaro García Linera suspendió la sesión de Honor del Congreso Nacional en homenaje al 183 aniversario de la Independencia que debía celebrarse este miércoles 6 de agosto en la capital constitucional porque autoridades y dirigentes cívicos opositores no quieren a Evo Morales en Sucre. La tradición obliga a que el Presidente rinda su informe anual de gestión desde Sucre, capital de Chuquisaca, pero, para evitar enfrentamientos, tuvo que hacerlo desde el balcón de Palacio Quemado en La Paz.

Para completar el panorama de protestas, se sumó a ello una huelga de hambre, – método tradicional de protesta en Bolivia -, iniciada anteayer por casi 1000 autoridades regionales y líderes de la oposición para reclamar que el gobierno central les devuelva recursos de los impuestos del gas cuyos yacimientos están situados en esas regiones que abogan por la autonomía.

Y como no podían faltar en este escenario de crisis, dado el papel de actor de primer orden que ocupan las Fuerzas Armadas en el entramado del Socialismo del Siglo XXI, Evo Morales, – valiéndose de la celebración del 183 aniversario de las mismas celebrado en la ciudad de Cochabamba, – instó a los militares « a defender con el pueblo al país » de lo que llamó la « dictadura civil » que « toma aeropuertos, cortes electorales y balea autos de ministros ». Evo Morales sabe a lo que se refiere, pues si alguien ha usado y abusado de la « dictadura civil » ha sido él, que gracias a un acoso ininterrumpido contra los dos gobiernos anteriores, logró su derrocamiento. Fiel al método de su alter ego venezolano, concluyó su discurso prometiendo una inversión de 30 millones de dólares, destinada « al desarrollo de las Fuerzas Armadas ».

Pero como la fractura en Bolivia es el signo de los tiempos, las FF. AA. también sufren sus consecuencias. En respuesta a la actitud del gobierno, y a la de una parte de la jerarquía militar favorecida por los petro dólares venezolanos, el general Alvin Anaya K, en una tribuna libe publicada en el diario La Razón del 9 de agosto, – de la que me permito citar un largo párrafo por lo significativo y su trascendencia en el seno de la institución castrense, expresa : “Como militar de honor, estoy dispuesto a empuñar mi espada enfrentando a todo enemigo y en cualquier campo, no sólo por obligación sino por la convicción de que soy capaz. Ya lo hicimos cuando nos tocó enfrentar al invasor extranjero con nuestra lucha antiguerrillera, donde muchos camaradas ofrendaron sus vidas dejando viudas y huérfanos por defender y conservar la soberanía nacional hoy amenazada. Esta experiencia nos enseñó que es preferible el sacrificio de nuestras vidas, si es preciso, antes que sembrar dolor, llanto, sangre, luto, hambre y miseria.

Sabemos también que para conquistar los destinos supremos de la Patria es absolutamente indispensable un equipo conformado por verdaderos patriotas que nunca se comprometieron con nadie y con nada, peor a espaldas de la Patria y del pueblo acumulando dinero mal habido para hacer fácilmente política. Hay un equipo de patriotas que sólo tenemos el compromiso de hacerla a nuestra amada Bolivia fuerte y digna”.

Jorge Quiroga, jefe de Podemos, partido de oposición, declaró que este 6 de agosto, día en que se celebra la Independencia, “es el más triste en democracia porque en lugar de tener desfiles y homenajes tenemos que lamentar velorios, entierros y luto: “Este 6 de agosto estamos lamentando división y enfrentamiento como el que se ha visto en Oruro, con un Congreso que no sabe dónde sesionar, un Presidente que no puede ir a Sucre, presidentes que no pueden llegar a Tarija”.

Pese al clima de desintegración de un país y del preludio de guerra civil, el inefable Eduardo Galeano, considera que “el proceso que encabeza Evo es vital para Bolivia y el mundo”. Y en Francia, un personaje del nivel político e intelectual de Jack Lang, adhiere a un grupo de apoyo de la “revolución bolivariana” de Hugo Chávez, sin que les moleste ni un ápice el escándalo de las inhabilitaciones. Es sabido que los Estados petroleros tienen patente de corso, y poseen un inmenso poder de atracción. Por lo que los sectores democráticos de los países castigados por el castro-chavismo no deben esperar nada de la llamada comunidad internacional, a menos de convertirse en poder, o por lo menos, en un poder opositor de peso.

Pese a lo incierto del panorama, la capacidad de rebeldía demostrada por los sectores democráticos bolivianos y la destreza legendaria de la organización de sus luchas, dejan ver un rayo de optimismo. Ojala otros pueblos castigados por el mismo mal se inspiraran de su ejemplo.

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