Opinión Internacional

Brasil e Hispanoamérica

Bogotá (AIPE)- Ultimamente se habla de que Brasil puede ser el país que lidere al continente iberoamericano frente a Estados Unidos en muchos aspectos, entre otros en las negociaciones comerciales encaminadas a establecer la zona de libre comercio continental (ALCA). Sin embargo, hay muchas razones para no considerar a Brasil, a pesar de su peso económico, como líder del continente.

En primer lugar, salvo el caso de sus socios de Mercosur, el comercio de Brasil con el resto de América Latina es exiguo. Ha mantenido una economía bastante cerrada y, por ejemplo, ni siquiera hay buenas rutas navieras con los países andinos. Los problemas que existen entre Brasil y Estados Unidos, por los subsidios agrícolas americanos y las restricciones arancelarias y de cuotas al acero, son bien diferentes a los problemas de otros países. Por otra parte, el actual presidente de Brasil, de tendencia socialista, sería un pésimo líder cuado se trata de una integración comercial. En Colombia, muchos no estamos convencidos de que Lula es la ovejita inofensiva que la prensa internacional y las agencias multilaterales quieren ver. La amistad de vieja data que mantiene con Fidel Castro y con Hugo Chávez genera desconfianza.

Por otra parte, en años recientes el comercio dentro del Grupo Andino ha tenido un auge extraordinario. Para Colombia, la Comunidad Andina pasó a ser su segundo mercado de exportación, por encima de la Unión Europea. En el último año, lamentablemente, el colapso de la economía venezolana y el incumplimiento de pagos de ese país, ha reducido ese comercio drásticamente. Los lazos comerciales, sin embargo, siguen allí y se pueden reactivar en cualquier momento. También ha aumentado significativamente el comercio de Colombia con Ecuador y Perú. Nada parecido ha ocurrido con Brasil. Tanto para Colombia como para Ecuador y Perú es vital el acceso a los mercados de Estados Unidos. No se justifica, entonces, esperar a que Brasil resuelva sus diferencias con el país del norte y decida abrir sus fronteras. Tampoco es muy significativo el comercio entre los países andinos y los otros socios de Brasil en Mercosur (Argentina, Uruguay y Paraguay). Con Chile, anterior socio del Grupo Andino, hay un mayor flujo comercial.

En estas circunstancias, Brasil no sería un buen líder, sino más bien un pesado lastre. El problema es que Estados Unidos prefiere ver un continente homogéneo y prefiere tratar con un solo líder, para ahorrarse esfuerzos. En este caso el problema es que la homogeneidad no existe y el presunto líder es inconveniente por los problemas particulares de Brasil y por la ideología de su presidente. Es preferible que Estados Unidos negocie en forma bilateral, o por lo menos con bloques que estén avanzados en su integración interna. Es en esta forma como está avanzando la integración con América Central. Lo mismo se debe aplicar a Colombia, Perú y Ecuador. Si Hugo Chávez prefiere, por razones de afinidad ideológica con Lula, aproximarse a Brasil y al Mercosur, y demorar así la integración continental, esto no debe impedir que el resto del Grupo Andino logre la integración comercial con Estados Unidos. Para Estados Unidos es conveniente y para el resto del bloque andino es vital.

(*): Director del Centro de Análisis Sociopolíticos

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