Opinión Internacional

Brasil-Venezuela: el síndrome del amante traicionado

El General Alberto Muller Rojas, respetado columnista de la revista Exxito, escribió en su edición anterior un articulo titulado El Contubernio Lula-Bush. Contubernio es definido por la Real Academia como “cohabitación ilícita” y “alianza o liga vituperable”. El General Muller procede luego a un abierto ataque al “comportamiento” del Presidente de Brasil al aceptar la invitación de Bush a Camp David, asemejándolo al contubernio supuestamente establecido en Venezuela por Andrés Velásquez (hombre probo y valiente a quien tengo el honor de conocer) con “fuerzas neoconservadoras.” Hay una insinuación de traición en el articulo del General, y casi una amenaza cuando anuncia “consecuencias graves tanto para Brasil (augurando incluso su desintegración), como para la Unión de Países Suramericanos en ciernes”. Viniendo del Jefe del Estado Mayor Presidencial e integrante de la Comisión Preparatoria del PSUV debe asumirse que es una posición oficial.

Las relaciones de Brasil y Venezuela han crecido en los últimos cuarenta años por la decisión política de los sucesivos gobiernos de estrechar su cooperación en campos tan diversos como el comercial, el energético, el ambiental, el de la integración económica y el de la seguridad regional. La identificación de intereses comunes y el mejor aprovechamiento de sus respectivas ventajas comparativas , así como la necesidad de crear espacios económicos mas grandes que permitan aprovechar las economías de escala en un mundo ferozmente competitivo, han hecho que Brasil sea hoy nuestro primer socio comercial en América Latina, desplazando desde el año pasado a Colombia. Ha sido un proceso largo que se ha visto acelerado por el Presidente Chávez, cosa digna de aplauso, pero es lo normal cuando dos países persiguen su interés nacional sobre la base del beneficio compartido.

Hoy ya no son determinantes las “aspiraciones imperiales de la elite brasileña”. Lula es un demócrata marcado por la experiencia del obrero y sindicalista que logra resultados con el trabajo y la concertación, y Brasil ya tampoco es el país endeudado y empobrecido de hace tres décadas. Muy al contrario, es el país que, con la excepción de China, se beneficia desde hace mas de 15 años del mayor flujo de inversiones extranjeras a país en desarrollo alguno, cuyas exportaciones de materias primas se han visto favorecidas en volumen y precio por la extraordinaria demanda mundial, que ha logrado reducir su deuda externa en medio de un entorno global de bajísimas tasas de interés, y que desde hace años registra, ahora que además es autosuficiente en petróleo, un superávit comercial estructural que en el 2006 supero los 45 mil millones de dólares.

Brasil es hoy un actor global de primera línea que ha traducido su fortaleza económica en mayor poder de negociación. Así, lideriza el G-20, integrado por los 20 países en desarrollo mas pujantes y que han cambiado las reglas de juego de la OMC, representando por primera vez un real contrapeso a la antigua posición de dominio de los Estados Unidos y de la Unión Europea en esa organización. Una revolución.

No son por lo tanto las reuniones de Lula y Bush lo que pone en peligro la creación de UNASUR; sino, mas bien, los objetivos fundamentalmente diferentes de Brasil y Venezuela. Brasil la promueve para generar crecimiento con la estabilidad que solo da la democracia, consciente de que no puede ser una isla de bienestar en un mar de miseria. 20 millones de brasileños han salido de la pobreza en la ultima década y media. En cambio, a Venezuela pareciera que lo que mas le importa es conformar un bloque anti-imperialista en contra de los Estados Unidos. Como además lo podemos importar todo, no necesitamos nuevos empleos para un mercado mas grande, cosa que para colmo solo haría crecer a un sector privado anti-revolucionario. Mas bien, lo que por lo visto queremos es la destrucción de puestos de trabajo y mas burócratas que dependan de la mano caritativa del PSUV.

Brasil no necesita ser “poder subimperial de los EEUU en el continente suramericano”, pero no tiene complejo en coincidir con los EEUU cuando conviene a su interés nacional. Los dos países hoy hablan de igual a igual, conscientes de que tienen una obligación compartida de mantener la paz y la estabilidad de este continente. Por eso las tropas brasileñas son el contingente militar mas importante en la misión de paz de la ONU en Haití, y por eso también el Presidente Chávez apoya su pretensión de integrar el Consejo de Seguridad de la ONU en calidad de nuevo miembro permanente. No nos engañemos, al final Brasil es un país importante y responsable que da continuidad a sus políticas de estado, mientras que Venezuela, con su política exterior ideologizada, se ha vuelto un factor de perturbación en la región. Hay que saber asumir las consecuencias.

publicado en la revista Exxito

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