Opinión Internacional

Bush: el doble discurso

¿Qué hemos hecho como nación sobre este problema en los ocho años posteriores a Columbine?
Paul Helmke, Presidente del Centro Brady para la Prevención
de Violencia por Armas de Fuego.

Y ahí estaba, en medio del estadio del Tec de Virginia… antes de su discurso, y aún al finalizar éste, se veía abatido, consternado, llorando las 32 víctimas del pasado lunes. Ahí estaba con los ojos llenos de lágrimas: George W. Bush, llora una tragedia y provoca miles de muertes más. CNN reporta la tragedia, “esto pasa porque los otros estudiantes no tenían un arma para contrarrestar la agresión”, afirma uno de sus locutores.

Ahí estaba… Tal vez pensaba cuando defendió tan enérgicamente la Segunda Enmienda, aquella que establece con rigor que, para garantizar la seguridad de un Estado libre, el derecho del pueblo de tener y portar armas no será violado; Segunda Enmienda que le permitió a Cho Seung-Hui, entrar a una armería de la ciudad cercana de Roanoke, presentar su tarjeta de crédito y salir con una pistola Glock de 9 milímetros y una caja de proyectiles por 571 dólares.

En medio del estadio de la Universidad de Virginia, George W. Bush llora los muertos de este trágico evento, pero no le llora a Bagdad. El miércoles 18 no apareció nadie con plegarias y rezos, el miércoles pasado murieron casi 200 personas en la capital iraquí. Pero Bush desea mandar más tropas porque desde hace unas semanas se ha dado cuenta que lo que se vive en aquel país es, efectivamente, una guerra civil.

Estoy consciente que se trata de dos tragedias totalmente diferentes que no pueden ser comparadas, cuya importancia no radica en el número de víctimas, radica en la cobertura que los medios han dado a estos dos desafortunados acontecimientos, lo mediático que puede resultar un suceso y/o acción de esta naturaleza. La importancia está en señalar el doble discurso de un presidente que ha impulsado el conflicto, el tráfico de armas y la economía de guerra que han provocado, en conjunto, la destrucción de miles de familias a costa de un posicionamiento geopolítico por recursos que abastezcan y sean monopolizados por las grandes multinacionales. Un presidente de guerra que impulsa conflictos armados alrededor del mundo, pero que pretende nunca vivir dentro de su territorio lo que “defiende” fuera. Ambos acontecimientos sólo están determinados por decisiones erróneas, en una sociedad permeada por la paranoia y la política de guerra, que provocaron hechos igualmente lamentables.

Ambos ataques están, efectivamente, amparados por la ley de ese país. Pero lo más preocupante aún, es la actitud de ciertos ciudadanos norteamericanos como John Markell que afirma: «Yo hubiera usado un rifle si hubiera querido hacer tanto daño; es un arma mucho más potente y veloz” (Reforma, 19 de abril, 2007). Markell es el propietario de la tienda de armas Roanoke Firearms, donde Cho Seung-Hui compró una de sus armas, con la que asesinó a más de treinta estudiantes.

No se puede pugnar por vivir en una sociedad en paz si al mismo tiempo se propone armar a los ciudadanos, no se puede vivir en paz, si ese país que bajo ideales como “la libertad y la democracia” invade naciones porque no comparten su pensamiento. El gobierno de los Estados Unidos, pero sobre todo la sociedad, deben plantearse hacia el interior una reforma a la Segunda Enmienda, la directriz debe ser la implementación de programas de política pública, programas sociales que impulsen valores, integración familiar y un desarrollo pleno para sus habitantes. Estados Unidos debe replantear su política exterior y sus contenidos televisivos, el terror y la guerra sólo seguirán provocando miedo y violencia.

Fundado hace 25 años, Analitica.com es el primer medio digital creado en Venezuela. Tu aporte voluntario es fundamental para que continuemos creciendo e informando. ¡Contamos contigo!
Contribuir

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Te puede interesar
Cerrar
Botón volver arriba