Opinión Internacional

Caballo loco y frijolito

El peruano Alan García no se ganó el mote de «caballo loco» por nada. Así le decían sus conciudadanos durante su primera y gravosa presidencia. Más de 15 años después regresa al Palacio de Pizarro montado en la ola del «mal menor»; ¿y mal menor a qué?, pues a un Ollanta Humala haciendo las veces de marioneta del mal mayor, es decir del subimperialismo del señor Chávez, con todo y su chequera petrolera.

Al inquilino de Miraflores le salió muy mal el pleito con Alan García. El propio tiro por la culata. El ser tan metiche le regaló el sprint final al candidato del APRA. Además se ha tenido que tragar su amenaza de romper las relaciones con Perú. Hasta ahora ha quedado como el bocafloja de la comarca. El pobre Alí Rodríguez tuvo que hacer de tripas corazón en la asamblea de la OEA, declarando que lo que se dijo no se dijo sino todo lo contrario.

Pero encima de todo eso, no le será fácil lidiar con el reelecto García: tan deslenguado como él y nada recatado a la hora de cazar peleas que le den buen provecho político. En esas artes alguna virtud tendrá el discípulo de Haya de la Torre, quien luego de ser considerado un catastrófico jefe de Estado se las arregló para volver con más de 50% de la votación.

El frente externo se le sigue encaratando a la supuesta revolución bolivariana. Es difícil espetarle al vicepresidente de la Internacional Socialista, el mismísimo Alan García, la acusación de cipayo de Mr. Bush. El gobernante dominicano, Leonel Fernández, otrora «hermano del alma», se mueve como pez en el agua para sustituir a Venezuela por México como principal apoyo petrolero. Uribe acaba de nombrar a Juan Manuel Santos, hipercrítico del oficialismo de Caracas, como nuevo ministro de la Defensa.

Aparte de la reyerta con motivo de las elecciones peruanas, de la que García debe estar muy agradecido de Chávez, hay varios «cables pelaos» entre ambos mandatarios con gran potencial de cortocircuito. El primero es la salida intemperante del gobierno boinacolorá de la Comunidad Andina de Naciones (CAN). Recuérdese que la sede de la CAN está en Lima, y que su Secretario General, Alan Wagner, es muy cercano a García y fue su canciller.

El segundo es la excusa de Chávez para justificar la salida: la firma de un TLC con Estados Unidos por parte de Colombia y Perú. Tal parece que García no será tan condescendiente como Uribe al momento de responder los vituperios por una decisión soberana. Y menos cuando el uruguayo Tabaré marcha en la misma dirección, la chilena Bachellet confirma su TLC con Washington, y los mexicanos Calderón y López Obrador no exhiben mayores diferencias en cuanto a proseguir el NAFTA con sus vecinos del norte.

El gusto por pontificar en las cumbres presidenciales de la región, de seguro que se le amargará un tanto al señor comandante con la presencia de su nuevo colega peruano. A diferencia de Ricardo Lagos, quién sostenía la tesis de que a Chávez era mejor no tenerlo de enemigo, a García le ha ido de maravilla con lo contrario. El afán de protagonismo de nuestro petro-presidente se encontrará con un pico de plata de dos metros que tiene tantos escrúpulos como él para proclamar lo que le luzca conveniente.

Chávez pensó que Alan García era un frijolito y resulta que le salió un caballo loco. Un error de cálculo que ojalá pague bien caro, sobre todo por el bien de Venezuela.

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