Opinión Internacional

Cambio progresista vs. desafío estéril

Antes de 1989 (desintegración del bloque soviético, el sistema internacional era bipolar, aunque entre los dos bloques estratégicos contrapuestos, existía un espacio de maniobra para el «tercer mundo», cuyos nacionalismos liberadores lograban avances a través del aprovechamiento de la rivalidad entre los dos polos dominantes.

A partir de la década de los ochenta, los países del Sur sufrieron enormes derrotas y retrocesos. A la disolución de uno de los bloques, se agregó el peso de la deuda externa contraída en la década anterior, y el surgimiento de un nuevo liderazgo conservador y represivo en el Norte.

Para 1990, ya no había duda de que el sistema bipolar había sido sustituido por un nuevo modelo, unipolar y globalizado. Ante esta realidad, los dirigentes del mundo en desarrollo se ven obligados a escoger entre tres opciones estratégicas posibles.

La primera opción consiste en la sumisión irrestricta ante los dictados del neoliberalismo globalizador: apertura total e incondicional de la economía y reducción brutal del gasto social. A consecuencia de ello, la soberanía nacional queda disminuida, a la vez que se agravan la pobreza y los conflictos sociales.

La segunda opción es la del desafío suicida a las nuevas realidades mundiales.

Unos pocos gobernantes de países en desarrollo se aferran a estrategias estatistas y populistas heredadas de la época bipolar que, en la actualidad, provocan la desconfianza y el boicot de los factores del poder global.

El efecto autoaislante se agrava cuando además se emplea un lenguaje provocador en temas de geopolítica, seguridad y defensa.

La tercera opción, por fin, es la del cambio progresista alejado de ambos extremos arriba descritos, y que moviliza a empresarios, capas medias y trabajadores para la construcción de un país más libre, justo y decente, con base en una economía de mercado regida por claras reglas de juego, una democracia descentralizada y participativa, una eficaz política social y una diplomacia que combine la firmeza y la solidaridad con un amplio sentido de interdependencia global.

Creemos que en Venezuela, la candidatura presidencial de Francisco Arias Cárdenas encarna esta tercera opción, positiva y deseable.

Internacionalista, filósofo

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