Opinión Internacional

Chávez, Castro y Clinton

De muchacho, cuando me reunía mal, algo que de inmediato se notaba en el cambio de mi vocabulario, mi padres me decían “no eches para el monte”. Hoy vemos que el presidente venezolano se empeña en reunirse mal y es el único otro jefe de estado latinoamericano que viajó a La Habana para acompañar a su mentor, Fidel Castro, en la cumbre tercermundista. El año pasado, los dirigentes chinos se horrorizaron cuando Chávez les dijo que él siempre había sido maoísta, pero con Castro no corre tal peligro.

En su discurso de apertura de la Cumbre del G-77, Fidel Castro dijo a los presidentes de los 40 países más pobres del mundo (que ahora incluye a Venezuela): “Cuando vemos las imágenes de madres y niños en amplias regiones del Africa sufriendo de sequías y otras catástrofes naturales, nos recuerdan los campos de concentración de la Alemania nazi… no tenemos a un Nuremberg para enjuiciar a quienes nos han impuesto este orden económico, bajo el cual cada tres años más hombres, mujeres y niños mueren de hambre y de enfermedades curables que los que murieron en la Segunda Guerra Mundial”.

Claro que Castro no dice que la miseria africana es el resultado directo de dictaduras socialistas, las cuales fatídicamente reemplazaron a los comisionados coloniales europeos en toda la región. Para tragedia de los africanos, sus naciones se independizaron en los años de la posguerra, cuando la ideología predominante era la socialdemocracia, la cual aderezada por frecuentes dictaduras locales han depauperado al continente.

Dos “soluciones” parecen emerger de esta cumbre Sur-Sur: un impuesto mundial de 1% a todas las transacciones financieras -dinero que iría a un fondo para fomentar el desarrollo del Tercer Mundo-, mientras que el presidente Chávez “puso el gran potencial energético de su país a la orden del Sur”, según informan Reuters y Prensa Latina.

Mientras esto ocurría en La Habana, en San Francisco, California desaparecieron 27 bailarines de Senegal, quienes evidentemente no quieren regresar a su miserable país y Janet Reno viajaba Miami a exigir la entrega de Elián.

Como escribió recientemente Wesley Pruden, director del diario Washington Times: “Janet Reno… demostró en Waco que algunas veces hay que matar a los niños para salvarlos… Janet Reno es consistente. Ella ‘salva’ niños al por mayor -como lo hizo en Waco- y los salva uno por uno, como está decidida a hacerlo con Elián González”.

Lo triste es que, en el caso de Elián, la procuradora general está simplemente siguiendo las instrucciones del presidente Clinton quien, por encima de todo, quiere evitar que una confrontación con Fidel Casto pueda influir negativamente en la elección de Al Gore, en noviembre. De las próximas elecciones depende “el legado clintonista” y Fidel lo tiene agarrado por donde más le duele.

Clinton, de nuevo, tiene de su lado a importantes medios de comunicación que han difundido por todo el mundo la noción de que el verdadero peligro para Elián no está en la Cuba comunista sino en el Miami del exilio cubano. No exagero. Lo siguiente lo dijo el 3 de abril Katie Couric de NBC (y NBC es propiedad de la muy capitalista General Electric): “Algunos sugieren… que es malo pensar que Elián González viva en un lugar donde no se tolera la disidencia ni la libre expresión política. Hablaban de Miami… una ‘banana republic’ sin control dentro de Estados Unidos”.

En Newsweek, bajo una foto del salón de clase de Elián en el pueblo de Cárdenas, donde la silla de su pupitre dice “esta silla es intocable”, los reporteros Brook Larmer y John Leland escriben: “De cierta forma, el joven Elián gozaría en Cuba de enseñanza cuidadosa, protegido del crimen y de la descomposición social que sería parte de su crecimiento en Miami”. Luego, casi al final del reportaje, revelan que “el niño se anidará de nuevo en una sociedad más pacífica y que atesora a sus niños”.

Dan Rather, principal presentador de noticias CBS, abrió su programa con la siguiente joya: “La procuradora general Janet Reno voló esta noche a Miami decidida a persuadir a los familiares del niño a obedecer la ley y a que lo entreguen”. Es decir, según CBS, la ley en este país es lo que decide el presidente Clinton y es la misión de la ministra encargada de la Justicia oponerse a que Elián y su familia gocen de debido proceso ante un tribunal imparcial.

Chávez, Castro y Clinton tienen algo en común; para ellos el fin justifica los medios y nada, absolutamente nada, se interpone a sus ambiciones personales.

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