Opinión Internacional

Chernobyl, la gran mentira

El 26 de abril de 1986, cuando se hizo incontrolable la reacción en cadena que hizo explotar el bloque 4 de la central nuclear de Chernobyl, Ucrania, en la desaparecida Unión Soviética, nadie en Europa sospecharía sobre la trascendencia de lo ocurrido allí. El gobierno Soviético ocultó el accidente y censuró la información, pero no así la nube radiactiva. Dos días después se registró en Suecia un incremento de la radiactividad en el aire. En toda Escandinavia los valores eran anormalmente altos. Luego, otras naciones europeas se sumaron a la alarma desatada. El viento había dispersado las partículas radiactivas desde Chernobyl hacia el resto del norte de Ucrania, luego a Bielorrusia, al oeste de Rusia y finalmente hacia gran parte de Europa Occidental.

Se había producido el mayor desastre tecnológico de la historia de la humanidad en una instalación para el uso pacífico de la energía atómica. El miedo se instaló en el viejo continente y permaneció durante mucho tiempo, a pesar de las tranquilizantes invocaciones posteriores de los científicos. Del reactor y pueblos vecinos sólo quedó ruinas, desolación y víctimas, como símbolo de la arrogancia, la negligencia, la falsificación y las mentiras de un sistema político-social que se desmoronaba. La violación a los principios bioéticos universales fue masiva e inexcusable y la dignidad de la persona humana se supeditó a los intereses del partido. Hoy se sabe que 500 millones de europeos fueron rociados con lluvia radiactiva. ¡El miedo es explicable!

Controversia duradera

¿Cuán mala fue realmente esa calamidad? Veinte años después la búsqueda de respuestas continúa. Una evaluación objetiva es todavía difícil. La controversia gira no solamente sobre el destino de las 180 toneladas de material radiactivo que aún se encuentran entre los restos de la planta, sino sobre el número de las víctimas del momento y el de las que continúa ocurriendo como consecuencia del accidente. El debate entre científicos y políticos se mantiene, a pesar de que existe suficiente evidencia y documentación para llegar a una valoración razonablemente exacta de lo ocurrido. Le evidencia se encuentra dispersa en los archivos del Partido Comunista en Moscú, en los registros médicos de pediatras de Bielorrusia, en las minutas de las reuniones de las empresas internacionales de energía nuclear y sus cabilderos y en los testimonios de aquellos trabajadores nucleares que fueron expuestos a la radiación y reubicados en otras partes después del desastre.

Cifras contradictorias

Un estudio reciente de Médicos Internacionales para la Prevención de la Guerra Atómica (%=Link(«http://www.ippnw.org»,»IPPNW»)%) organización de la sociedad civil ganadora del Premio Nobel de la Paz en (%=Link(«http://nobelprize.org/peace/laureates/1985/index.html»,»1985″)%) y otro grupo alemán especializado en protección contra radiaciones (GfS) cuestiona como absurdas, muy bajas y manipuladas las cifras de víctimas publicadas por la Agencia Internacional de la Energía Atómica (IAEA), un cuerpo subsidiario de las Naciones Unidas. Según la IAEA, en un análisis publicado en 2005 titulado (%=Link(«http://www.iaea.org/Publications/Booklets/Chernobyl/chernobyl.pdf»,»Chernobyl´s Legacy»)%), sólo habían muerto 56 personas por exposición directa a las radiaciones; señaló además que se producirían otros 4.000 decesos. Sus críticos han indicado, que este análisis era el que se debía esperar de la ”IAEA” dado su carácter de institución promotora del uso pacífico de la energía nuclear. En cambio, el análisis de las organizaciones privadas mencionadas indica que, hasta 2006, habían fallecido entre cincuenta mil y cien mil rescatistas y trabajadores encargados de la limpieza de los restos de la planta y sus alrededores, como consecuencia de la explosión. Se mencionó también, que entre 540.000 y 900.000 víctimas quedarían con algún grado de invalidez.

El Consejo Nacional Ucraniano de protección contra las radiaciones documentó más de 34.000 muertos entre los rescatistas. La Organización Mundial de la Salud (OMS) estimó, en el año 2000, en cincuenta mil los muertos, muchos de ellos por cometer suicidio al reconocer su deterioro físico. La organización ambientalista , (%=Link(«http://www.greenpeace.de/fileadmin/gpd/user_upload/themen/atomkraft/chernobylhealthreport.pdf»,»Greenpeace»)%) estima en 93.000 el número de muertos como consecuencia del accidente. Greenpeace también promueve la transformación de la IAEA en una organización de las Naciones Unidas para desalentar el empleo de la energía nuclear. En julio de 1986, en un documento confidencial del Comité Central del Partido Comunista de la Unión Soviética se había informado apenas sobre 26 muertes, 135.000 evacuados y 800.000 personas que necesitaban atención médica. En el mismo documento se admitía, que Chernobyl era el peor accidente en la historia de la energía nuclear.

Daños a la salud

Sólo en la región circundante a Chernobyl han nacido decenas de miles de niños con daños genéticos producto de mutaciones, cuyas consecuencias para las próximas generaciones son aún imprevisibles. El nacimiento de niños con espina bífida se ha multiplicado por veinte. La relación entre cáncer tiroideo y exposición a las radiaciones nucleares está bien documentada, ya que el yodo 131 radiactivo, producto de la desintegración es absorbido por la glándula tiroidea. Desde la explosión de Chernobyl, la aparición de esa enfermedad en Ucrania y Bielorrusia se ha elevado entre 8 y 9 veces. El cáncer tiroideo tiende a aparecer en los niños en la primera década después de la exposición; son la segunda generación de víctimas de Chernobyl, lo que ha contribuido a revivir el debate entre científicos y médicos en campos rivales, entre la IAEA y sus oponentes. En los adultos puede tardar hasta 20 años en manifestarse. Hubo también una ola de otros tipos de cáncer como la leucemia y los linfomas, así como un incremento de enfermedades circulatorias y respiratorias, disminución de la respuesta inmune y varios tipos de infecciones asociadas a la exposición radiactiva.

¿Provecho económico?

El estudio de la IAEA, que aparece en un momento clave del resurgimiento global de la energía atómica, ha ocultado muchos hechos y es visto como un desestimulante trabajo de lobby para favorecer a la industria. Hay planes que así lo indican. Empresas especializadas de Estados Unidos, Alemania y Francia esperan contratos para trabajar en la zona de exclusión de 30 kilómetros alrededor del reactor destruido (a la cabeza CH2M Hill, de Estados Unidos, las firmas constructoras Bouygues y Vinci, de Francia y el grupo RWE-Nukem, de Alemania). Recientemente, el presidente ucraniano Víctor Yushchenko anunció que se ha planificado la construcción de once nuevas plantas nucleares generadoras de electricidad, para acelerar su desarrollo futuro. Se analiza la idea de considerar al sitio de la explosión como ideal para experimentos genéticos, ensayos de campo para vegetales y proyectos para la seguridad ante las radiaciones; este último ya en desarrollo. Y no ha faltado el aspecto turístico: la construcción de un parque nacional con plantas y animales exóticos en zonas próximas al sitio del desastre.

Corresponsabilidad comunicacional

Los datos científicos son poco representativos y los intereses políticos y económicos del cabildeo son tan poderosos que quizás nunca permitan conocer el verdadero número de víctimas ni su grado de afectación. Pero fue también una catástrofe comunicacional, según expresó recientemente el Ministerio del Ambiente Alemán, con motivo de la nueva fecha aniversaria: “El suceso fue comunicado como inocuo, en forma inadecuada y tardía y alejado de la verdad”. A pesar de ello, la IAEA, la OMS y el Programa de Desarrollo de las Naciones Unidas (%=Link(«http://www.undp.org/dpa/publications/chernobyl.pdf»,»PNUD»)%) han presentado, en bloque, supuestas “respuestas definitivas” sobre las “verdaderas dimensiones” de la explosión del reactor, con la evidente intención de imponer globalmente sus puntos de vista como si fuera un balance final de la situación.

La actualidad

Poco después de la explosión, el reactor comenzó a ser cubierto con 300.000 toneladas de concreto y 7.000 toneladas de acero, semejando un gigantesco sarcófago que actualmente presenta numerosas grietas. Hace diez años ello condujo a planificar la construcción de un segundo sarcófago de concreto sobre el primero, a un costo de un millardo de euros. Aún se espera el inicio de la construcción. Sin embargo, el G-8 y la Unión Europea iniciaron recientemente la creación de un fondo para Chernobyl, que le permita a Ucrania superar las consecuencias de la catástrofe y cerrar definitivamente el reactor; hasta ahora se han recolectado 830 millones de euros.

Más de 300.000 de las víctimas afectadas más gravemente están demandando a sus gobiernos por compensación de daños. Sin embargo, en el verano de 1986 muchos de los documentos probatorios fueron falsificados por instrucciones del Partido Comunista de la Unión Soviética o sustraídos de cajas de seguridad ubicadas en la propia Chernobyl.

Hoy en día, 20 años después, en la zona afectada han desapercibo grandes extensiones de tierras cultivadas, miles de personas fueron despojadas de su tierra natal, muchos continúan muriendo como consecuencia de la catástrofe y siguen naciendo niños con deformidades físicas y mentales. Tan poderoso era esta vez el enemigo, que el salvador, el hijo del Zar, no pudo llegar. Ucrania y Bielorrusia tienen hoy su Pompeya de la era nuclear.

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