Opinión Internacional

Chile y la ética social

El reino de Chile está llamado por la naturaleza de su situación, por las costumbres inocentes y virtuosas de sus moradores, por el ejemplo de sus vecinos, los fieros republicanos del Arauco, a gozar de las bendiciones que derraman las justas y dulces leyes de una república. Si alguna permanece largo tiempo en América, me inclino a pensar que será la chilena. Jamás se ha extinguido allí el espíritu de libertad… – Simón Bolívar

La República de Chile, ha pasado durante su historia por un sin número de catástrofes tanto naturales como políticas y, gracias a sus gentes, trabajadoras, estudiosas y, por lo general, amantes de la democracia, ha podido salir avante…

En este momento hay una discusión que tiene que ver con la Ética económica-social, en relación con los salarios y pensiones de los chilenos. Ahora, dicen, los trabajadores chilenos, no es aceptable que un país con el mayor ingreso per cápita de Latinoamérica, tenga unos salarios y unas pensiones virtualmente de hambre.

Los gobiernos de la Concertación, a los cuales hay que reconocerles grandes avances en materia económica y social, así como política, están en deuda con el pueblo chileno en dos materias importantes:
1ro. – Deben satisfacer las demandas político-sociales de diecisiete millones de chilenos que piden un nuevo “Contrato Social”, lo cual significa la necesidad de una Asamblea Nacional Constituyente, como decía Allende, con empanadas y vino tinto, la cual debe ser completamente originaria y, sobre todas las cosas, Plenipotenciaria, para que renueve las estructuras del país. Esta Constituyente no debe ser un fracaso como lo fueron las de Colombia, Ecuador, Venezuela y ahora Ecuador, nuevamente y Bolivia, las cuales no son soberanas, no son plenipotenciarias ni originarias. Es decir, todas fueron secuestradas por los partidos políticos…

2do. La Concertación está en deuda con los trabajadores chilenos de tal manera, que hasta la Iglesia tuvo que manifestar que “los salarios chilenos son inmorales”, especialmente, considerando, que Chile es un país caro.

La Iglesia habló de “iniquidad vergonzante” y, sin embargo, los chilenos no confían ni en su Iglesia, ni en los partidos políticos, según algunas encuestas que también dudo sean confiables. En otras palabras, en Chile se ha llegado a un punto en donde todo el mundo desconfía de todos y eso, no es otra cosa que la herencia de la larga noche de la dictadura pinochetista que hizo de los chilenos gente desconfiada aunque, no vamos a negarlo, es el único país de Latinoamérica que ha ido venciendo a la pobreza y ha ido ganando espacios de libertad que no pueden mostrar naciones autocalificadas de revolucionarias como Argentina, Bolivia, Cuba y Venezuela, en donde la pobreza en lugar de retroceder aumenta, en donde la democracia en lugar de expandirse se constriñe…

En Chile se comenzó a hablar de salario Ético con una gran decepción para la derecha económica, en un país en que cierta izquierda habla de “neoliberalismo” cuando el 50% o más de la economía es manejada por el Estado chileno, comenzando por su industria rentista del cobre.

La acumulación del capitalismo chileno es sólo comparable a la que tuvo el país entre los años 1856 y 1890, cuando se constituyó en la nación capitalista más fuerte del continente (ver a Galeano, “Las venas Abiertas de América Latina”), guardando las distancias de época y habitantes.

Con muchos sectores del capitalismo chileno sucede lo que sucede en casi todo el sub continente: desmesurada acumulación y poca justicia social. Esto, obviamente induce a los pueblos a buscar caminos equivocados, aupando a cualquier aventurero con palabras apropiadas para convencer a “la chusma”: “remember” al León de Tarapacá, quien además, volvió…

Los populistas saben cuando aparecer, saben como engañan, y saben como depredar a las naciones. Cuando los “inteligentes” empresarios se dan cuenta de que el populismo gana el poder, comienza la gritadera, la quejadera, los golpes de pecho, pero el mal ya está hecho.

Moralmente, y esto es obligación de la Concertación, y en especial, de la presidenta Michelle Bachelet, el país debe sincerar los salarios mínimos, colocarlos al menos en unos setecientos dólares mensuales, lo cual, además, como decía Lord Keynes, ayudará a aumentar el ahorro, las inversiones productivas y las fuentes de trabajo. Esto, tan fácil, lamentablemente, no lo entienden los sectores capitalistas y sólo piensan en acumulación y más acumulación no productiva.

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