Opinión Internacional

Circuitos cerrados

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La anunciación de La Ley de Reforma Política -faena dilatadamente reclamada por la oposición- fue estilo Robinson Crusoe. Consolida la tesis expresada en el título anterior. “Aislamiento y Poderío” (cliquear).

En cambio, el último anuncio ceremonialmente festivo, acerca de la llamada “asignación por hijo”, completa la serie de las demostraciones de fuerzas. Conjunto de iniciativas desplegadas en medio del vacío. Con las que el kirchnerismo legitima la contraofensiva reparatoria del 28 de junio.

Fue iniciada cuando, a partir de la certeza de carecer de antagonistas respetables, Kirchner prefirió arremeter contra el pesado del barrio. El Grupo Clarín.

Para Consultora Oximoron, Kirchner presentía que, al doblegar a Clarín, fulminaba también al amontonamiento de los adversarios. Los que, con una inocencia estremecedora, se postularon como voceros tangenciales. A los efectos de poner el pecho, en la práctica, en nombre del Grupo severamente golpeado.

A los oponentes de adentro, los que proceden de las franquicias desestructuradas del peronismo. Y a los de afuera de la fundamentada superstición (el peronismo, se entiende).

La derrota positiva

La derrota del 28 de junio, al fin y al cabo, resultó políticamente positiva. Funcionó como el despertador del gobierno en banda de La Elegida. Que venía, en la convalecencia, más adormecido que entregado.

Sin embargo sería arbitrariamente injusto atribuir, la magnitud de la contraofensiva, exclusivamente a los atributos de la insaciabilidad de Kirchner. A la capacidad para explotar el estado de permanente “siesta de los incautos”. De los opositores que bailan de acuerdo a su ritmo, aunque se encuentre en la lona, moralmente extinguido.

Se registraron, aparte, dos movimientos que amortiguaron, a criterio de Consultora Oximoron, el peso de la ofensiva. Los que supieron generar modificaciones, al menos, sustancialmente anímicas.

Primero, fue la designación del hiperactivo Aníbal Fernández. Un acierto, como Jefe de Gabinete, que suplía la indolencia, jactanciosamente autorreferencial, del poeta Alberto Fernández. Como la superficialidad estructural de Sergio Massa, que se agotó en un par de reportajes.

Aníbal debió cargarse la mortandad del gobierno al hombro. Para erigirse, en la actualidad, en el funcionario indispensable, lo cual lo convierte en un blanco próximo de Kirchner, si es que se consolida en su recuperación. Aníbal se encuentra recargado de una ironía irresponsable, que le resulta eficaz para masacrar la medianía argumental de los adversarios, los que dormitan la siesta de los incautos.

La otra sorpresa, a criterio de Oximoron, la proporciona la inofensiva frivolidad de Amado Boudou. Es el quinto ministro de Economía, el que supo transformar la inconsistencia espiritual de los antecesores. Con la excepción, claro está, del desperdiciado Lavagna, arrancado del escenario después de un paseo mediatizado por los jardines de Olivos.

Boudou encaró la tarea de iniciar, en exacta armonía con el patético vaciamiento de la caja, el “emprolijamiento”. La soledad de una economía patológicamente divorciada de las instituciones internacionales de crédito. Sin la menor base de credibilidad, Boudou intentó aplicar las sensatas recomendaciones que Luis Ribaya, en vano, solía proporcionarle, de onda, al hoy relajado ministro De Vido, que preferiría entregarse por entero a gozar, en adelante, del cántico de sus pajaritos.

Arreglar los tantos con el Fondo. Para arreglar después con el Club de París. Con los tenedores de bonos. En fin, el recetario de lugares comunes que aluden a la vigencia del racionalismo.

La prédica de Ribaya finalmente alcanzó a ser instrumentada por Boudou, aunque por intermedio de otro Viejo Vizcacha, don Blejer.

Pese a los papelones registrados en Estambul, en la reunión del Fondo, a la que Boudou asistió socialmente, de puro aventurero y para aparecer en los medios locales, bastó el impulso de cambiar la actitud. Aunque debiera abordar, en plena calle, reclamatoriamente, y ante el asombro circunstancial de los turcos, al funcionario chileno, Eyzaguirre. O se lanzara, irresponsablemente, a vender tabletas de humo, para la consumidora prensa local. Y sin irritar la sensibilidad de El Furioso. El que quiere entregarse, darse vuelta e inclinarse, pero que no se sepa. Pobre Kirchner, tendrá que digerir la próxima auditoria del Fondo, en febrero, y con el correspondiente informe.

“Urbi et Orbi”, como le gusta decir al profesor Cuello, el tributarista académico.

La siesta de los incautos

A través de la Gran Tergiversación (cliquear) , se posibilitó la posterior remontada. En medio de la siesta de los incautos.

Desde que se aprobó la Ley Anti Clarín, los Kirchner se encuentran en condiciones de “sacar” -hasta más allá del 10 de diciembre-, las leyes que se le antojen. Pudieron conseguir, incluso, la aprobación del presupuesto, mediante otra goleada parlamentaria. Pudieron, además, hasta salir de shopping, por los locales sensibles de los dormilones de la adversidad. Para aprovechar las ofertas de fin de temporada. Y juntar fuerzas para instalar las últimas mercaderías. La Reforma Electoral, reivindicación que no puede ser demorada por haber sido propuesta por el kirchnerismo. Seguramente, con tramperas.

La circunstancia, hasta hoy, sólo supo captarla otro sorprendente resucitado.

Duhalde, desde Mar del Plata. Con el marco del Coloquio del borocotizado IDEA, Duhalde plantea el desafío a Kirchner, a partir de las nuevas reglas del juego.

Asegura Duhalde, en actitud de Lázaro, que “le va a ganar a Kirchner”. Para tormento, si aún no de Kirchner, de De Narváez, uno de los que dormitaban la siesta de los incautos.

El caudillo popular, Francisco De Narváez, suele descalificar a Duhalde por representar “lo viejo”. Fraseología que lo ubica, al caudillito del tatuaje, instantáneamente, enrolado en la vaguedad genérica de “lo nuevo”. Tal vez, aunque sea tan nuevo, De Narváez debería aprender que en política, lo que importa, es, en todo caso, lo mejor. Aquella propuesta que coincida con la síntesis del momento histórico. Como coincidió él, al imponerse sobre Kirchner, el 28 de junio, y antes de lanzarse a la siesta.

“Si en River juega otra vez Almeyda, no se puede extrañar que vuelva Duhalde” sentencia una Garganta. Anónima, tan sólo, para protegerlo.

En la plenitud del aislamiento, el kirchnerismo se recupera. Mientras tanto, profundiza la política del circuito cerrado. Entre el piqueterismo crecientemente desproporcionado, a través de la extorsión de la violencia selectivamente administrada, y con los aparatos, levemente retobados, de los distintos Pejotas.

La cuestión que los Kirchner ocupan, otra vez, el centro del escenario. Mientras los incautos, mayoritariamente, dormitan.

A los opositores, vocacionalmente asediados por cataratas de iniciativas, se les reserva, en el desierto de piedra, el recurso de la declaración televisiva.

Es otro circuito cerrado, aunque bastante más triste. Sin embargo admite el pretexto de la esperanza voluntariosamente estratégica. Digna de los presidenciables conjeturales, que instalan la militancia como una concepción anquilosada. De museo.

Ideología de poder

El desierto de piedra separa, irremediablemente, a Kirchner, del resto de la sociedad.

Por primera vez, Consultora Oximoron debió coincidir con una sentencia de La Elegida.

Fue en La Plata, ante el peronismo teatral de los funcionarios emocionados. Cuando La Elegida dijo, a propósito de los opositores, que “a nadie se le caía una idea”.

El dilema se agrava, en el desierto de piedra, porque al kirchnerismo de circuito cerrado tampoco se le cae, ni se le ocurre, ninguna idea. Que exceda, al menos, la producción sistemática de alquimias. Con el objetivo maquiavélico de permanecer.

La idea más sólida es aquella que nunca suelen expresar.

Consiste en aferrarse al peronismo, pero entendido como mera “ideología de poder”.

Es la agrupación gestada, en definitiva, desde el poder. Lo señala el investigador italiano Loris Zanatta, en el recomendable estudio “Breve historia del peronismo clásico”.

Para mantener el poder, ante la sociedad indiferente y distante, Kirchner despunta, de pronto, de manera tardía, como el “peronista clásico”, en la concepción de Zanatta. Pero con un detalle significativo, sin el pueblo que lo siga. Por más “asignaciones por hijo”, u otras medidas rescatables, por el estilo.

La instancia actual de los Kirchner se encuentra superada -incluso- por el último Perón. Al que detestaron. Pero al que se aferran, en la antesala del final.

Pese a la eficacia de las alquimias, al acaparamiento de la iniciativa, al poderío hueco, la sociedad se les aleja, para Consultora Oximoron, a los Kirchner, cada día más. Para continuar irreparablemente separados por el desierto de piedra que ningún otro alcanza, infortunadamente, a ocupar. Para trabajarlo. Volverlo fértil.

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