Opinión Internacional

Club de ejecutivos

SE  dice que Estados Unidos es una democracia imperial, ya que así los 51 Estados de la Unión tengan sus propios órganos legislativos y sus gobernadores son electos por el voto ciudadano, el Presidente ejerce un poder de tal magnitud, que es un cuasi emperador.

Colombia es una República regida por un sistema centralista, que aunque elige popularmente gobernadores y alcaldes, también cuenta con un Presidente que por tener el carácter de Jefe del Estado y del Gobierno goza de atribuciones casi omnímodas. Se supone que las tres ramas del poder público son iguales pero sin duda la ejecutiva pesa más.

Sin embargo, somos una “democracia hereditaria” en donde, al mejor estilo de la familia “doc”, hijos, nietos, hermanos, sobrinos y toda la parentela, incluso la colateral, se sucede en forma continua en los puestos de mando.

La diferencia con el país de Dessalines es que en el nuestro algunos de los desfalcos podrían no ser de la magnitud duvaleriana. No hay “ton ton macoutes” sin embargo, algunos Garcías Romero, Aranas y similares tuvieron sus ejércitos privados para aprovecharse de tierras ajenas.

Existen también, desde hace unas décadas, los denominados “hijos del ejecutivo” que conforman el selecto club de vástagos y familiares de los presidentes de nuestra Nación, que, gradualmente, nos acercan más a la idiosincrasia haitiana que a la de las sociedades desarrolladas.

De ese privilegiado club, años atrás surgieron los escándalos de la “libertad” que poco después, por extraña coincidencia familiar, se compararon con los de la Handel del pasado.

Cómo no recordar los mal presentados debates que por algunas importaciones dudosas “Nacho” Vives le hizo al padre de Ll de la F. Los aparentes visos de ilegitimidad de estos actos no quedaron documentados ni clasificados ante la historia.

Pasan los años y ese “Club de (hijos del) Ejecutivos profundiza sin agüero su acción. No hay sino que describir la gesta empresarial de Tom & Jerry.

Este es apenas el prolegómeno ya que “Junior” y no me refiero al famoso “tu papá” tiburón, sino a quien ha dejado un inestimable rastro en su reciente Contraloría, se distinguió, según reciente informe, por nóminas paralelas, adiciones presupuestales a favor de un “hacedor” de reinados, dando cumplimiento a su vocación monárquica y gastos en viajes exóticos para su cargo, como a Arabia Saudí. Parecería deseaba probar que la corrupción podría “reducirse a sus justas proporciones”.

Un nieto con actitudes de delfín, con el apoyo de la izquierda neoliberal ha sabido combinar su simpatía e incompetencia con las mañas del hermano, de los contralores y personeros de pacotilla, para sumir a Bogotá en las tinieblas morales que conocemos. Viene a mi mente Sendas, y concluyo que el populismo, igualmente hereditario, produce resultados catastróficos.

Parece que Virgilito, Simoncito y Santiaguito no van a salir con procederes similares, que tarde o temprano sean el caldo de cultivo para regresar a épocas dignas de olvido.

Comillas. Dijimos que iba por iba y va. “Tras la Huella del Almirante” será lanzada en el próximo mayo en la Feria Internacional del Libro por Ediciones B.

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