Opinión Internacional

Colombia: Buscando la paz, en la barbarie de la guerra

En la semana pasada, los colombianos vieron con horror la imagen de Elvia Cortés, minutos antes de morir decapitada por un collar bomba que le pusieron tres hombres que la intentaban extorsionar por 7 mil dólares. El hecho tuvo graves repercusiones en las negociaciones de paz que se adelantan con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia FARC.

La decisión del Presidente Pastrana de cancelar la audiencia pública internacional sobre sustitución de cultivos ilícitos, que se realizaría el 29 de mayo, fue seguida por la decisión de las FARC de congelar la mesa de negociación si no se celebra la audiencia. Los gremios empresariales han pedido que no se realice ninguna negociación sin cese al fuego. Estos hechos lo que ponen al descubierto es la fragilidad del proceso de paz con las FARC y la polarización de los colombianos frente al conflicto armado colombiano.

La actuación de los medios de comunicación frente al asesinato ha sido criticada por varios columnistas. Tan sólo horas después del asesinato, varios medios de comunicación daban como autor a las FARC, basándose en las declaraciones de funcionarios del ejército y la policía. La conclusión es que los medios de comunicación colombianos aún no tienen la madurez necesaria para afrontar un proceso de paz. Según Francisco Santos, editor del diario El Tiempo y director de la Fundación País Libre contra el secuestro, la responsabilidad de los medios de no acusar hasta no identificar plenamente a los culpables de un hecho les ha quedado grande.

La Fiscalía General de la Nación aún no ha llegado a una conclusión sobre los autores, y las FARC negaron rotundamente haberlo hecho. Ante este hecho macabro, Colombia se vio polarizada de nuevo entre quienes acusaban, sin prueba alguna, tanto a la izquierda como a la derecha del asesinato.

Según Juanita León, editora de la Unidad de Paz del diario El Tiempo, existe un clima general de descontento en la población por varias decisiones de las FARC. La primera tiene que ver con la decisión de extorsionar a quienes tengan más de un millón de dólares de patrimonio. Esto, unido al indulto del comandante Grennobles por la ejecución de los tres indigenistas estadounidenses, y la explosión de un colectivo lleno de civiles en Gigante seguida por declaraciones de las FARC de que fue un error, han aumentado el clima de desconfianza a tal punto que los colombianos estaban con la predisposición para creer que las FARC asesinaron a Elvia Cortés.

Por su parte, las FARC dijeron en un comunicado que «ningún montaje militar, por escabroso que sea, puede hacerle perder al Presidente de la República la sensatez para construir la reconciliación nacional y para liquidar las graves patologías nacidas de este corrupto e intolerante Régimen Político Colombiano».

La recomendación del delegado de Derechos Humanos de la ONU para Colombia, Ander Kompass, de crear una comisión de investigación especial para este tipo de asesinatos sin poner en juego el proceso de paz, podría ser una solución para que este tipo de coyunturas no minen todo lo que se ha realizado.

Como dice Francisco Santos, en un país con un entorno violento en el que desafortunadamente ya no se sabe quién le dispara a quién, muestra del descontrol en que está la guerra, «un proceso de paz no puede estar al vaivén de los muertos. Hay es que aprovechar estos momentos para abrir espacios de negociación sobre la posibilidad de frenar la barbarie de la guerra».

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