Opinión Internacional

Colombia, Venezuela, Brasil y Ecuador: vecindario peligroso

Bogotá (AIPE)- Desde hace tiempo el conflicto planteado por la subversión marxista a la democracia colombiana desbordó las fronteras. Las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia ((%=Link(«http://www.contrast.org/mirrors/farc/»,»FARC»)%)) y el Ejército de Liberación Nacional (ELN) han secuestrado ciudadanos de países vecinos y han mantenido estrechos vínculos con el movimiento guerrillero Tupac Amarú del Perú. Colombia era un mal vecino.

Por otra parte, la dictadura castrista en Cuba ha auxiliado a la guerrilla colombiana desde que llegó al poder, hace más de cuatro décadas. De hecho, el ELN nació como emulación de la revolución cubana. Pero la situación se agravó mucho desde la elección de Hugo Chávez en Venezuela y amenaza con agravarse más con la elección de Lula da Silva en Brasil y el coronel Lucio Gutiérrez en Ecuador. Ahora es Colombia la que tiene muy malos vecinos.

El contrabando de armas para la guerrilla colombiana desde Venezuela es de vieja data, lo mismo que el contrabando de dinamita desde el Ecuador. Pero desde la llegada de Chávez al poder, el suministro de armamento ha aumentado dramáticamente, con la complicidad de Chávez, lo mismo que el uso de territorio venezolano como refugio seguro para los guerrilleros colombianos. Lamentablemente, durante la administración de Andrés Pastrana, empeñado en negociar con las FARC casi a cualquier precio, el gobierno colombiano hacía la vista gorda sobre la ayuda venezolana a la guerrilla. Ocurrió, incluso, un misterioso incidente en que el Comisionado de Paz de Pastrana, Camilo Gómez, voló, sin plan de vuelo autorizado, desde la Zona que el gobierno cedió a las FARC hacia Venezuela, en agosto de 2001. La Fuerza Aérea Colombiana interceptó el vuelo, pero por orden del Presidente Pastrana lo dejó proseguir. Se sospecha que el Comisionado condujo hacia Venezuela a un alto mando de la guerrilla, seguramente para algún tratamiento médico. Venezuela dio asilo, por un tiempo, a un guerrillero del ELN, que había participado en el secuestro de un avión de Avianca. Hay numerosos testimonios de oficiales venezolanos sobre las relaciones del gobierno Chávez con la guerrilla colombiana, además de documentos fílmicos. Venezuela nunca ha colaborado en la intercepción de vuelos con drogas.

Ahora el problema puede extenderse a otras dos fronteras, Brasil y Ecuador. La afinidad ideológica entre Lula, Gutiérrez, Chávez y Castro es reconocida. A ello hay que sumarle la debilidad de Panamá, que no puede vigilar adecuadamente su frontera. Lula, su Partido de los Trabajadores y el Movimiento Sin Tierra, junto con Fidel Castro, fue promotor del Foro de Sao Paulo, agrupación de las organizaciones marxistas del continente que incluye a las FARC y al ELN de Colombia. ¿Será que ahora, con la responsabilidad del poder, “el tigre cambia sus rayas”? Generalmente, los tigres, aunque disimulen, se quedan tigres y rayados. Uno de los postulados del Foro de Sao Paulo es que la “revolución” recupere el terreno perdido con las derrotas en Centro América, y una de las herramientas sugeridas para ello es fomentar la discordia étnica. El ascenso del Coronel Gutiérrez, golpista como Chávez, se fundamentó en promover el conflicto racial en Ecuador.

La amenaza para Colombia es clara. La subversión marxista, enriquecida por su actividad de narcotráfico, consigue apoyo de todos los puntos cardinales: Cuba, Venezuela, Brasil y Ecuador. La costa Caribe de Colombia es larga y difícil de cuidar. La frontera con Venezuela tiene más de 2.000 kilómetros y comprende zonas montañosas y llanos de escasa población. La frontera con Ecuador cruza montañas andinas y selvas, terreno difícil de vigilar. La frontera con Brasil es amazónica y poco poblada. Cuidar todas estas fronteras es imposible para las Fuerzas Militares de Colombia.

El aliado natural para enfrentar este reto debería ser Estados Unidos. Pero, mientras el gobierno Bush destina recursos para enfrentar el narcotráfico en Colombia, la izquierda norteamericana, reducida pero muy comprometida, se ocupa de desprestigiar a las Fuerzas Militares y a la Fiscalía de Colombia. La alianza simpatizante de la subversión incluye muchos congresistas, la sección de derechos humanos del Departamento de Estado, Organizaciones No Gubernamentales (ONG) como Human Rights Watch, Amnistía Internacional y Washington Office on Latin America (WOLA), y la prensa mal llamada “liberal”. Este es el difícil panorama que enfrenta el gobierno colombiano. Colombia, sin aliados confiables, y rodeada de gobiernos afectos al comunismo, enfrenta la subversión terrorista, narcotraficante y marxista más rica del mundo.

(*): Director del Centro de Análisis Sociopolíticos.

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