Opinión Internacional

Complicaciones para la Casa Blanca

Apenas cumplidos cuatro meses en la Casa Blanca, pareciera que Barack Obama está en un callejón sin salida frente a algunas de sus promesas electorales. Entre ellas, las de reformar la política antiterrorista y de seguridad nacional, y la clausura de la prisión de Guantánamo. A pesar de su campaña electoral de «cambio» y «sí, se puede», se acaba de encontrar con la negativa más dura del Congreso y de sus correligionarios demócratas, quienes se negaron a aprobar una remesa de u$s 80 millones para cerrar la controvertida Guantánamo. Pero con este statu quo, los demócratas, conscientes de que en dos años se renueva la totalidad de la Cámara de Representantes, no están yendo a contramano de su presidente, sino a favor de una nueva corriente conservadora en la población de EE.UU.

Según el Pew Research Center, durante el último año los estadounidenses vienen girando hacia posiciones más conservadoras en temas como el aborto, la tenencia de armas y el uso de la tortura. Pruebas al canto: en agosto de 2008, el 54% de la población apoyaba la legalidad del aborto. Hoy esa proporción descendió al 46%. Un año atrás, el 58% de los norteamericanos estaba de acuerdo en controlar la tenencia de armas (en contra de la ultraconservadora Rifle Association); hoy sólo el 49% opina de esa manera. Respecto del uso de la tortura contra sospechosos de terrorismo («prácticas coercitivas en interrogatorios a terroristas», en términos políticamente asépticos), tema que ocupa la agenda mediática desde enero, el 49% de los norteamericanos justifica su uso a veces o siempre, mientras que el 47% lo rechaza.

El cambio se ve también en la apreciación que la población tiene de su Presidente. Si bien, de acuerdo con una encuesta de Gallup, Obama cuenta con el 66% de aprobación sobre su gestión, hoy es percibido con rasgos más progresistas que en 2008. Mientras que en septiembre pasado apenas un 6% lo consideraba «socialista», hoy el 20% de la población lo califica de esa manera; y mientras que en ese mes el 12% lo consideraba «liberal», hoy 17% lo encuadra en esa tendencia. En otras palabras, la percepción en la población es que Barack Obama se ha colocado más a la izquierda ahora, en el ejercicio de la Presidencia, que en la campaña. Algo que, de acuerdo con los especialistas, indicaría el corrimiento de la población hacia parámetros más tradicionales y no diferencias en Obama, quien hasta ahora ha podido introducir pocos cambios en las políticas heredadas del bushismo.

Economía y temor

«En una situación económica incierta, prevalece el miedo, que siempre retrotrae a valores conservadores», explicó a este diario Diego Guelar, ex embajador en EE.UU. durante los gobiernos de Menem y Duhalde y actual secretario de Relaciones Internacionales de PRO. «Hasta que no haya optimismo económico no podrá haber clima de progresismo para que Obama concrete los cambios prometidos durante su campaña, cuando todavía no se había llegado a esta situación de depresión y escepticismo», agrega.

El clima de escepticismo también explicaría la fuga de afiliados tanto del Partido Demócrata como del Republicano hacia un limbo o tierra-de-nadie «independiente». Así entre diciembre y abril últimos, según consigna un estudio de Pew Research, los afiliados demócratas pasaron del 39% al 33% de la población, y los Republicanos del 26% al 22%, el porcentaje más bajo desde 1984.

«Obama tiene que resolver la contradicción entre rescatar su agenda progresista y solucionarle a la gente sus preocupaciones económicas», dice Guelar. «Guantánamo no es una prioridad de bolsillo hoy, ni significa una discusión de valores o de la política: todo se juega en la economía y mientras no se resuelva, más aferrada a lo tradicional estará la gente», concluye.

<Publicado en Ambito Financiero Buenos Aires

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