Opinión Internacional

Con Sarney nominado, Lula piensa en un bombero; ¿tendrá agua?

Aun con el receso parlamentario de 15 días iniciado el jueves pasado, la catarata de denuncias sobre corrupción en el Senado brasileño continúa, interminable. El más afectado en esta crisis escandalosa es el presidente de esa Cámara, José Sarney, senador del estado nordestino de Amapá por el PMDB (Partido del Movimiento Democrático Brasileño, centro), que forma parte de la coalición gobernante. Mientras se van acumulando los pedidos para que renuncie Sarney, desde Brasilia, fuentes del Gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva dicen que ya se están tomando previsiones para hacer frente a la situación de ingobernabilidad que se presentaría en caso de que se alejara el veterano senador.

Una de las medidas que se agitan entre bastidores es el posible regreso de Antonio Palocci al gobierno lulista, en calidad de coordinador político o ministro de Relaciones Institucionales. Su tarea: cohesionar de alguna manera la quebrada coalición gobernante durante el último año de Lula en el poder. Pero un Palocci II (ministro de Finanzas en la primera presidencia 2003-6 y Lula confía a ciegas en él) no sería una elección acertada para estos tiempos de denuncias de corrupción: Palocci fue obligado a renunciar luego de que una CPI (Comisión Parlamentaria de Investigación) lo cuestionara por maniobras fraudulentas en el Gobierno, que incluyeron presuntas coimas y tráfico de influencias. Además, falta aún que el Supremo Tribunal de Justicia lo absuelva, algo que se calcula será anunciado a principios de agosto.

Lula, mientras tanto, necesita un Senado que le vote varias leyes fundamentales durante el segundo semestre (durante el primero, estuvo paralizado frente a 32 denuncias de corrupción). Por eso es que la semana pasada, él mismo mandó dos fuertes mensajes con el objetivo de sostener a Sarney como sea. Envió a su «delfina» Dilma Rousseff, actual jefe de Gabinete y precandidata por el PT para las presidenciales de 2010, a que visitara, acompañada por un nutrido grupo de fotógrafos, al cuestionado presidente del Senado en su residencia de Brasilia.

Por su parte, Lula calificó de «pizzaiolos» (maestros pizzeros, por «amasar» denuncias) a los senadores de la oposición. A los pizzaiolos no les cayó nada bien la comparación. En represalia, organizaron protestas y huelgas contra Lula por haberlos equiparado con los senadores.

La acumulación de denuncias es pesada para Sarney y su prole. Una investigación iniciada por la Policía Federal sobre posibles actos de corrupción de su hija Roseana, gobernadora del estado de Maranhao (el feudo de los Sarney, al que ahora le sumaron el de Amapá), desenroscó otros ilícitos, además del originario, por el que u$s 1 millón recaudado en la campaña electoral de 2006 se habría deslizado a la caja de Roseana. Entre ellos, que el senador Sarney se habría olvidado de declarar una cuenta en el extranjero con el quebrado Banco Santos -y habría retirado varios millones pocos minutos antes de la quiebra-, una casa en la ciudad de Sao Luis, además de su mansión en Brasilia (valuada en u$s 2 millones) mientras cobraba cerca de u$s 2.000 mensuales por «vivienda». La Fundación José Sarney habría desviado recursos aportados por Petrobras para patrocinios para engrosar filantrópicamente las arcas de la familia.

Su hijo Fernando tampoco es un santo. Como director de la Confederación Brasileña de Fútbol, hizo que la entidad donase u$s 500.000 para la campaña a gobernadora de su hermana Roseana. Se lo acusa, además, de falsificar documentos para favorecer a empresas en contratos con estatales. Para ello habría usado como búnker a la misma mansión olvidada patrimonialmente por su padre en Brasilia. A la esposa de Fernando, Teresa Murad Sarney, se le descubrieron maniobras de lavado de dinero a través de su empresa Sao Luis Factoring. La hija de ambos, Ana Carla Sarney, habría recibido dinero ilegal de su novio Paulo Guimaraes, sospechado a fines de los 90 de lavar dinero en su empresa de bingo Poupa Ganha.

Pero seguramente la maniobra que mejor describe al clan Sarney en su cesarismo y prácticas colonialistas y feudales es haberse apropiado del antiguo Convento de las Mercedes en Sao Luis, la capital del estado de Maranhao. Los Sarney, previsores, transformaron ese convento en un mausoleo, con espacio para cada uno de los miembros de la familia. Claro, sólo después de haber convencido al Senado de que revocara la ley estadual que obligaba a devolver el convento al poder público. Por querer descansar en paz, se cavaron su propia tumba.

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