Opinión Internacional

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Si Hugo Chávez necesita conseguir dinero prestado para cubrir el presupuesto de Venezuela del año 2010, ¿cómo hará para darle fondos a su amigo Daniel Ortega, para que instale un sistema de riego que transformaría la agricultura en Nicaragua?
El 20 de octubre último, 24 horas después que seis magistrados sandinistas de la Corte Suprema de Justicia decidieron que Ortega puede reelegirse en 2011, a pesar de la prohibición clara en la Constitución, el Presidente de Nicaragua anunció el segundo megaproyecto con financiamiento del Gobierno de Venezuela.

El propósito es irrigar la planicie de la zona del Pacífico nicaragüense y la inversión total supera los 2 mil millones de dólares.

Para Ortega ya es un hecho. “El compañero Hugo Chávez me manifestó que podíamos contar con todo el respaldo de ellos para arrancar ya la primera etapa de este proyecto”, afirmó. El inicio significa un desembolso de al menos 17 millones de dólares, la segunda etapa requeriría 208 millones y la tercera 1,920 millones de dólares.

Mientras el discurso aguanta todo, la realidad es franca en Venezuela, donde el Gobierno lidia con la falta de recursos y trata de ajustar el presupuesto del 2010. Los fondos disponibles para el Gobierno de Chávez caerán en 35.7 por ciento el próximo año, cuando prevé un presupuesto de 74 mil millones de dólares.

Surge entonces la pregunta: Si en Venezuela la población tiene problemas de energía y abastecimiento de agua, más la ya conocida escasez de alimentos, ¿cómo hará Chávez para entregar a Ortega 17 de millones de dólares, a corto plazo, si sólo la petrolera estatal PDVSA tiene dificultades para pagar 5 mil millones de dólares a proveedores?
Es tan difícil la situación de Venezuela que Chávez recortará en 40 por ciento la asignación de dólares a los importadores privados, en el 2010, según anunció su ministro de Finanzas, Alí Rodríguez, a pesar de que esa decisión provocará más escasez de productos de primera necesidad en ese país.

También endeudará más a Venezuela por un monto superior a los 16 mil millones de dólares, para completar el financiamiento al presupuesto recortado.

Algunos dirán que 17 millones de dólares no es nada para un país petrolero, suponiendo que el Gobierno venezolano sólo apoye la primera etapa del proyecto de riego en Nicaragua. Pero es un dinero que en Venezuela hace falta, por ejemplo, para importar café o azúcar, dos de los productos escasos en los supermercados; o para mejorar los servicios de salud, de los que se quejan seis de cada diez venezolanos, como revela la última encuesta de Datanálisis.

En 2007, Chávez prometió a Nicaragua una refinería de petróleo, de la que sólo existe una piedra puesta por él el día que la anunció. Analistas que siguen de cerca las promesas del gobernante venezolano afirman que ha ofrecido construir 36 refinerías en diferentes países y apenas ha podido reparar y poner a funcionar una en Cuba.

Veo difícil que Chávez cumpla esta última promesa a Nicaragua, si se supone que para él lo más importante es el bienestar del pueblo venezolano, el que está más pobre cada vez. Y si da preferencia al proyecto de Ortega, habría que considerar si Chávez quiere más a éste que a los venezolanos, o si detrás de la obra se ocultan negocios privados de ambos, que un día saldrán como por arte de magia.

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