Opinión Internacional

Cultura Garífuna: su historia, situación actual y promoción cultural (I)

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Uno de los ejemplos más significativos del proceso de mestizaje en los países centroamericanos, debido a su origen y la permanencia de una lengua diferenciada, lo constituyen los grupos negros mezclados con indios americanos. Este es el ejemplo de los caribes negros, (garífunas, garinagu o karaphuna) quienes, una vez escapados de su destino esclavo al naufragar dos barcos españoles, comenzaron el proceso de asentamiento y fusión entre lo caribe y lo africano, creando una cultura cuyo poder simbólico fue la punta de lanza al momento de luchar contra la conquista inglesa.

Hoy, luego de más de 350 años de esta primera fusión, el pueblo garífuna sigue existiendo, preservando algunas de sus costumbres antiguas y recreando otras, sin desligarse de la cultura occidental, pero siendo también un grupo de resistencia y minoría frente a ella. En este trabajo esbozaremos el desarrollo garífuna desde sus orígenes hasta nuestra época actual. En este sentido, esta primera parte estará limitada a esbozar el origen de la cultura garífuna, lo cual nos
brindará nuestro referente histórico. Luego, en nuestra segunda entrega, pasaremos a indagar la vida de los garífunas en la actualidad y su proceso de migración. En nuestra tercera entrega, nos acercaremos a los aspectos más resaltantes de la cultura garífuna y a su interesante proceso de promoción cultural.

Antes de comenzar, es necesario realizar algunas consideraciones, en particular con respecto a las limitaciones de esta investigación. Y es que si entendemos la cultura como un proceso dinámico y en constante devenir, no podemos sino concientizar que nos estamos limitando al estudio de un grupo humano que, sin embargo, tratamos como objeto, aun cuando no lo pensemos de esta forma. Esto, debido a que nuestro análisis se ha validado en los textos y no en la propia experimentación vivencial, provoca una brecha lo suficientemente amplia como para no obviarla durante la investigación. También debemos acotar que nos hemos sustentado básicamente de tres fuentes (Taylor, Solien González y Rivas) para el estudio de los orígenes. Sin embargo, estos textos presentan algunas incoherencias en cuanto a fechas o secuencia de los acontecimientos. En este sentido, expresamos aquí la información que principalmente se maneja en la mayoría de las fuentes consultadas. Hechas estas consideraciones, nos preguntamos entonces:

Parte I : ¿De dónde vienen los garífunas?

Para remontarnos al origen de los garífunas, comenzaremos por una referencia a su raíz amerindia, encontrada en los indios arawak. Nos parece importante partir de este punto, ya que los garífunas actuales todavía conservan mucho de la cultura arawaka, incluyendo gran parte de su lenguaje, así como la economía basada en el casabe, la pesca y la recolección.

Alrededor del año 1000 a.C., los indios Arawak o aruak, comenzaron a movilizarse desde las riberas del Orinoco hasta las islas del Mar Caribe, donde algunos se establecieron. Posteriormente, las islas fueron ocupadas por los indios caribes, quienes en principio, comercian con los arawakos, pero luego comienzan a sacarlos de sus tierras, tomando a las mujeres como esposas, mientras asesinan o toman a los hombres como esclavos. Esta primera mezcla entre el Caribe y el arawaco es conocida como «Caribes isleños», «caribes de las islas» o «cobrizos» (Solien G., 1979: 43), y constituye la primera gran rama femenina constitutiva de las raíces garífunas.

Posteriormente, hacia el siglo XV, los europeos, franceses, españoles e ingleses, luchan contra los caribes (y entre ellos mismos) por el poder de las islas. Esta guerra también se da, según Taylor (1951: 16-17), ideológicamente, atribuyéndole a los caribes falsos rasgos de «marcada crueldad», que servían de excusa a las matanzas. Más tarde, en 1625, los franceses e ingleses, comienzan su ocupación de las Antillas
menores, mientras los españoles continúan trayendo esclavos africanos para trabajar en las minas y plantaciones de las islas mayores, principalmente a La Española (actualmente conformada por República Dominicana y Haití), las cuales les habían arrebatado a los indios Taíno.

En 1635, encontramos la otra raíz garífuna, cuando 2 barcos españoles con cargamento de esclavos para las Indias Orientales, naufragan cerca de la isla de San Vicente. Estos esclavos logran escaparse y se refugian con los caribes isleños en la Isla de San Vicente. Un poco más tarde, en 1672, un barco negrero inglés corrió con la misma suerte que los 2 anteriores españoles. Es de hacer notar que estos barcos provenían de diversas partes del África, ya que, como lo afirma Bastide, los primeros cargamentos venían del delta nigeriano, sumándosele, «durante los siglos XVII y XVIII, muchos yorubas, fons, fanti-ashantis y congos» (Bastide, 1969: 76). Los caribes los acogen como esclavos, pero siguiendo la costumbre de los indios, los esclavos tenían derecho a sentarse con los indios y compartir con ellos ciertas actividades. Se inicia de esta forma, el mestizaje de los esclavos con las indias Caribe. De esta mezcla, los africanos adoptarán el lenguaje y tradición de los caribes, dando como resultado los llamados «caribes negros», nombre puesto por los europeos en 1773, para diferenciarlos de los iniciales «caribes amarillos», «isleños» o «cobrizos».

Luego de conocida la noticia, San Vicente se fue convirtiendo en un refugio para los esclavos cimarrones que escapaban de las islas cercanas, principalmente de las plantaciones de Barbados. Siguiendo el patrón de los caribes, las actividades concernientes a la agricultura y la recolección eran realizadas por las mujeres, mientras que los hombres se dedicaban a la caza y pesca, así como también realizaban viajes a islas cercanas de donde traían tabaco y otros menesteres. Según las crónicas, algunos de estos caribes, utilizan esclavos africanos, a quienes emplean en el cultivo del algodón, que ya empezaba a prosperar. Pronto, los negros llegaron a ser bastante poderosos en San Vicente, tanto, que llegaron a forzar a los caribes, para que les dieran parte de sus tierras, mientras incurrían en el secuestro de algunas de las mujeres de los caribes. Jean-Baptiste Labat, recoge hacia el 1700 algunas impresiones de su llegada a la isla, en la que su barco fue recibido por indios y negros. Estas percepciones nos pueden ser de gran utilidad para comprender el marcado sincretismo entre el indio y el negro: «estaban adornados de la misma forma, pintados de rojo –la mayoría de cualquier manera- con un pequeño pedazo de tela cubriéndole sus partes.» (Taylor, 1951:23). En 1719, los franceses envían a cerca de 500 soldados a San Vicente, con el propósito de apresar a los
negros. Sin embargo, éstos últimos, evadieron la captura retirándose a las montañas y descendiendo en las noches cuando atacan a los conquistadores mediante la guerra «de guerrilla» (Solien G., 1979: 45). Esta forma de hacer guerra resultaba nueva para los colonos, quienes no pudieron capturar a los negros.

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En 1763, es firmado el Tratado de París, en el cual se desatiende el acuerdo de Guadalupe, y las islas de San Vicente y Dominica son apropiadas formalmente por los ingleses. Ese mismo año, éstos últimos comienzan a llegar a la isla para conseguir las plantaciones de caña de azúcar, mientras que los caribes son obligados a otorgar una porción de sus tierras. Pero aun así, entre 1779 y 1783, los caribes recuperan el control de las islas, con la ayuda de los franceses (enemigos de los ingleses). Sin embargo, los ingleses regresan, provocando una guerra continua, en la que se dan a conocer los nombres de algunos jefes caribes, y en especial el de Joseph Chatoyé, quien se alza contra los ingleses en 1795, y quien muere 3 días después de este alzamiento. Esta guerra culmina en 1796, cuando los caribes negros fueron forzados a rendirse incondicionalmente. Este mismo año, e impulsados por razones aún no conocidas del todo, los ingleses resuelven, quizás temiendo el demostrado poder de los caribes negros, remover a los cerca de 5.000
negros (hombres, mujeres y niños) de la isla. Se decide entonces llevar a los caribes negros, junto a otros negros no caribeños, hasta la Isla de Roatán en la costa hondureña, en donde desembarcan en 1797.

Sin embargo, luego de este largo viaje, la mayoría llega débil y en malas condiciones de salud, debido a la insalubridad sanitaria. Es por ello que una vez que llegan a la isla, la mayoría no permanece en Roatán, sino que acuden a la antigua capital de Honduras, Trujillo, donde se encontraban los españoles. Intercambian con los españoles sus servicios como soldados de sus tropas o pescadores, a cambio de tierras, donde las mujeres cultivaban, tanto para ellos mismos, como para la venta, comenzando a producir para toda la población europea costera. Por otro lado, algunos comienzan a explorar a lo largo de la costa, hasta llegar a Belize, en una dirección (donde los británicos les proporcionan trabajo) y a Nicaragua, en la otra. De esta forma, terminan asentándose a lo largo de la costa Atlántica, específicamente en Belice, Guatemala, Honduras y Nicaragua. Pueden encontrarse
documentos en donde se refiere a la práctica del contrabando por parte de los garífunas. Esto es, porque eran excelentes navegantes, lo cual les permitía pasar a través de la costa sin ser vistos, o camuflarse como sencillos pescadores. En Belice, los hombres eran contratados como cortadores de caoba por períodos de tiempo establecidos, luego de los cuales regresaban a sus aldeas de origen. Aún en la actualidad es costumbre en algunos poblados, que los hombres viajen a conseguir el sustento, mientras las mujeres se quedan en las casas con los niños y se dedican al cultivo. Los españoles, por su parte siguieron utilizando a los garífunas como soldados, sobretodo en las luchas independentistas centroamericanas.

Se conoce que una de las causas por las que existe una dispersión de
los garífunas en múltiples comunidades, es debido a las rudimentarias técnicas agrícolas que dividían las tierras cultivadas y que no permitían mantener a todas las personas en un único sitio. En cuanto a los asentamientos, pueden ser de dos tipos según la dimensión de los poblados. Los más pequeños, poseen filas de casas establecidas horizontales a la costa y «separadas hasta por 3 o 4 kilómetros entre sí» (Solien G., Nancy, 1979: 50). Los más grandes, poseen un tipo de asentamiento guiado por los dos lugares donde reside su subsistencia: la costa, por un lado y el campo de cultivo, por el otro. En este sentido, la costa será la base según la cual se asentarán de manera horizontal las casas, mientras que tierra adentro, se encuentra el cultivo, a donde se llega desde cualquier parte del poblado.

Como hemos visto, este breve marco histórico, nos aporta variables importantes para el posterior desarrollo de los garífunas. En particular se destaca la división entre los géneros para las distintas ocupaciones sociales, así como para su lenguaje. Es de esta manera como, diversas palabras en la lengua garífuna, significando lo mismo, pueden pronunciarse de forma distinta, según sea hombre o mujer quien las emita. Recordemos en este sentido, lo que expusimos anteriormente, acerca de la raíz femenina y masculina de su origen. Así mismo, otro punto importante, es el espíritu de resistencia que desde el principio se observa frente a los conquistadores. ¿Será éste el mismo espíritu que ha permitido, luego de más de 350 años, que los garífunas sean hoy en día la única cultura afroamericana que todavía conserva en parte una lengua diferenciada, así como aspectos culturales que ellos mismos se han ocupado de mantener, difundir o rescatar.

Bibliografía

BASTIDE, Roger: Las Américas Negras: Las civilizaciones africanas en el Nuevo Mundo, Alianza Editorial, Madrid, 1969.

DAVIDSON, William: «Black Carib (Garifuna) Habitats in Central America» en Frontier Adaptations in Lower Central America, Institute for the study of Human Issues, Philadelphia, 1976.

RIVAS, Ramón D: Pueblos Indígenas y Garífuna de Honduras, Editorial Guaymuras, Honduras, 1993.

SOLIEN GONZÁLEZ, Nancie L.: La estructura del grupo familiar entre los Caribes Negros, Seminario de Integración Social Guatemalteca, Publicación N°. 39, Guatemala, 1979.

TAYLOR, Douglas Mac RAE: The Black Carib of British Honduras, Viking Fund Publications in Anthropology, Number seventeen, Wenner-Gren Foundation for Anthropological Research, New York, 1951.

Fuentes Electrónicas

(%=Link(«http://www.garifuna-world.com/»,»Garífuna World»)%)

(%=Link(«http://www.laprensahn.com/»,»La Prensa»)%) de Honduras

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