Opinión Internacional

Cumbre inconclusa

Puerto España, capital de la vecina Trinidad y Tobago, cuna del Calipso y bajo el permanente rumor del steel pan captó la atención mundial el fin de semana pasado, al constituirse en escenario de la V Cumbre de Las Américas, cónclave presidencial hemisférico devenido, por un lado, en epicentro social del primer encuentro del flamante Presidente de los Estados Unidos con sus pares de América Latina y el Caribe; y, por el otro, en desvalorizado consistorio para enfrentar los verdaderos problemas que aquejan a las grandes mayorías poblacionales de este lóbulo terráqueo. Como no podía ser de otra manera, la Cumbre concluyó con una declaración anodina, alejada de la realidad, suscrita tan solo por el anfitrión quien, con gran habilidad diplomática, encubrió el fracaso que hubiese constituido si al final de las deliberaciones, una buena cantidad de los gobernantes presentes se hubiesen negado a estampar su rúbrica al final de un texto cuyo aporte al desarrollo raya en lo nulo, por no encuadrarlo en el ámbito de lo negativo.

Sin embargo, la asamblea tuvo su valor intrínseco al propiciar en su proscenio un ambiente lo suficiente cálido como para comenzar a descifrar los enigmas que aún siguen encubriendo la atención que prestará Barack Obama a nuestra región. En ese contexto, el llamado “tema Cuba” se constituyó no solo en el centro de las deliberaciones, sino que motivó un hecho inédito: los mandatarios unían sus voces en el coro latinoamericano-caribeño para exigirle al norteamericano la eliminación del absurdo e inútil bloqueo que desde hace poco menos de medio siglo intenta quebrar la dignidad de un pueblo que decidió irrevocablemente escoger su propio destino, enfrentando con valentía inalterable la cínica intromisión de los Estados Unidos en nuestra región. Si bien días antes de la reunión, la administración estadounidense había anunciado la flexibilización –mas no derogatoria- de algunos elementos vinculados al bloqueo, muy hábilmente el Presidente Obama eludió hacer un pronunciamiento en firme en torno al tema, contradiciendo la actitud que adoptara en 2004 cuando ejerciendo como Senador se opuso, y hasta con cierta vehemencia, al mantenimiento de esa infame política frente a Cuba.

La abierta consideración del bloqueo conllevó a plantear entonces la reincorporación cubana al sistema interamericano, mas específicamente a la OEA, para lo cual, primero, su Secretario General propuso derogar la resolución correspondiente y, posteriormente, el Consejo Permanente pidió un análisis jurídico de la materia para que, en su momento, sea incorporada a la agenda de la Asamblea General que se llevará a cabo en junio próximo. El Gobierno cubano ya ha anunciado que no tiene interés de reincorporarse a esa institución que implícitamente avaló la invasión de Bahía de Cochinos, así como las de República Dominicana, Panamá y Grenada, mientras que hizo caso omiso tanto a la guerra de Las Malvinas como a la injerencia norteamericana en todos los conflictos sucedidos en Centro y Suramérica, actos que signaron los primeros síntomas de inoperatividad de la Organización, preludio del desgaste y desfase que caracterizan a su actual accionar. No obstante el pronunciamiento de las autoridades de Cuba, la restitución del país al sistema interamericano, no solo tendría un valor político sino que, en la práctica, podría rehabilitarla para ampliar su participación en otros organismos multilaterales, cuyo radio de acción sugiere opciones de mayor impacto para los intereses de Cuba.

Dentro del clima de aparente camaradería que primó durante la Cumbre, surgió la posibilidad del establecimiento de un diálogo horizontal entre la región y los Estados Unidos, es decir, en condiciones de reciprocidad y sin condicionamientos. Algunas manifestaciones fueron evidentes en ese sentido; sin embargo, esas expresiones no fueron acompañadas por ningún acto concreto como sí lo fue el anuncio hecho por el Presidente Hugo Chávez relativo a la designación de un nuevo embajador en ese país, lo cual contrastó con el silencio del gobernante norteamericano acerca de ese particular o el pronunciamiento de este último entorno al pasado del relacionamiento estadounidense con Latinoamérica y el Caribe. Como éstos, podrían mencionarse algunos hechos más que siguieron abonando las sombras que todavía se reflejan en la relación hemisférica.

Lo que sí surge como conclusión favorable de la Cumbre, es que la región puede actuar conjuntamente mas allá de las diferencias ideológicas que separan a los gobiernos. Ello, necesariamente, obliga a los gobiernos a evaluar en forma inmediata la conveniencia de institucionalizar el diálogo político entre los países latinoamericanos y caribeños a partir del Grupo de Río y de su expresión económica que, en la práctica, es el Sistema Económico Latinoamericana, SELA. Por lo demás, una acción orientada de esa manera, si no desalentaría, por lo menos mitigaría la aparente intencionalidad del Gobierno de los Estados Unidos de establecer un relacionamiento hemisférico con base en una profunda bilateralidad con Brasil y México, manteniendo un tratamiento diferencial con Colombia, país que le ofrece inmejorables condiciones para mantener su presencia militar en la región. De esta manera, pretendería neutralizar la correlación de fuerzas que ha emergido en la región a lo largo de última década.

Inmersos en ese contexto, ante las dificultades que confronta los Estados Unidos como consecuencia de los efectos de la crisis global del capitalismo engendrada en su propio suelo, no era posible considerar las secuelas de la misma sobre el resto del hemisferio. Ello refuerza la necesidad de profundizar y consolidar a la integración regional, en sus diferentes expresiones, como única alternativa válida para identificar soluciones conjuntas para atender problemas que nos son -o serán- comunes a todos los países latinoamericanos y caribeños.

En síntesis, la Cumbre apenas si constituyó el punto de partida de un eventual nuevo relacionamiento entre la región y los Estados Unidos, a partir de un trato fundamentado en la reciprocidad, sin imposiciones ni condicionamientos, es decir, entre pares sin la funcionalidad de las jerarquías, lo cual justificaría, de hecho, el que se haya realizado la reunión. La ausencia de una declaración final, no implica que no sea esperable la conformación de un nuevo sistema de relaciones en el hemisferio que transite por senderos distintos a los franqueados en el pasado, para lo cual será necesario esperar la evolución de los acontecimientos futuros. Mientras ellos suceden, seguiremos creyendo que presenciamos una Cumbre todavía inconclusa.

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