Opinión Internacional

De Europa al Caguán

En medio de las efusiones del regreso y de las crónicas de las experiencias en Europa, aparecen las primeras fisuras, desde luego superables, entre los comisionados del Gobierno y los delegados de las Farc en torno de los objetivos y alcances del Plan Colombia.

Su desconocimiento por grandes sectores de la opinión colombiana y la discusión sobre sus desembolsos eventuales en el Congreso de Estados Unidos han llevado a plantear la necesidad o la conveniencia de examinar sus destinaciones, no obstante habérsele invocado en forma genérica y repetida para demandar la cooperación internacional.

La verdad es que no hubo la precaución de explicarlo ni de publicar oportunamente su texto. Quizá -de tanto hablar de él y de sus beneficios – creyéndolo del dominio público. Esta vez, descuidada la consolidación del frente interno y dados los intereses de la guerrilla, no parece regir el aforismo campesino de que a «caballo regalado no se le mira diente».

Entre los comisionados gubernamentales y los delegados guerrilleros parece haberse creado, según sus propios relatos, una relación de amistad, compañerismo y confianza. Unos y otros fueron a aprender sobre el terreno. Los representantes del Establecimiento, a descubrir que las fórmulas neoliberales habían pasado de moda y estaban siendo reemplazadas por las soluciones de estirpe socialdemócrata. Los de la organización subversiva, militantemente marxista-leninista, a hacer su propia «perestroika» después del colapso del régimen soviético (su oráculo anterior), observando cómo funcionan las economías de mercado, bajo el ojo vigilante y la intervención democrática del Estado.

Especialmente sugestiva resultó su peregrinación a Benidorm, donde Alberto Lleras y Laureano Gómez sellaron la paz entre liberales y conservadores, con miras al restablecimiento de las libertades públicas y de las instituciones democráticas. Con anterioridad, se había hecho curso extrarrápido en Suiza sobre la significación y vigencia del Derecho Internacional Humanitario, aplicable en los conflictos internos de conformidad con el Protocolo II de Ginebra. En particular, sobre la exacta acepción de la palabra rehén, tan en boga por la proliferación del secuestro.

Las paz con justicia social dio trazas de identificar a los felices viajeros. El presidente de la asociación patronal de industriales expresó por radio su complacencia por el hecho de que las Farc hubieran prestado siete de sus mejores hombres para que el Gobierno organizara esta gira exploratoria, de estudio y presentación de los fraternos y majos contendientes en la sociedad europea.

Entre sorbo y sorbo, entre plato y plato, entre conferencia y conferencia, habría la oportunidad de cambiar ideas, no tan sólo sobre el modelo económico de desarrollo. Sino sobre la vida y la muerte de los compatriotas, o, en otros términos, sobre la cesación de la violencia y la búsqueda de la convivencia democrática.

El logro principal de la gira, según ‘Raúl Reyes’, fue el de mostrar a la comunidad internacional el interés, tanto de las Farc como del Gobierno, de encontrar salidas distintas de la guerra. Y, en su interpretación personal, el reconocimiento de facto de la beligerancia de aquellas.

De modo que cualquier ayuda para la solución a fondo del problema social, económico y político del país, debiera a su juicio ser aprobada y estar bajo el control de la «mesa de negociación». Váyase a saber cómo haría el Gobierno para cumplir el precepto constitucional de incorporarla al Presupuesto y para compartir amigablemente con la guerrilla su manejo.

Manzana de discordia

Al Plan Colombia las Farc le dicen no por sus objetivos (los consideran militares en su ochenta y cinco por ciento) tanto como por no ser producto de acuerdos en la mesa de negociación.

En cuestiones de paz y de lucha contra el narcotráfico, aspiran sin embozos al cogobierno. Aun dejando de lado la Constitución y las Leyes, aun declarándolas muertas o moribundas, figura irreal y utópica mientras duren la hostilidades y siga el crecimiento de los cultivos ilícitos en la zona de distensión y en otras de conflicto.

Funcionarios del Gobierno asumirán el encargo de exponer los ingredientes económicos y sociales del Plan y su propósito de atender a la sustitución de cultivos, a la rehabilitación del agro y a la creación de empleo. Siendo así, implicaría necesariamente cambios sustanciales en la estrategia económica de la cual se han derivado tantos males y sobresaltos.

La explicación se hará, igualmente, a la directiva del Partido Liberal Colombiano, dejado al margen de las gestiones de paz e inquieto sobre la previsiones extralegales del Plan. Clarificar los posibles equívocos de éstas y ampliar sin mezquindades el radio de aquellas son pasos eminentemente deseables.

En el Congreso de Estados Unidos era de suponer que se presentaran interrogantes y dificultades. Singularmente en tiempos preelectorales, no se vota a ciegas un gasto de mil seiscientos millones de dólares, aunque su objeto sea el de combatir los narcóticos allí donde su oferta tiene vigoroso pilar. Si, además, entran en juego los derechos humanos, se tenderá a precaver su violación en la medida en que de tal ayuda pudiera aprovecharse.

No obstante, tomadas cuantas precauciones se juzguen indispensables, acaso no resulte aventurado presumir que acabará prevaleciendo el empeño de luchar contra el narcotráfico y de ayudar a Colombia en esta empresa.

Sin subestimar la importancia de las terapéuticas económicas y sociales y, en particular, el deber de reivindicar el derecho al trabajo legítimo de los compatriotas, garatizándoles y otorgándoles las debidas oportunidades, sería ilógico omitir el fortalecimiento ineludible de la Fuerza Pública para enfrentar la violencia que en el narcotráfico se apoya y la otra también. Ningún Estado de Derecho puede renunciar al uso legítimo de sus poderes y de sus herramientas

Será de ver hasta dónde el Plan Colombia gradúa y concilia estos objetivos y hasta dónde desanima la tentación de combatirlo con brotes terroristas.

Peligro de la ley del Talión

Aparte de la asistencia financiera externa y de la reanudación de los diálogos en San Vicente del Caguán, sería útil establecer los escalones de las «salidas distintas de la guerra», siquiera fuese para honrar las semillas de la gira por Europa.

Después del reconocimiento de facto de la beligerancia de las Farc, que el comandante ‘Reyes’ dice haber obtenido, ¿se avendrán ellas a acatar el Derecho Internacional Humanitario o persistirán en desconocerlo y hollarlo so pretexto del Plan Colombia y de las violaciones de los derechos humanos por las llamadas organizaciones paramilitares?

A la barbarie hay que ponerle fin y, en consecuencia, comenzar sin demora a desmontar sus mecanismos. No sea que el país continúe en un mar de sangre al amparo de la ley del Talión: ojo por ojo y diente por diente.

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