Opinión Internacional

Desempeño argentino en la crisis Colombia-FARC

A partir de 1983 los argentinos iniciamos un período de vida constitucional que se asienta en un trípode: vigencia de la constitución, sistema democrático republicano, defensa de los derechos humanos.

No es un sostén demasiado fuerte, si comparamos con los EE.UU., que llevan doscientos treinta y dos años de continuidad, pero todo indica que acá, en Argentina, estos veinticinco años se van a convertir pronto en el período constitucional más largo que hayamos podido sostener, hasta ahora, en toda nuestra historia.

Por lo tanto, hay que vigilar atentamente a las patas, a las columnas que sostienen ese trípode. Si una sola de ellas falla, todo el sistema podría correr peligro.

Como se me ha propuesto que hable sobre la actualidad regional, me parece interesante revisar cómo está siendo tratada la tercera pata de este trípode, los derechos humanos, en el tema que está agitando a buena parte de nuestros vecinos: el caso Betancourt y las FARC.

Este análisis cobra especial importancia para nosotros, porque tanto la administración anterior, del Dr. Kirchner, como la actual, a cargo de su esposa, hicieron, en su momento, de los derechos humanos, el tema central de su discurso político.

Como todos recordamos, el asunto de las FARC y la eventual liberación de Ingrid Betancourt comenzó hace unos pocos meses, apenas asumida la actual presidente Kirchner. Su marido, el anterior presidente Kirchner, viajó a la selva venezolana para incorporarse a lo que se anunciaba como un verdadero acontecimiento de política humanitaria.

Eso falló y, al poco tiempo, las cosas tendieron a empeorar, con la incursión de tropas colombianas durante algunas horas para destruir a un destacamento de las FARC refugiado en territorio ecuatoriano, a mil quinientos metros del límite entre ambos países.

Conflicto puntual y contexto regional

Para analizar rápidamente el tema, es importante que los detalles no nos distraigan del conjunto. Que el análisis del árbol no nos impida ver el bosque. En este caso, el bosque es lo que pasa detrás de la anécdota fronteriza. El bosque es lo que enmarca estos conflictos, que no es otra cosa que una lucha entre dos modelos.

Por un lado, esta el modelo capitalista, republicano, que acepta a la globalización, negociando con ella. Es el caso de Lula en Brasil, Bachelet en Chile, Vásquez en Uruguay, Alan García en Perú y debiera incluir a Paraguay y Argentina. Del otro lado, el otro modelo esta encarnado por Chávez en Venezuela, Correa en Ecuador, Noriega en Nicaragua y Evo Morales en Bolivia. No se llevan bien con el capitalismo, proponen un socialismo del siglo XXI, la división de poderes se desdibuja y rechazan a la globalización como sinónimo de imperialismo.

Dentro de ese esquema se desarrollan proyectos individuales, como el de Estados Unidos, que no quiere inestabilidades en la región, Chávez que procura una agrupación ideológica de países y Brasil que siempre procura consolidar su proyecto de potencia mundial comenzando por funcionar como líder y referente de la región.

Solo entendiendo ese marco, ese bosque, se puede entrar a analizar el árbol. El árbol en cuestión es el conflicto desatado a partir de la penetración colombiana en territorio ecuatoriano. Ese es el tronco mismo del árbol.

Y en ese tronco podemos identificar por lo menos cinco ramas.

• Primera rama: la penetración colombiana;
• Segunda rama: la reacción venezolana y ecuatoriana;
• Tercera rama: el accionar de la OEA;
• Cuarta rama: el accionar de los EE.UU y el Brasil;
• Quinta y ultima rama: el comportamiento de la diplomacia argentina en ese conflicto.

Veamos las ramas, rápidamente, una por una

La primera rama. El agravio colombiano existió, pero Uribe supo lamentarlo a tiempo, hacer un mea culpa y facilitar de esa manera que la OEA se abstuviera de condenar a Colombia, limitándose a una amonestación y a exigir garantías de la no repetición.

Así, Uribe consiguió el objetivo de acabar con Reyes y su cuadrilla y pagar un bajo precio político posterior, toda vez que el conjunto de sus vecinos finalmente no emitió una condena contra Colombia.

Esto resultó muy oportuno porque Chávez, con el acompañamiento de Correa, trataron de sobreactuar el agravio invasorio para poner en crisis la relación de Colombia con el resto de la región, esto es, aislar a Uribe y sumar agua para su molino, que incluye, desde el 12 de enero, una invitación internacional de Chávez para que el mundo legitime a las FARC.

Para el presidente venezolano, el eventual agravamiento del conflicto y la continuidad militar de las tensiones venía como anillo al dedo, no solo al estilo personal de Chávez sino a la muy conveniente búsqueda de un conflicto externo, lo más prolongado posible, para postergar la importancia de los reclamos internos que afronta crecientemente el presidente de Venezuela:

En efecto,

• en Venezuela la economía no va bien;

• El gobierno perdió las últimas elecciones;

• El aislamiento internacional aumenta.

• Sus anuncios espectaculares ya no movilizan como antes (el gasoducto de ocho mil kilómetros, el Banco del Sur, las Fuerzas Armadas del Mercosur, el propio ingreso de Venezuela al Mercosur;

• En lo interno, el apoyo masivo le disminuye;

• Y ya surgen líneas internas discrepantes en sus propias filas, con nombre y apellido, como el general Baduel y Diosdado Cabello.

Veamos a la segunda rama. El daño para Venezuela, Nicaragua y Ecuador consistió en que esta anécdota ha servido para confirmar la generalizada convicción de que tanto Chávez como Correa y Ortega mantienen una actitud demasiado permisiva, casi de complicidad, para con las FARC.

Ya no quedan dudas de que Raúl Reyes fue muerto mientras descansaba en un refugio permanente, que era tolerado en territorio ecuatoriano y que la existencia de varios de estos santuarios se repite en varios puntos de ambas fronteras.

Resultado: la ruidosa reacción de Chávez y Correa ha terminado llamando más la atención sobre su permisividad con las FARC que por la incursión del ejército colombiano contra Reyes.

Y después de todo, colaborar todo el tiempo con tropas rebeldes al gobierno del país vecino supone una injerencia en los asuntos internos de ese vecino mucho mayor la incursión única y momentánea practicada por Colombia. Más aun, pedirle al mundo que legitimen a los rebeldes en una lucha interna de otro país también supone una injerencia mayúscula en los asuntos internos de otro estado.

Conclusión: el tema que quedó

instalado es el inverso del que pretendían Chávez y Correa. Lo que finalmente pasó a discutirse es todo lo contrario: hoy se cuestiona a las FARC y quiénes las ayudan y ya nadie habla más de la incursión colombiana.

La tercera rama corresponde a la OEA. La OEA cortó enseguida el intento de escalar la reacción. Amonestó severamente a Colombia, obtuvo la garantía de no repetición y con eso se dio por satisfecha.

Normalmente se critica a la OEA por inoperante, por su tendencia a borrarse, a los pecados de omisión. En este caso intervino lo justo para amonestar severamente a Colombia pero se abstuvo de ir más allá y emitir algo mas grave como una condena.

Bien por su Secretario General, José Miguel Insulza, al que Chávez insultó públicamente, que pudo mostrar una OEA que sirva para algo. Insulza, ex canciller chileno, es una figura a la cual observar. Casi fue candidato a presidente cuando la interna la gano Bachelet y tiene muy buenas chances de aquí a dos años.

El desarrollo de los acontecimientos mostraron a Ecuador, Nicaragua y un poco menos a Bolivia, subidos al proyecto de exagerar el agravio colombiano para aumentar la tensión y extenderla a todo el bloque de la región. Y del otro lado, Brasil, Chile, Uruguay, Paraguay y Perú mantuvieron la calma y ayudaron al consenso de amonestar a Colombia pero sin condenarla como pretendía Chávez.

En mi opinión, el gran artífice de este movimiento fue la diplomacia brasileña a la que, a esta altura todos los observadores internacionales concuerdan en adjudicarle el crédito de cómo terminó la crisis. Imitando modestamente a Jorge Asís, se diría que “la calculada ausencia de Lula resultó la presencia más descollante de la reunión”.

Argentina, por su parte, exhibió el comportamiento pendular que caracteriza a los últimos cinco años de nuestra política exterior, yendo de uno a otro modelo, sin definirse por ninguno.

La cuarta rama corresponde a la asombrosa intervención de EE. UU. Insistiendo con su teoría de las “fronteras flexibles”, que ha sido desde siempre rechazada por todos los países de la región y a la que califico de asombrosa porque Washington no podía ignorar que, en esta ocasión iba a ser rechazada una vez más y, para peor, haciéndole perder a Uribe los puntos que había ganado.

Así, cuando el Departamento de Estado vuelve a proponer fronteras flexibles, obliga a todos los gobiernos del área a dar marcha atrás, desempolvar el tema ya archivado de la incursión colombiana en territorio de Ecuador y competir unos con otros a ver cuál reivindicaba más el principio de las fronteras inviolables y la obligación de respetarlas, no sea cosa de quedar pegados con Washington. El primero con reacciones rápidas, claro, fue Lula.

Esta puesta de nuevo en primer plano de la violación de sus fronteras le permitió al presidente Correa intentar un repechaje y montar un nuevo reclamo, esta vez en torno al hecho de que, uno de los muertos en el pelotón de Reyes era ciudadano ecuatoriano, de profesión cerrajero. Y de nuevo las denuncias ante la OEA, la tirantez en las fronteras y el reclamo de solidaridad a los vecinos.

Pero el intento no prosperó. Como se trata de una zona selvática y deshabitada y este señor murió vistiendo insignias y uniforme de las FARC, con armas en la mano y durmiendo en pleno campamento, resultó mucho más creíble que se encontraba allí como militante activo de las FARC que desempeñando cualquier tarea inocente.

La quinta rama, Brasil y nosotros. Algunos de nosotros podríamos preguntarnos ¿Y cuál fue el papel de Brasil? ¿Y el de la Argentina?

El de Argentina lo vamos a ver al final. Respecto al de Brasil, la diplomacia francesa acaba en estos días de revelar lo que varios alertamos desde el principio: Sarkozy fue lentamente distanciándose de Chávez hasta encaminar su negociación con las FARC, eligiendo otras compañías, más silenciosas e infinitamente más profesionales como sucede con el estilo del presidente Lula y el accionar de Itamaraty.

Mencionar a Itamaraty suele llevar, automáticamente, a la nostalgia por contar con un cuerpo diplomático profesional y eficiente. Los brasileños son muy buenos, es cierto, pero los nuestros no son peores. En el caso de la diplomacia profesional como herramienta de la política exterior, que Brasil ha sabido siempre usar de manera tan provechosa, la diferencia no debe buscarse en la herramienta, en el cuerpo diplomático, si no en quienes usan la herramienta, esto es, las respectivas clases políticas. Allí si que Brasil nos lleva una ventaja enorme.

Y en ese aspecto si, en ese caso es cierto que Brasil nos lleva enorme ventaja. Al cuerpo diplomático argentino podría aplicarse aquella frase del Mío Cid: “Que buen vasallo si tuviere buen señor.”

Volviendo al tema, puede decirse que, hasta ahora, Brasil ha tomado la posta que el histrionismo y falta de profesionalidad de Chávez le hizo perder a Venezuela. A partir de entonces, las conversaciones no pasan por Caracas e incluso la zona de operaciones pasó a la Guyana francesa, sin utilizar más ni el territorio ni las facilidades bolivarianas.

De todas maneras, casi todo lo ganado con anterioridad se perdió con ese solo acto de la diplomacia norteamericana, confirmando lo que muchos pensamos acerca de la muy escasa importancia que la región ha tenido siempre para la administración del presidente Bush.

En suma, que para explicar con mayor claridad lo que pasó en aquellos momentos, me voy a permitir una metáfora futbolística, a ver si sale:

Colombia penetró en territorio ecuatoriano, obtuvo lo que quería pero cometió, sin dudas, una falta. Rápido de reflejos, apenas la OEA convoca a la reunión, Uribe se disculpa y promete no hacerlo más, como un zaguero central que pega el grito para que la defensa de un paso adelante…desde el fondo, Chávez, Correa y Daniel Ortega venían lanzados para cabecear en el área una pelota proveniente de un centro, centro que la OEA finalmente nunca tiró. Y a un costado de la cancha, un juez de línea muy parecido a Lula marcó el off side de Chávez y todos sus acompañantes.

Sarkozy cambia de monta

Hasta allí la situación, hasta que se inicia un nuevo round: el de un cambio de estrategia de Sarkozy, que corre a un costado a Chávez y, como vimos, pasa a conectarse con las FARC de otra manera. Este nuevo round no ha terminado, está en pleno desarrollo.

En el round anterior, cuando lo protagonizaba Chávez, tuvo una gran exhibición pública la imagen del ex presidente Kirchner, en medio de la selva, como todos recordamos. En este segundo round, la gran exhibición mediática ha correspondido a la actual presidente Kirchner.

El interés de Sarkozy resulta evidente: quiere recuperar la libertad de una rehén que es francesa. Y ya se sabe, su estilo político es de alto protagonismo con mucha presencia mediática, como ya lo demostró en el caso de la liberación de personal médico encarcelado en Libia.

El interés de los dos presidentes Kirchner por subirse a este proceso, no importa si lo lidera Chávez o Sarkozy, tiene mucha lógica si tomamos en cuenta que ambos han hecho de la defensa de los derechos humanos un elemento central de su carrera política de los últimos años.

Cuando el doctor Kirchner aterrizó en la selva venezolana en lo que después resultó el fracaso de la liberación de Betancourt, ningún otro país había enviado un representante de tan alto nivel ni, por cierto, acompañado de una delegación periodística tan numerosa.

Todo indicaba que semejante despliegue correspondería a algún posicionamiento importante de Argentina en los derechos humanos, no solo de Betancourt y un pequeño grupo de allegados sino para reclamar muy firmemente por los otros setecientos secuestrados, y muy especialmente por un ciudadano argentino, el señor Jorge Guillanders Millar, secuestrado en la frontera colombo-venezolana el 6 de marzo de 2006, por cuya situación correspondía que el enviado argentino se interesase y reclamara en los términos más firmes.

Desgraciadamente, nada de ello ocurrió y la suerte de este argentino sigue olvidada. Tan poco levantada ha sido su historia que me atrevería a decir que la mayoría de los aquí presentes, personas habitualmente muy bien informadas, es la primera vez que oyen su nombre. Y que los que conocíamos el caso, hemos oído a las autoridades argentinas reclamar infatigablemente por el mediático caso de la señora Betancourt, pero nunca por nuestro compatriota también secuestrado y muy enfermo, probablemente ya muerto.

El patrón de conducta pareció repetirse en el reciente viaje de nuestra presidente a Francia, de nuevo una personalidad argentina como la más alta autoridad presente en la manifestación de París.

Ciertamente, Sarkozy no concurrió. Pero en todos los diarios del mundo pudo verse a la presidente de Argentina fotografiada portando una pancarta que reclamaba exclusivamente por la libertad de Betancourt.

Seguramente los franceses puedan sentir que el interés nacional de Francia se encuentra debidamente servido reclamando solo por Betancourt. Pero, de forma equivalente, a muchos argentinos les hubiera parecido que el interés nacional argentino estaría mejor servido si en el reclamo incluyéramos al compatriota secuestrado y a las otras setecientas víctimas de una evidente violación de los derechos humanos ante la cual el Estado argentino no debiera permanecer neutral o distante.

Un dato de interés consiste en que, en las fotografías de la doctora Kirchner en la marcha de París, aparece acompañada por señoras representantes de Abuelas y Madres de Plaza de Mayo, dos organizaciones completamente respetables, pero cuyo miembro más emblemático, Hebe de Bonafini, hace menos de sesenta días declaró públicamente que las FARC son luchadores sociales idealistas y que el presidente Uribe es, literalmente, un malparido (usó términos peores). Pero sucede que, ahora, sus colegas marchaban en París en contra de las FARC.

Si uno se toma el trabajo de entrar en los sitios de Internet y la documentación disponible de Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, lo más probable es que no encuentre una sola palabra de condena a los secuestros en Colombia. Ni siquiera el de Betancourt. Ingrid Betancourt fue secuestrada hace seis años, en febrero de 2002, pero en todo el tiempo transcurrido desde entonces, esas dos organizaciones guardaron absoluto silencio. Hasta ahora, que fueron invitadas a París.

Ante tal panorama, resulta lícito preguntarse por dónde marcha la defensa de los derechos humanos y por donde marcha la militancia ideológica.

Y en el caso del Estado argentino pasa igual: ni entrando a la página web de la Cancillería, ni en su Dirección Nacional de defensa de los Derechos Humanos, ni en ningún otro archivo de ese ministerio, se puede encontrar una sola línea reclamando, antes de ahora, por los secuestros de las FARC.

Hay que cuidar mucho este tipo de cosas, porque exceden los aciertos o los errores de un gobierno determinado.

Ya vimos que la defensa de los derechos humanos, igual que la democracia, es uno de los pocos pilares, una de las pocas políticas de estado que los argentinos de entonces nos dimos a partir de 1983 y es nuestro deber, y nuestro interés, mantenerlas y preservarlas de todo cuanto pueda perjudicarlas, incluyendo del mal uso político de los derechos humanos, si se diera el caso de que los argentinos de ahora terminemos mirando para otro lado cuando quien los viola es un amigo ideológico.

En ese sentido, todos podemos recordar el peligroso antecedente de la doctora Hilda Molina y de cómo el tibio reclamo argentino ha sido archivado en Cuba, sin que desde aquí hagamos nada más por la defensa de los derechos humanos de ciudadanos argentinos involucrados también en ese caso.

El interés nacional argentino

Para terminar, veamos rápidamente si en este conflicto tan vertiginoso ha entrado en juego algún otro interés nacional argentino

Por supuesto, la paz en la región es un interés nacional argentino permanente. En América del Sur se producen fenómenos políticos con la lógica del dominó: en determinado momento todos tenemos gobiernos militares, en otro momento todos juntos pasamos a gobiernos constitucionales, todos, o casi todos, adoptamos economías abiertas y poco después, media región pasa al populismo y las economías cerradas…Esto es algo en lo que el mundo y los inversores se fijan, por lo que es de interés de cada gobierno, de cada estado, estar atentos a lo que pasa con los vecinos.

Pero ¿Había algún otro interés nacional argentino afectado por esta cuestión, algún interés más puntual?

Respecto de la posición internacional argentina, me gustaría llamar la atención sobre lo siguiente: igual que todo el gobierno, está siendo marcadamente ideológica. En consecuencia, se tiende a mirar a las insurgencias con simpatía, como jóvenes idealistas, luchadores de la libertad.

Se repite en este caso lo que siempre se hizo con Fidel Castro: aplauden a Marulanda como si fuera Robin Hood y privilegiamos un posicionamiento ideológico aunque no necesariamente coincida con el interés nacional en juego en cada caso.

Y en este caso, hay un interés nacional muy importante que estaba en juego y del que prácticamente no se ha hablado nada: es la defensa de nuestros jóvenes frente a la drogadicción.

Todos hemos escuchado siempre, a todos y cada uno de nuestros gobiernos, que es asunto de la máxima prioridad luchar contra el narcotráfico para prevenir la drogadicción. Es un lugar común de todos los políticos y, desde el punto de vista formal, al menos, se trata de otra política de estado: no hay gobernante argentino que no se comprometa solemnemente a combatir el narcotráfico.

Y es bueno que así sea, porque la guerra contra el narcotráfico la estamos perdiendo, y mal.

Repasemos estos datos simples, que corresponden a la franja etaria de nuestra población entre 15 y 65 años:

Tres de cada cien argentinos consume marihuana;

Tres de cada mil argentinos consume cocaína;

Estas cifras son porcentualmente mayores entre los más jóvenes, lo que aumenta la gravedad del problema y la tendencia, cualquiera sea la edad, es a crecer enormemente en el consumo, no a disminuirlo.

Uno pensaría que nuestras autoridades se encuentran permanentemente alertas para atacar o, al menos, para no aparecer tibios frente a los responsables de semejante daño a los intereses nacionales argentinos.

Tratamos como héroes a los mayores narcotraficantes

Resultado: por un lado, nos comportamos como neutrales frente a las FARC y, por el otro, parecemos ignorar el hecho de que el noventa por ciento de la cocaína que se consume en el mundo proviene de las selvas colombianas, donde las FARC son socias de los narcotraficantes.

Aparentemente, todo el mundo, menos nosotros, ya se ha dado cuenta de que el factor ideológico de las FARC prácticamente ha desaparecido, que sus posibilidades de triunfo militar o político son nulas y que solo sobreviven como guardaespaldas de los productores de cocaína.

Y sin embargo, aún se tiende a considerarlos un movimiento básicamente político e idealista, ignorando el hecho de que envenenan crecientemente a miles y miles de argentinos. Y, encima, cuando la excusa de su proyecto supuestamente idealista ya no existe más.

Allí, en ese dato, hay un interés nacional a proteger. Cada uno de nosotros está en condiciones de llegar a la conclusión de si lo estamos haciendo o no.

En los próximos días, semanas y meses se producirán variantes respecto de Betancourt, Sarkozy, Chávez, etc. Y seguramente presenciaremos el desarrollo de nuevos rounds con participación de nuestro gobierno. Son temas que seguramente repetirán su gran atractivo mediático.

Lo que en este acto me permito recomendarles es que, si de la defensa del interés nacional argentino se trata, el más importante en juego es el que menos se menciona y el que más deberíamos vigilar: si Argentina va a ponerse firme frente a todas las violaciones de los derechos humanos y los principales proveedores de la droga que envenena cada día a más argentinos, no importa si el responsable cuenta con nuestra simpatía ideológica.

Si resultara lo contrario, estaríamos asistiendo a una gravísima degradación de uno de los pilares de la política exterior e interior de la Argentina, que es la defensa de los derechos humanos y a un grave incumplimiento de nuestra responsabilidad frente a nuestra juventud, cada día mas perjudicada por las drogas.

La definición de una correcta política exterior supone la previa identificación de los interesas nacionales en juego.

En esta tribuna a la que ustedes han sido tan amables de invitarme, me permito señalar que, en este caso, en los días por venir prestemos atención al aumento de la repercusión mediática del caso de Ingrid Betancourt y los esfuerzos del gobierno francés, que debemos acompañar. Pero, además, que vigilemos que el accionar del gobierno nacional, que nos representa a nosotros, que somos argentinos y no franceses, no se limite simplemente a calcar automáticamente lo que haga el presidente Sarkozy. Porque la correcta defensa de los derechos humanos nos obliga, a nosotros, pedir con la misma fuerza por todos los secuestrados y, en todo caso, ocuparnos como corresponde del secuestrado argentino.

Los argentinos debiéramos debatir y ser escuchados en un momento en que la Argentina tiene que optar entre la solidaridad ideológica con las FARC o nuestra imperiosa necesidad de proteger a nuestros jóvenes de los estragos de la drogadicción.

Alberdi decía que los argentinos carecemos de la inteligencia de nuestros propios intereses. Es urgente que empecemos a aprender, porque las sociedades que no saben definir lo que quieren, terminan aceptando lo que les imponen desde afuera.

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