Opinión Internacional

Deserciones tempranas

Recuerdo hace unos años cuando el partido aprista ganó las elecciones presidenciales en Perú, hacia donde uno preguntaba había un orgulloso elector de su voto ganador. Tras la debacle económica que significó el final del “Inti” como moneda, muerta en un homicidio culposo de hiperinflación de más del millón por ciento, el elector aprista se esfumó. No importaba a quien uno le preguntara, nadie había votado por Alan García y su alianza revolucionaria.

El mismo fenómeno parece ocurrir a los que hace unos meses apoyaban a George Walker Bush en su guerra contra Iraq, del 50% de apoyo en enero ha caído a algo menos del 30% según varias encuestas norteamericanas. Las dificultades para lograr la victoria y la incoherencia política esta haciendo mella en una posible reelección que se avecina. Los columnistas que escribían sobre una “victoria indudable” no dicen esta boca es mía, han desertado.

Igual, los turcos que antes veían su futuro ligado a Occidente no parecen gustarles las consecuencias. Los asesinos terroristas de Al Qaeda han dicho que convertirán a Estambul en una gran bola de fuego. Las marchas ciudadanas no se han demorado y han asaltado las calles de la capital con una mezcla de rechazo al terrorismo genocida y al gobierno.

La cosa está de temblar, mientras se producía en Londres la cumbre entre Bush y Blair, el “Daily Mirror” publicaba la nota del reportero Ryn Perry que burló durante dos meses consecutivos los sistemas de seguridad en el mismo corazón británico, Buckingham.

España está en la lista de países que serían ensangrentados por esta pandilla asesina de Al Qaeda. ¿Cuántos salieron a protestar por el apoyo del gobierno de Aznar a la coalición? ¿Qué hizo el ciudadano común y corriente para detener esta aventura bélica? El que calla otorga.

Después del ataque de agosto a la sede de la ONU, con el fallecimiento de 22 personas, incluido su director, el brasileño Sergio Viera de Mello, el gobierno español comenzó a tomar medidas de evacuación militar, la política del envalentonado no duró mucho. La Isla Perejil es su techo.

Democracia no es un sistema político abstracto, es más que nada un estilo de vida que conlleva responsabilidades, quienes callaron o apoyaron la aventura militar piden en este momento la cabeza de sus líderes y lloriquean por las consecuencias. Sus políticos actuaron basados en ratios de apoyo popular que contaba una posible acción militar. La democracia es una retroalimentación y eran muchos, demasiados los norteamericanos que querían dar una lección al mundo y advertirles que no serían burlados otra vez. Los otros, países oportunistas que querían aprovechar una coyuntura para ganar peso geopolítico y obtener algunos contratos multimillonarios en reconstrucción e inversión petrolera. Lo único asegurable es que el precio del barril sigue estable y el de los ataúdes está en alza. La democracia para ser válida merece ciudadanos consecuentes. Hay vacantes.

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