Opinión Internacional

Deuda pensional y equidad social

A la reforma pensional y tributaria le espera un período legislativo
duro
de roer. Y las cartas del gobierno se muestran sin confusión: un IVA
generalizado de 4% a los productos básicos y un impuesto a las
pensiones
superiores a 4 salarios mínimos. Los críticos juzgan limitadas las
medidas
de tal ajuste. En realidad es difícil enfrentar la enredadera de
regímenes
especiales que hay en el sector público y las ganancias desmesuradas de
los Fondos Privados.

La deuda pensional tiene la forma de un círculo cuadrado. Por el lado
del
régimen pensional del Seguro Social el valor del pasivo a cargo de la
Nación alcanza el 161.2%. Apenas el 18% pertenece a estratos de
ingresos
menores. El gobierno gasta 4.5% del PIB en subsidiar a un millón de
pensionados de los cuales una parte pequeña pertenece a los sectores
más
pobres de la población. Gasto que contrasta con el 3.7% destinado a
educación o el 2.7% que se destina a la salud pública. En suma,
llevamos a
cuestas una deuda de los padres, trasladada a los hijos, nietos,
bisnietos. Y se pagará cuando todos estemos bien falleciditos.

¿Cómo corregir estas distorsiones intergeneracionales? Cuando haya una
correlación entre la plata que se tiene prometida a los jubilados del
futuro y la plata que se va a recoger mientras tanto. Es decir,
posiblemente, nunca. Excepto que se puedan introducir cambios
significativos tanto en la edad de jubilación así como en el monto de
las
cotizaciones. El problema será amarrar el sistema pensional al salario
mínimo, pues como se ha hecho ver cada vez que se toca el salario
mínimo,
estamos tocando la carga y el pasivo pensional.

La deuda pensional es un típico caso de autofagia. En donde las
respuestas
están representadas por los mismo problemas. Y los aumenta. Se pensó
que
si los nuevos trabajadores colombianos entraban al sistema de
capitalización individual mediante sus aportes a los Fondos Privados,
estos resolverían en el mediano plazo la deuda retrospectiva. No fue
así
porque tales Fondos se han convertido en parte del problema. La tierra
prometida del bienestar de largo plazo no es ni mucho menos tan
convincente.

Porque la deuda del ISS parece insuperable en el corto plazo. Y las
soluciones al colapso sobre la economía en general no parecen tampoco
convencer a todo el mundo. En parte porque el Estado trata de desligar
sus
responsabilidades, al no intervenir con criterios de equidad en el
negocio
que han montado los particulares desde la vigencia de la Ley 100, y
porque
destina las condiciones de solución en manos de todos los
contribuyentes.

Vamos del Estado Comunitario hacia el Estado Mínimo. Desde Uribe Vélez
hacia el finado Robert Nozick.

¿Cómo pueden los trabajadores de menores ingresos pagarle a un sistema
tributario que ha dado ventajas y ganancias a unos pocos? ¿La
generación
del presente cargar con los pecados de la generación pasada? El
problema
central proviene entonces de las relaciones entre deuda pensional y
equidad social. La deuda, digámonos la verdad, no se paga tampoco
inscribiendo más gente en el ISS. Hablando prospectivamente, cada
afiliado
nuevo, si mucho, se pagaría a sí mismo su jubilación. Sin ayudar a
pagar
la deuda vigente.

Dónde reside entonces la clave. Con respecto a este tipo de reformas ha
comentado Rudiger Dornbuch, que son necesarias dos medidas. Primero,
contener las obligaciones siempre crecientes. Segundo, es necesario
aumentar fuertemente los ahorros, no sólo mediante recortes en los
gastos
del gobierno central, sino también mediante el aumento del ahorro
privado.

Ahora bien, tales ahorros no deben pagarse al gobierno en forma de
impuestos sino en cuentas de alta calidad bajo administración privada.

De
este modo, el ahorro privado no se distrae automáticamente hacia la
financiación de los demás déficit presupuestales.

En el caso colombiano tendríamos por lo menos dos nudos que desatar.

Primero, que las proyecciones futuras no contengan el déficit
operativo,
que puede pasar de $3.7 billones en 2004 a $8 billones en 2014. El
segundo, que la capacidad de ahorro del trabajador en las actuales
circunstancias es casi nula. Por lo cual, la deuda pensional y las
reformas que se lleven a cabo para mitigarla, como ya lo escribiera el
Ministro de Hacienda en estas páginas, penderá como una espada de
Damocles
sobre la cabeza de los contribuyentes. Por entonces Alberto
Carrasquilla,
creía que la deuda era relativamente barata. Ahora nos costará un ojo
de
la cara.

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