Opinión Internacional

Disparates trasnochados, inflación e inseguridad

“La verdad se corrompe tanto con

la mentira como con el silencio”

Marco Tulio Cicerón

¡Cuánto trabajo dan estos “jóvenes idealistas”! Uno de los peores pecados que cometemos todos los “opinadores” es el de autorreferenciación. Sin embargo, debe sernos perdonados porque, lamentablemente, los K nos obligan a ello por la reiteración permanente de los mismos disparates. Ya venían tratando de hacernos retroceder el reloj de la historia a los 70’s y, como si eso fuera poco, ahora pretenden llevarnos a los 50’s

Hoy, sabiendo que mereceré las peores críticas en ese sentido, llegaré al colmo en la materia.

Cuando el Diputado moyanista Héctor Recalde –por si no lo ubican, es el padre del Presidente de Aerolíneas, ese que, como su compañía gana mucho dinero, se dio el lujo de fletar un avión para asistir, con sus amigos, a un partido de fútbol en Montevideo- presentó el ahora meneado proyecto de distribución de ganancias de las empresas entre los empleados, publiqué una nota, que puede leerse en mi blog, a la que titulé “¡Cierren Ezeiza”!.

En ella alertaba sobre el riesgo potencial de choques de aviones en nuestro aeropuerto internacional por el tráfico que producirían tantos jets con inversores tratando de llegar primeros a la Argentina a traer sus ahorros.

Realmente, es notable. Hace mucho, en otra nota cuyo título ya no recuerdo, incluí un diálogo imaginario entre un alemán, teóricamente recién llegado de unas vacaciones en nuestro país, y su banquero que, creo, vale la pena reproducir ahora.

–      Acabo de llegar de Argentina. ¡Qué país más bonito, prácticamente vacío y lleno de gente maravillosa! Tengo la intención de invertir en él.

–      Me parece una estupenda idea. Sin embargo, debe tener Ud. en cuenta que allí no se respetan los contratos …

–      ¡Bueno, si sucede eso, recurriré a la Justicia!

–      Es que la Justicia allí no funciona, porque la controla el Poder Ejecutivo que es, precisamente, el que rompe los contratos…

–      Eso será si invierto en concesiones de servicios públicos porque, si sólo actúo en el ámbito privado, nada podrá decir el Ejecutivo …

–      No es así. Aparecerá un tal Guillermo Moreno, que le ordenará que abra sus números y le dirá cuánto puede Ud. ganar.

–      ¡Caramba! Supongo que sólo le preocupará si fabrico artículos que tengan que ver con el índice de precios al consumidor pero, si fabrico copas de cristal, por ejemplo …

–      En ese caso, nadie podrá garantizarle que dispondrá del gas y de la electricidad que su fábrica necesite.

Ese era, palabras más o menos, el diálogo original. Hoy, con el proyecto de Recalde, que apoyan la Presidente y Moyano, el panorama se ha agravado sensiblemente.

Como explicó Roberto Cachanosky, si se transforma en ley, veremos que los obreros son socios en las ganancias y, en caso de pérdidas, éstas deberán ser soportadas por el empresario exclusivamente.

Además, la iniciativa de don Héctor contempla que los obreros puedan revisar la contabilidad de las compañías, y hasta participar de sus directorios, montando un sistema que, fatalmente, terminará en la implantación de soviets en cada fábrica. ¡Si esto no es ir a contramano de la historia (pretende retrocederla hasta 1917) debo estar loco!

Lo más grave es que estamos en una época, tan frecuente en la Argentina, de alta inflación. Y ésta se está produciendo, entre otras razones, por la feroz incentivación del consumo que está imponiendo el Gobierno con miras a las elecciones del año próximo, que aumenta la demanda mientras que la oferta no crece, precisamente, por falta de inversión.

Es obvio que, si se mira la construcción de viviendas y oficinas, podría pensarse que estoy equivocado, ya que se ven grúas por todos lados, pero no se trata de inversión productiva (en bienes de capital, para producir más y mejor) sino en ladrillos, esos que la gente busca para desprenderse de los no queridos pesos.

¿Puede alguien suponer que, con proyectos como los de Recalde, o la cancelación de la licencia de Fibertel, o el bloqueo a las fábricas de Techint, vendrán esas inversiones, tan indispensables?

Kirchner –don Néstor, para sus amigos- es un tipo muy especial. Sólo piensa en el hoy, sin planificar nunca el mediano y el largo plazo, cuando adopta medidas económicas.

Ya lo hizo cuando prohibió las exportaciones de carnes. En ese momento, en una nota llamada “Lo inexplicable …”, aseguré que la decisión era pan para hoy y hambre para mañana, y no encontraba una razón que la justificara, toda vez que –suponía- Kirchner se presentaría a la re-elección. También dije, en el mismo artículo, que a don Néstor no lo echaríamos con cacerolazos o carritos de supermercado y, ni siquiera, con votos.

Como resultó probado, esa prohibición –totalmente irracional, pues los cortes que se exportaban no eran los que se consumían en la Argentina- traería aparejadas las reducciones de los rebaños, la escasez y el consecuente aumento de precios y la necesidad de la importación.

Hoy estamos, exactamente, en lo mismo. Si don Néstor pretende en serio ganar las elecciones, tendrá que pagar el precio de tantos disparates. Deberá lidiar con la alta inflación, con los precios retrasadísimos de los servicios públicos, con el impagable festival de subsidios, con una presión tributaria elevadísima, con un 40% de la población bajo la línea de pobreza, con la imposibilidad de acceder a los mercados internacionales de crédito, con la desfinanciación de la Anses, etc., etc.

Sin embargo, está haciendo todo lo contrario a lo que debiera, pues todas estas medidas, en especial el proyecto de Recalde, tienden a espantar aún más a los ya aterrorizados inversores potenciales, sean éstos nativos o extranjeros.

Cambiando de tema, hablemos un poco de la terrible inseguridad ciudadana que hoy se ha transformado en la principal preocupación de los argentinos, que ven caer, todos los días, amigos y parientes por el pavoroso incremento del consumo de drogas.

Sugiero realizar un cambio profundo, tanto en las policías cuanto en la Justicia. No se trata de modificar las leyes penales o procesales –salvo para crear, de una vez por todas, un fuero penal juvenil- sino de aplicarlas.

Propongo que los policías de todo rango residan, obligatoriamente, en la jurisdicción en la que trabajan, y que los comisarios, sus jefes, sean elegidos periódicamente por el voto de su comunidad. Esto permitirá, sin dudas, controlar eficazmente tanto la prestación del servicio cuanto el enriquecimiento ilícito producto de la complicidad y de la protección al delito.

¿Cómo puede ser posible que el común de la gente sepa quiénes venden drogas y dónde lo hacen y la policía no se dé por enterada? Si todo el mundo sabe dónde están los desarmaderos de autos, ¿por qué no se termina de una buena vez con esa actividad?

Hay un proyecto de ley circulando que prevé la prohibición de comprar repuestos usados. ¿Alguien pensó que podrá concretarse? ¿Alguien imaginó que no se creará un mercado negro de mayor envergadura aún, cuando los repuestos originales cuestan hasta diez veces más caros? Lo que hay que hacer es regular la actividad, transparentarla, no intentar impedirla, y combatir férreamente las violaciones.

Propongo lo mismo para los fiscales y jueces de primera instancia. Ellos, y no me refiero exclusivamente al fuero penal, también deberían vivir en el lugar en que ejercen su oficio y ser elegidos por el voto de sus pares, los ciudadanos. Esto no solamente permitirá aliviar y descentralizar el ejercicio de la Justicia, sino que pondrá saberes y patrimonios bajo el permanente escrutinio de la comunidad.

El control de legalidad de las decisiones sería ejercido, como hoy, por las respectivas cámaras de apelaciones, que serían integradas, en esta reforma ideal, por quienes ascendieran por la calidad de su desempeño en la instancia anterior, calificados por sus iguales.

Se obtendría así una verdadera Justicia independiente, seria y eficaz y, sobre todo, incontaminada de corrupción. Recordemos que, como digo siempre, con una Justicia así, todo será posible; sin ella, nada lo será.

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