Opinión Internacional

E-volivia

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Buenos Aires (AIPE)- El mundo progresa tecnológicamente, hoy todo es electrónico: e-mail, e-commerce, e-books, e-bay, etc. ¡Y ahora, para todos, E-volivia!
Sin embargo, no pareciera que Bolivia se modernice mucho. Ni siquiera que esté dejando su récord de país más pobre de América del Sur.

Cuando el 1° de mayo el presidente boliviano, Evo Morales, anunció la nacionalización de los hidrocarburos, orgullosos lienzos colgados en las industrias petrolíferas y bombas de gasolina señalaban «Propiedad de los bolivianos».

Pero, pasados los sesenta días de plazo establecidos en la ley, el Estado boliviano anunció una suspensión del proceso de nacionalización, hasta una reorganización de la estatal Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB). El gobierno admitió pocos avances y dijo que toda la cadena productiva del sector «está temporalmente suspendida, debido a la falta de recursos económicos».

«Para superar esta limitación se gestiona ante el Banco Central de Bolivia un desembolso de 180 millones de dólares, con los cuales YPFB operará en toda la cadena productiva», agrega el gobierno. Es decir, más dinero de los empobrecidos ciudadanos bolivianos para «poner en marcha» una industria que, de hecho, ya venía funcionando en manos privadas.

La verdad es que tampoco parece muy moderno el proyecto de nueva Constitución de Evo Morales. El Estado «es unitario plurinacional, pluriétnico, pluricultural, intercultural y plurilingüe, descentralizado en autonomías territoriales indígenas originarias y campesinas». ¿Qué significará todo esto?
En cuanto a la propiedad agrícola, «el Estado debe promover la distribución equitativa… las tierras son de dominio colectivo-comunitario, son inembargables, intransferibles, indivisibles y exentas de pago de impuestos». Y continúa, «el Estado reconoce la propiedad particular siempre que el propietario trabaje personalmente su tierra… se prohíbe el latifundio y la acumulación de tierra». Es decir, un «moderno» concepto estalinista de la producción agraria.

«El Estado prohíbe la venta de tierra a extranjeros», remata. Evo Morales, al celebrar en las ruinas de Tiwanaku la llegada del año 5514 del calendario aimará, dejó claro que su gobierno está afinando una estrategia para desalojar a 200 hacendados brasileños asentados «ilegalmente» en municipios fronterizos, ocupando 600 mil hectáreas. El objetivo es «sentar soberanía» hasta 50 kilómetros de la frontera.

Así las cosas, evidentemente el nombre de E-volivia no se condice con la modernización sino más bien con el «carisma» personal de Morales. Ya había amenazado con cerrar el Congreso. Luego, durante la inauguración de la Asamblea que en un año deberá redactar la nueva constitución, aseguró que «esta Constituyente debe tener todos los poderes… por encima del Congreso Nacional, por encima del poder judicial» y solo le falta aclarar que él, personalmente, maneja esta Asamblea.

Por si acaso, dispuso cientos de indígenas campesinos para que operen como una «policía originaria» o «sindical» para «preservar la seguridad» de la Constituyente, al mejor estilo de los soviets leninistas.

El partido opositor Podemos amenazó con retirarse de los debates si el oficialista Movimiento Al Socialismo (MAS) insistía en su proyecto de aprobar la nueva Constitución con el 50% más uno de los votos, y no con los dos tercios del total, como indicó la convocatoria a la Asamblea. Un opositor aseguró que «al tener el MAS el 56% de los constituyentes, introducir esa disposición en el reglamento implica aprobar su proyecto de Constitución».

En un gesto que habitualmente busca homenajear a figuras ya fallecidas, Evo Morales lanzó una edición de tres sellos postales con imágenes suyas. La primera estampilla lleva la foto oficial de Morales que engalana casi todos los despachos públicos; la segunda lo muestra sonriente con el bastón de mando de los indígenas andinos y en la tercera saluda a una multitud.

«Es más importante la frivolidad de la estampilla, la frivolidad de la casa, antes que temas que afectan a todos», señaló un diputado opositor, aludiendo al decreto promulgado por el gobierno declarando «Patrimonio Histórico Nacional» a la vivienda de paredes de barro y techo de paja en la que Morales pasó su infancia en el poblado de Orinoca.

___* Analista político argentino.

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