Opinión Internacional

El acuerdo en Honduras

La visita de una comisión norteamericana a Honduras, presidida por el Secretario de Estado Adjunto Thomas Shannon, permitió  un acuerdo negociado de la crisis política hondureña.

Antes que nada, la misma visita demuestra que la denostada “intervención” del mal llamado imperio norteamericano, por cierto “curiosamente” reclamada por el propio Zelaya y demás voceros del Alba, parece ser todavía necesaria para resolver una crisis en un país latinoamericano.

El acuerdo negociado gira más o menos alrededor del Acuerdo de San José, presentado por el Presidente Arias de Costa Rica. La propuesta incluye, el retorno condicionado de Zelaya a la presidencia, desistiendo de sus intenciones de reformar inconstitucionalmente la Constitución, la estabilidad de las personas en la máxima dirección de las instituciones del Estado, salvo algunos casos, como el de Micheletti, y el respeto al proceso electoral en curso.

Zelaya había aceptado los lineamientos básicos del acuerdo, la resistencia estaba en Micheletti y el grupo más radical que respalda su gobierno. El objetivo de este grupo era hacer pasar el tiempo en negociaciones estériles, hasta llegar a las elecciones, entregarle el gobierno al Presidente electo y esperar que el tiempo obligara a los gobiernos de la comunidad internacional , poco a poco, quien antes y quien después, a reconocer realistamente el inexorable “fait accompli” del nuevo gobierno.

Pero, la presión norteamericana y el sentido común quizás les hizo entender que para un país pobre como Honduras, la pérdida prolongada de la ayuda internacional, de los créditos del BID, del Banco Mundial y las otras instituciones multilaterales, la inseguridad jurídica y la inestabilidad política tienen y tendrían consecuencias desastrosas en la economía hondureña, ya afectada por la crisis internacional. Estas consecuencias económicas tienen efectos políticos.

En Honduras, la izquierda radical, hasta ahora, ha representado un porcentaje mínimo del espectro político y el propio Zelaya, antes de la crisis, no tenía el respaldo de más de un tercio del electorado. El apoyo a la izquierda y a Zelaya ya ha aumentado, pero, en el caso de no darse el acuerdo, el deterioro de la situación económica habría sido “endosado” políticamente al “golpe de Estado” y al nuevo gobierno, aumentando así las perspectivas futuras de la izquierda radical.

Además, el fracaso del acuerdo tendría como un desafortunado “daño colateral”, el ocaso definitivo de la Carta Democrática Interamericana y, en general, de toda la institucionalidad hemisférica, que se hubiese demostrado  impotente para resolver una crisis en un pequeño país, aún con el apoyo unánime de los miembros de la OEA y del resto de la comunidad internacional.

Todavía hay el riesgo que la estupidez descarrile el acuerdo, dado que la restitución de Zelaya en la presidencia deberá ser aprobada por el Congreso, después de una consulta a la Corte Suprema. Espero que Shannon se aseguró que Micheletti haya amarrado a sus “locos”.

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