Opinión Internacional

El Alzheimer del sur

La maniobra del régimen al nivel regional dio frutos, pero también hundió más en el desprestigio a los gobiernos latinoamericanos. Después de mediatizar la acción en la OEA, que solo resultó en una mediocre declaración, el régimen salió victorioso en Unasur. Entre los gobiernos del sur no hubo ni uno que revirara a favor de la democracia y los derechos humanos de los venezolanos.

En la OEA, de los latinos, solo Panamá alzó su voz y la dejó asentada en la declaración –recomiendo leerla. Maduro se opuso a que viniera a OEA pero invitó a los sureños no a mediar sino a que “acompañaran” a su Conferencia Nacional de Paz, que no cuenta con la presencia de la oposición. Los demócratas han puesto condiciones para negociar, que incluyen la libertad de presos políticos, el cese de la represión y el desarme de los “colectivos” o paramilitares.

En Unasur a los paraguayos se les olvidó el affaire de Lugo y el papel de Maduro en él. Los peruanos y los chilenos, ahora con Bachelett a la cabeza, se escudaron en la no interferencia en “asuntos internos”. Los chilenos olvidaron nuestra defensa de su democracia en la época de Pinochet y los incas como Venezuela sola se plantó frente al autogolpe de Fujimori en 1992, mientras el resto de la OEA reculaba. Más grave aún, Daniel Abugattás, quien fue vocero de Humala y presidente del Congreso se atrevió cruelmente a decir -luego de casi 30 asesinados en un mes de protesta- : “Que los venezolanos maten sus pulgas como las tengan que matar”.

El castrochavismo ha urdido una red internacional de reparto de la renta petrolera que junto a Unasur y la CELAC estructuran una urdimbre de deudas y favores a gobiernos, políticos y empresarios, que sostiene al régimen sin importar la violación de los DD,HH. Y esto provoca Alzheimer político.

De Unasur vienen a sabiendas de que el régimen no cumple sus compromisos. Recordemos los de la Mesa de Negociación y Acuerdos que en 2003 firmaron Maduro y otros, bajo la facilitación de la OEA, las NN.UU. y el Centro Carter. Allí se acordó entre otras cosas establecer “un árbitro electoral confiable, transparente e imparcial” y desarmar a los paramilitares. El año pasado fue el acuerdo de Unasur en relación a las elecciones del 14-A donde se acordó la revisión de las votaciones y de nuevo el desarme de los paramilitares. En ambos casos Maduro incumplió.

Lo nefasto de estas posiciones no es tanto que apoyen a este despiadado régimen dictatorial, que ya es bastante grave, sino que se hacen cómplices del agotamiento de las vías democráticas y civilizadas de resolución de conflictos. Pero duele que los políticos que la Venezuela democrática recibió y apoyó en esos tenebrosos años de las dictaduras militares sureñas ahora estén apoyando a la de Maduro.

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