Opinión Internacional

El ángel exterminio

Evo: manda, decide, anula, perdona, permite, instiga, obliga, exige, acusa, determina, domina, evade, atropella, denuncia, condena, confisca, prohibe, elimina, anexa, emplaza, da, quita, somete… y la lista se puede tornar interminable en la cascada del poder que el señor Morales se ha arrogado y detenta a su paso por la presidencia del país, aprovechando la crisis política que le permitió llegar a la primera magistratura.

La crisis política de Bolivia es tan profunda, que Morales, se ha atrevido a tratar de convertir el poder terrenal en mandato divino, utilizando para ello el embalaje indigenista, resabio de una memoria histórica, que vuelve a hurgar el viejo meollo del origen racial, tal como lo hicieron antes otras dictaduras que llevaron a sus pueblos hasta el holocausto de millones, verbigracia Hitler.

Pero para ser justos, debemos admitir que no existirían tiranos o aspirantes a esclavizar a los pueblos, si no hubiera materia disponible que lo permita. Los tiranos se encaraman en los pueblos que no tienen una adecuada fortaleza moral ni discernimiento. Los tiranos se apoderan de las sociedades que no han construido un muro de principios que les cierre el paso. Cuando un tirano se erige, los pueblos dan la magnitud de su fortaleza o de sus debilidades, la medida de una tiranía es la medida de la tibieza, de la desidia, de la inmoralidad, de la falta de principios de quienes acceden, de quienes le abren paso, de quienes se convierten en llaves maestras y también en vaginas complacientes que se ofrecen a dejarlos entrar o penetrar, para que violen los principios, las leyes y conviertan a los pueblos en legiones de eunucos y serviles esclavos.

Pues bien, creemos que Bolivia está dando la medida del abismo de su crisis política y social, pues los poderes del Estado caen uno y otro mientras los que deberían resguardar las instituciones, políticas y sociales se convierten en estatuas de sal en la medida en que se vuelven a contemplar el espectáculo de Sodoma y Gomorra y no salen sin mirar atrás como lo hicieron los justos que cumplieron el mandato del ángel exterminador, tal como nos lo graficó ese hermoso y ejemplarizador pasaje bíblico, en el que Dios ordenó que los justos salgan sin volverse a escuchar a los que habían pecado, a los que habían transgredidos los principios morales que debían haber sido el resguardo y los cimientos de la gran ciudad.

La política no puede ser el arte de los malvivientes, no puede seguir siendo una práctica de mentiras y engaños. Los ciudadanos necesitamos volver a los principios rectores del bien y el mal. No se puede hacer la vista gorda a lo que es una simple patraña y una práctica para ganar por la manipulación y el asalto.

Lastimosamente las prácticas del gobierno avanzan, porque la oposición y los lideres que deberían trazar una línea entre el bien y el mal no se atreven a hacerlo con la firmeza que el momento político requiere. Una y otra vez vuelven a mirar a atrás, escuchan el llamado del mal que les pide que se queden con ellos, que les promete el placer de creerse reyes, superiores a los ciudadanos de a pie. Este es el motivo por el que hoy tenemos una galería de estatuas de sal y nuevos candidatos a seguir engrosando las filas de este tenebroso museo de la traición, por la que muchos buscan argumentos que les ayuden a esquivar el jugarse por la justicia y por las leyes, por el sagrado mandato de servir a su sociedad antes que a sí mismos.

En la Bolivia actual ocurren cosas insólitas, leyes que se despedazan y desechan como papeles sin valor. Poderes del Estado que se dejan vulnerar, se dejan cercar, se entregan, se regalan, se sientan a tomar café con el vicepresidente para que este los encierre y haga de las suyas. Firman convenios que saben que los que gobiernan romperán al día siguiente, se prestan a parodias de diálogos, aceptan títulos de comités y comisiones políticas, civiles, etc, que sólo sirven para darle gusto a la lujuria del poder que no se sacia con comerse a todos, y que aunque no lo crean se los engullirá a ellos también con maletines y promesas incluidas.

Los ogros y los cíclopes sólo pueden ser engañados por los virtuosos, dejemos de jugar a los inocentes, dejemos de jugar a los que no sabemos lo que está ocurriendo, a los que no podemos contra el poder que nosotros mismos estamos otorgando con nuestras acciones.

Nosotros vimos nacer los Estatutos Autonómicos, los vimos crecer, los vimos levantarse como una bandera frente al totalitarismo. Los Estatutos no son un factor de desunión, sino el único recurso capaz de unificarnos como país bajo el principio de respeto y la mesura que debe tener la redistribución del poder. Los que los cuidamos, los regamos y los abonamos con los solazos de los cabildos, también los defenderemos y nos convertiremos en el escudo que no permita que los rinocerontes los pisoteen en estampida.

Como en la vieja y sabia historia bíblica Dios enviará al Angel exterminador y este no nos dará otra opción que salir como justos, sin voltearnos a jugar con el mal, a escuchar el llamado de las tinieblas, o finalmente engrosar la galería de las estatuas de sal, que pierden el alma, que han decidido seguir jugando con el dolor y las desventuras de sus pueblos.

Busco un hombre justo, decía Diógenes en la lucidez de su locura. Las armas y la mano de los que quieren romper nuestras vidas justas, no pueden callar nuestras bocas y nuestras voces que sólo demandan justicia.

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