Opinión Internacional

El Brasil de Lula es una fábrica de millonarios

Por año, unos 23.000 brasileños se suman al selecto club

«Envidio la clase empresaria que tiene Brasil, cuya autoestima y energía positiva ayudan a construir un país», dijo Cristina de Kirchner apenas llegada a Recife el sábado. No es para menos. De acuerdo con un estudio de Merrill Lynch y la consultora Capgemini, en 2007 se incorporaron 23.000 brasileños más al rubro «millonarios». En Brasil, el total de magnates con más de un millón de dólares en su haber ya llega a las 143.000 personas . Cerca de 80% de esos «millos» pertenece a la envidiada clase empresarial.

En el ranking 2008 de la revista «Forbes», entre los 500 más ricos del mundo (que superen los 1.000 millones de dólares) aparecen 18 brasileños. En promedio, tienen un patrimonio de 3.600 millones. Sin duda, el más poderoso de Brasil y de América del Sur es el empresario Antonio Ermirio de Moraes , el dueño de Votorantim. Se calcula que su fortuna personal supera los 10.000 millones y «Forbes» lo ubica en el puesto 77º de su lista de megarricos.

El ingeniero mecánico paulista Moraes es, además de autor de tres piezas teatrales y miembro de la Academia Paulista de Letras, el empresario más respetado de Brasil. Con 79 años, tiene a tres de sus nueve hijos trabajando en el gigantesco conglomerado Votorantim, que abarca no sólo la siderurgia, sino construcción, minería, celulosa, energía, banca y transporte. El holding comenzó hace 90 años con la hilandería fundada por su abuelo; hoy apuesta a la diversificación en un conjunto de activos que supera los 60.000 millones de dólares y ventas que en 2007 alcanzaron 21.000 millones. En Bragado, provincia de Buenos Aires, Votorantim Metais adquirió este año 52,9% de AcerBrag, la tercera mayor productora de aceros largos de la Argentina.

Contraste

En lo que hace a vida personal, el caso de Eike Batista aporta un contraste fuerte y menos reposado. Empresario de la nueva generación, de 50 años de edad y una fortuna estimada en u$s 6.700 millones, Eike reside en Rio de Janeiro. «Forbes» coloca en el puesto 142º a este divorciado con escándalo de una belleza carioca que posó desnuda para «Playboy», y que fue -como Daniel Scioli en los 90- campeón en carreras de lanchas offshore. Abandonó sus estudios universitarios para incursionar en la exploración minera. Hizo su primer negocio en las minas de oro (de allí la leyenda de que Eike es un Midas del Brasil actual, que todo lo que emprende se convierte en oro).

Hoy sus compañías (todas llevan una X en su nomenclatura, como la petrolera OMX, la minera MMX, la empresa en energía MPX, la transportadora LLX) son líderes en Brasil, pero además tiene inversiones mineras en Chile, Bolivia, Venezuela, Canadá, Asia y Africa. Sabe convertir en pingües negocios la exploración minera de cobre, mineral de hierro y bauxita. Quienes lo critican en el mundo empresarial alegan que el «oportunismo» de este magnate viene de los «tips» que le pasó su padre Eliezer, ex ministro de Minería de Brasil y dos veces presidente de Vale, la minera brasileña ranqueada como la segunda del mundo.

Odebrecht es conocida en la Argentina: construyó la hidroeléctrica Pichi Picún Leufú y es una de las licitantes en el proyecto de Tren Trasandino. Está considerada la 21ª entre las 225 mayores constructoras globales y, según la brasileña «Exame», facturó en 2007 por 18.644 millones de dólares. Su actual presidente del directorio, el ingeniero Marcel Bahía Odebrecht , pertenece a la segunda generación de la familia en el conglomerado y no aparece, como Eike Batista, en las revistas del jet set.

El bahiano Marcel Odebrecht estudió prolijamente en Salvador de Bahia y en Suiza, se desempeñó en varios puestos en la constructora y hoy preside, además de la petroquímica Braskem, ETH Bioenergia, la recién constituida empresa de azúcar y alcohol.

Queda, para el final, una mujer, considerada «la» heredera de Brasil. Es Lily Safra , la viuda de Edmond, el banquero de origen judío libanés muerto misteriosamente en Mónaco en 1999. Lily, criada en Brasil e hija de un empresario ferroviario inglés y una rusa, tiene 72 años, y vive entre Montecarlo, Londres y Nueva York. Es una verdadera «socialite», que jamás falta a ninguna fiesta de la «high» o gala de beneficencia. Pero además, la viuda de Safra es una filántropa reconocida en la colectividad judía mundial.

La vida de Lily -al menos en lo matrimonial- ha sido bastante azarosa. A los 19 se casó con el argentino Mario Cohen, dueño de un emporio de medias y calcetines. En 1965, divorciada, fue por su segundo marido, Freddy Monteverde, un magnate brasileño con inversiones en la distribución eléctrica. Después de su suicidio, él le dejó una herencia de u$s 300 millones, una nimiedad comparada con los u$s 1.200 que encontró Lily en su cuenta bancaria después de la muerte de su cuarto marido, Edmond Safra , el fundador del banco homónimo, que hoy está considerado el N°10 de Brasil.

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