Opinión Internacional

EL condor pasa

Como si se tratara de un film en el que existen vaqueros e indios en papeles
de buenos y malos, según las versiones y las ópticas que retratan una y otra
realidad, se dio el encuentro entre el presidente Morales y los
representantes de las instituciones cruceñas. El presidente sólo se sentó a
inaugurar el evento y luego dejó a su gabinete sesionando, por lo que la
película quedó en proceso de rodaje sin llegar al capítulo final de
conclusiones. Lejos estamos del final feliz que muchos esperan, no hubieron
propuestas para hablar de lo que harán los vaqueros a futuro, porque el gran
cacique de los picos nevados de los Andes, ve con absoluta indiferencia lo
que ocurre en estas llanuras en las que el exceso de oxígeno no frenó el
apuro de los vaqueros que preguntaban por un proyecto productivo, por los
afanes reeleccionarios, por las propuestas de autonomías con las que el
presidente ha puesto un poncho rojo sobre el país. El presidente Morales, en
el papel de gran cacique Condor Pasa, se acaloró con los vaqueros cuando le
pidieron que permaneciera hasta encontrar algunas soluciones o encontrar
puntos de acuerdo. Argumentó frente a ellos que a las cinco de la mañana
tenía que sesionar con su gabinete itinerante en la ciudad de La Paz sobre
el veto a la altura, tema que en el momento se ha constituido en la piedra
filosofal de la alquimia andina que plantea la industrialización de la coca,
el derecho a la altura, el football de altura que no sabemos porque motivo
no ha sido vetado como un deporte colonizador, quizás porque al presidente
Morales le apasiona este deporte y por lo tanto lo que a él le gusta
automáticamente deja de ser parte de las secuelas de la colonización. Esto
nos hace pensar que ahora la guerra será con la FIFA que encarnará el
espíritu capitalista del colonialismo externo, pasando a ser blanco de un
mayor ataque que las empresas transnacionales. Pero volvamos al disgusto,
pues cuando el presidente habló de que él y su gabinete estarían ocupados
con el veto a la altura, se escuchó un abucheo, y el presidente ofendido
soltó una resentida respuesta en tono de niño agredido: Ahora me silban, me
abuchean, antes me pegaban, me arrojaban con huevos, me pateaban, me dejaban
la cara hinchada. Este fue el momento de mayor dramatismo en el rodaje,
porque los vaqueros hicieron un silencio sepulcral, no hubieron disparos de
pistolas de ninguna índole, le hablaron con buenas maneras, interpusieron
sus mejores modales, porque el Capitán Condor Pasa estaba a punto de
marcharse, había entrado en el tono lastimero de identificar a sus
agresores, el pobrecito, hueveado, hinchado, qué tragedia para los vaqueros
el haber nacido en la llanura y gozar de los galopes a caballo, de las
pampas, de arar la tierra, romperse las manos solos, aguantar riadas, salir
adelante sin que los Andes se enteren que esto cuesta mucho. Pero en el
guión del Presidente ellos no tienen a quien reclamarle nada, no son hijos
más que de sí mismos, y esto es grave en un país que ahora se ha vuelto
originario, que apela a una casta de paternidad en la que nadie es lo que
llega a ser por si mismo, sino que tiene que estar ligado a un clan, el del
Condor, el de la Llama, nada de clanes de toros o de caballos o de chuubis,
estos no tienen valor. Bueno la película quedó sin un final, nada augura
soluciones. El poder judicial cumplió su paro, pero los del gabinete
hablaron de un paro inconstitucional, de que hay que hacer una profunda
reforma en el poder judicial. Todos los poderes en manos del Condor Pasa,
esto es muy grave y los vaqueros no han reaccionado. Están desconcertados,
uno se fue a inaugurar obras con el presidente, pero luego tiene que volver
a su pahuichi y cerrar la boca, bien cerrada porque esta es la consigna que
ha bajado de la altura de los Andes.

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