Opinión Internacional

El dinero no siempre manda

El reciente retiro de la contienda republicana del multimillonario Steve Forbes y las derrotas que acaba de experimentar el otrora favorito George Bush en las primarias de Michigan y Arizona, unidas a la de New Hampshire hacer diez dias, nos dice que incluso en Estados Unidos, donde las elecciones casi como en ninguna parte tienen mucho de espectáculo, el dinero no lo es todo, ni asegura el triunfo para nadie.

Bush, actual gobernador de Tejas, se caracterizó durante el año pasado en ser el más grande recolector de fondos que haya tenido la historia de EEUU, al haber reunido, antes de la fecha prevista en su cronograma electoral, casi 80 millones de dólares, al punto que terminó declarando que ya no necesitaba más. Su liderazgo, su condición de gobernador de uno de los estados más grandes y ricos de la Unión, como el de Texas, y esta peculiaridad, lo ubicaron como el favorito entre los favoritos, casi un imbatible.

Pero he ahí que su aún mayoritaria popularidad esta empezando a ser horadada sostenidamente por el senador John Mc Cain, un conservador ex prisionero de guerra ( ex POW, como se dice allá) que tiene un discurso anti establishment, pese a ser en sí mismo miembro de la cúpula política de Washington y conspicuo de su conservador partido político.

Sin embargo, no deja de ser un outsider o un político por su cuenta. Alejado de las grandes maquinarias electorales que para el caso se han alineado con Bush, Mc Cain ha construido sólo, con un puñado de incondicionales, un discurso agradable para el elector republicano que no cuestiona la política económica de Clinton y los demócratas tanto como su moralidad y su apego a los valores familiares y patrióticos, valores que como sabemos, fueron tirados al canasto en medio de las agrias revelaciones del caso Lewinsky.

Por eso los analistas conceptúan que un conservador riguroso, más acartonado que Bush, menos juvenil y menos simpático, es la mejor antítesis a un demócrata como Gore que si bien es cierto no esta afectado en su honorabilidad personal, sufre el embate que afecta a su amigo y aliado, el presidente Clinton. Bush ha terminado pareciéndose demasiado a su eventual rival demócrata y, como esta vez el norteamericano no votará en señal protesta ni tampoco con el estómago, una vuelta a valores tradicionales de parte del electorado derechista es altamente probable.

La lección es en sí importante. Más que atiborrarse de dinero, los políticos deben saber interpretar qué quieren sus electores y convencerlos que él será su guía.

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