Opinión Internacional

El Humanitarismo en Crisis

El panorama mundial ha cambiado, acercándonos por un lado –vía globalización- lo que es una ventaja y también masificando los riesgos, lo que es una desventaja. Todos escuchamos de crisis humanitaria, una realidad que ha golpeado diversos escenarios, lo cierto es que el humanitarismo en sí mismo está en crisis. Esto puede haber ocurrido por la sobredimensión de casos que han estallado tras la Guerra Fría o porque estaban cautelosamente disfrazados en políticas asistencialistas y el fin de los bloques rivales no requiere calma, ni más aliados. La geopolítica de Blanca Nieves y los ciento cuarenta y nueve enanitos es así.

El ex director del Internacional Rescue Committee, H. Roy Williams lo plasmó en blanco y negro al decirlo así: “Las organizaciones humanitarias no somos capaces de afrontar las crisis que vemos en nuestro alrededor” Tal como lo cita el nuevo libro de David Rieff “Una Cama por una Noche” el mismo que concentra y revela la experiencia de un periodista que ha cubierto guerras y avalanchas de refugiados en todo el mundo y como se descubre igualmente en otra obra “The Selfish Altruist” (El Altruista Interesado) nos zambulle en conversaciones descarnadas de quienes integran las fuerzas más prestigiadas o de apariencia reputadas.

David Reiff, además autor de “Matadero” nos revela como los grupos de socorro fueron convirtiéndose en estrategas, médicos e ingenieros civiles que ayudaron a edificar el genocidio de Ruanda. Tim Schmlatz un voluntario de IRC abandonó su casa en el norte de California y se dirigió con premura al Congo para ayudar. Al concluir su misión manifestó: “¡Vaya, me he estado rompiendo el espinazo por un puñado de asesinos con hachas!”

He escrito en varias ocasiones que el voluntariado es la fuerza telúrica de las naciones, una fuerza invisible e inagotable, idealista por antonomasia. Sin embargo, en los últimos años los voluntarios se han convertido en los nuevos tontos útiles o mejor dicho en los tontos más útiles, pues su formación los convierte en una herramienta formidable para el mal, cuando éste los logra manipular.

¿Es dificultoso utilizar a voluntarios y personas altruistas y ponerlas al servicio de políticas genocidas? Veámoslo así, un responsable de Oxfam afirmó durante su experiencia en Ruanda que tenía como único cometido tapar agujeros con cadáveres. La doctrina de “El derecho de abstenerse” como lo manejó desde entonces Médicos sin Fronteras apuesta por un voluntariado informado, consiente, instruido y poco inocente.

Lo que ocurre cuando el voluntariado está desinformado, colmado por ignorantes y moralmente flexible es lo anterior. En los últimos años he atestiguado muy preocupado la forma en que el Cuerpo General de Bomberos Voluntarios del Perú y su diabólica cúpula, enquistada 30 años, asumía un rol monstruoso durante los últimos días de la dictadura de Fujimori. Ordenaba ocultar el tradicional uniforme rojo cambiándolo por un desconocido celeste sin emblemas ni insignias y se deslizó entre las sombras para ejecutar operaciones especiales en el Palacio de Gobierno. Durante los incendios masivos que sufrió la ciudad de Lima como protesta de un tercer mandato de Fujimori los bomberos para desprestigiar a los marchantes, alegaron falta de garantías para su seguridad personal y se negaron a extinguir los incendios, lo que costó ocho vidas, olvidando que hacia ciento diecisiete años atrás una guerra invasora que amenazó al país y la ocupó por tres años mutilando el territorio peruano, no había amedrentado a los bomberos voluntarios. Declaraciones mal intencionadas y manipuladas no han recibido ninguna sanción. Este cuerpo de bomberos voluntarios pasó de ser benemérito y humanitario a cargar eternamente la acusación de cómplice de asesinatos políticos. Esto no es un hecho aleatorio, habla de la descomposición de una organización que en manos inmorales e inicuas han infectado con alevosía su patrimonio, pervirtiendo la admisión y selección de valiosos recursos humanos, bajando intencionalmente los rangos morales para convertir lo humanista en negociado y lo voluntario en servilismo.

So pretexto de no desprestigiar a las instituciones, improvisados políticos no han investigado al Cuerpo de Bomberos del Perú o han sido condescendientes. Directivos de la misma institución aprovechan esta circunstancia para crear empresas que resultan ser proveedoras de la misma organización.

Este fenómeno no es único y también se ha dado en Chile, en dónde don Octavio Hinzpeter tiene más de una docena de reelecciones. Debe tratarse de un Ser único e irrepetible. El diputado Navarro, sin embargo ha entendido que si queremos que la organizaciones humanitarias funcionen deben ser fiscalizadas, de lo contrario el desvío de su misión es irremediable y los más honrados, como en el caso peruano, terminan hostilizados por una mafia. Arrinconados se van, los convenidos se quedan atrayendo a más seres viles. Así es como una benemérita organización se confabula con el poder y es cómplice de asesinatos. No se trata de ir contra el voluntariado sino en asegurarse de que no se contamine, en defenderlo de malos miembros que obran enmascarados por un supuesto «humanitarismo». Intervenir e investigar como lo ha hecho Chile con sus voluntarios demuestra una solidez en sus instituciones y una clase superior de políticos. Una sociedad con valores más claros que el de los peruanos.

En el frente Atlántico la situación no luce mejor. Hace un año tras el derrame de crudo en el norte español, muchas organizaciones civiles y humanitarias, como bomberos y miembros de la protección civil marcharon por un “Nunca Mais” oficial o extra oficialmente o como hubiera sido me pregunto si esa neutralidad que abre las puertas a bomberos y Cruz Roja no se traspasaron. ¿Conviene tomar acción política de unos contra otros? El principio hipocrático de la Cruz Roja Internacional “En primer lugar, no hagas daño”, tiene un detractor argumental en la filosofía humanista, pues con esta premisa se aborda el desastre, pero no sus orígenes. Tiene ese doble filo, nos permite ingresar en un país, actuando pero no erradicando el problema desde su raíz. ¿Cuál es el mal menor? Más difícil de definir, el cortoplacismo nos haría apostar por eliminar las consecuencias y no las causas. Más aún, los servicios de emergencia no tienen herramientas suficientes para enfrentar los orígenes de muchas crisis humanitarias. Entramos al cinismo de la doble moral de la caridad que practicaban las esposas de los industriales del siglo XIX a los “pobres meritorios” mientras sus esposos se encargaban de que continuasen siendo pobres.

¿Es el deber de las organizaciones humanitarias ser los bomberos de casas en llamas o debemos trabajar en las causas y prevenirlas? Debatible, como el mismo Rieff lo compara con el mítico Sísifo, rodando una roca hacia arriba y justo antes de coronar la cima dejarla rodar para repetir la tarea indefinidamente. Si no atacamos los problemas desde la raíz los problemas regirán endémicamente.

Los bomberos no se han globalizado

Ser neutral ¿Es esto posible? Los bomberos laboran en los ayuntamientos, gobiernos federales y son en muchos casos hombres y mujeres asalariados y por tanto instrumentos de las políticas de Estado. ¿Es así realmente? Como yo lo entiendo, esto no significa nada, nada en lo profundo si trabajamos y nos comprometemos en ello. El Estado es la nación ordenada jurídicamente y por tanto, las competencias y legislación son perfectibles. Los bomberos y servicios de emergencia deben estar bajo la protección universal en forma idéntica a los miembros de la Cruz Roja Internacional. Su accionar es humanitario y neutral, por tanto deben abstenerse de cualquier manifestación política o partidaria. El “Nunca Mais” debe servirnos en cuádruplo. Una para aprender del ayer, otra para enmendar lo pasado, tercero para instruir y cuarto para edificar un futuro mejor. Un ejemplo válido de que es posible la propuesta que hago, es que los médicos trabajan para entidades de salud gubernamentales, pero el juramento hipocrático los eleva y separa de posibles mezquindades.

La ética médica está globalizada, los bomberos no tienen ningún código ético ha no ser que consideremos algunos enunciados que han declarado algunos servicios de emergencia en forma aislada. Los bomberos no discuten temas profundos, son obreros de la peor clase, se reúnen en congresos a discernir como hacer mejor su trabajo de apaga fuegos. Un mundo complacido, un peón feliz, es el bombero pro statu quo que describió Ray Bradbury en Fahrenheit 481.

Ciertamente los bomberos residimos en una carrera estática que no ha evolucionado al ritmo necesario, el mundo avanzó y nos dejó, todavía no nos damos por enterados que el último metro ya pasó y seguimos esperando en el subterráneo. En pleno auge de la Era de la Globalización seguimos trabajando en forma aislada. Los bomberos nos debemos al país, me dirán algunos, otros al ayuntamiento y a sus egocentristas autonomías. No faltará quien proclame que nos debemos a principios altruistas. Pero nadie me responde por qué no hemos fijado parámetros mundiales -si prefiere llamarlos globales- en el bomberismo. No hacerlo se juzga una muestra de que la clase de oficiales encargados de los principales servicios de emergencia en el mundo viven con anteojeras o con una necedad asfixiante, que ya está cobrando víctimas y exponiendo la vida de bomberos colombianos, afganos e iraquíes. Esto me parece singularmente grave y tanto más porque ni siquiera es motivo del debate de ningún congreso ni medio gremial. Nadie se ha percatado de lo ruinosa y precaria profesión a nivel global que llevamos ni como suplementario de la crisis del humanitarismo como negocio y flashback de cadenas noticiosas empeoran nuestra situación.

Después de todo fueron bomberos los que terminaron enfrentando los 600 pozos incendiados en el Golfo Persa y otra vez bomberos los primeros en el frente petrolero tras la invasión a Iraq. Bomberos nuevamente los que se batieron en los bombardeos en Kosovo y 341 bomberos los que perecieron el 11S.

Política, neutralidad, globalización profesional y humanismo en los servicios de emergencia deben resolverse. Las preguntas aplazadas: ¿Es posible un diagnóstico humanitario apartado de todo interés político, y otro diagnostico político, alejado del realismo? Y, ¿Ese realismo debe estar divorciado del idealismo?

(*) Site del autor: (%=Link(«http://www.josemusse.com»,»www.josemusse.com»)%)

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