Opinión Internacional

El “mega-gasoducto” un atentado contra el pulmón del planeta

De acuerdo con las informaciones de prensa, los ministros de Venezuela, Argentina y Brasil se reunieron en Caracas los días 1 y 2 de marzo para considerar “las estrategias a desarrollarse para la concreción del proyecto de gasoducto Venezuela-Argentina”.

Son numerosas las opiniones de expertos en hidrocarburos y economistas que han alertado acerca de la inviabilidad de ese proyecto. Una de las principales observaciones que hacen los expertos es que, si se llegara a construir ese gasoducto, Venezuela no estará en condiciones de suministrar el gas que ofrece entregar a sus socios en ese proyecto. (“La utopía de una super-gasoducto sin gas” El Nacional, 20-02-06, Pág. A-18)

Pero más allá de esa y otras consideraciones económicas como son el costo, la distancia a cubrir y otras similares, existen otras cuestiones que aparentemente no han sido abordadas por los gobiernos de los países interesados en el proyecto. O simplemente las ignoran deliberadamente.

La principal entre ellas es el impacto ecológico y los riesgos que representará el tendido de una tubería a lo largo de la selva amazónica. La zona ya tuvo una trágica experiencia con el gasoducto de Camisea, que lleva gas amazónico hasta el pacífico peruano. En su relativa corta vida esa tubería ya ha tenido cuatro grandes derrames de gas líquido que han causado irreparables daños al ambiente y a los pobladores aborígenes. Esos derrames figuran como uno de los peores desastres ambientales que ha habido en todo el Amazonas y uno de los mayores del mundo.

La construcción de esa gigantesca y larga tubería requerirá la instalación de una serie de plantas de compresión que implicarán una agresión adicional a la integridad de todos los ecosistemas naturales que atravesará. Requerirá una labor de deforestación y remoción de tierra para hacer posible su paso, la construcción caminos nuevos en sitios todavía vírgenes para llevar a cabo el tendido de la tubería y para facilitar el mantenimiento y vigilancia de la obra. Las organizaciones ambientalistas han advertido que ese proyecto equivale a abrir una gran “caja de Pandora” que facilitará el acceso incontenible de olas de depredadores como cazadores, madereros e invasores sobre áreas hasta ahora protegidas.

Organizaciones ambientalistas venezolanas como la Red Alerta Petrolera-Orinoco (Oilwatch) han lanzado ya serias advertencia al respecto: “El plan de atravesar la Guayana venezolana y la Amazonia debería encender todas las alarmas de gente preocupada por ese pulmón del planeta, hogar, además, de culturas aborígenes”.

Por su parte, la Organización de Amigos de la Gran Sabana AMIGRANSA) advierte que “el proyecto del Gran Gasoducto del Sur que pretende atravesar toda la Gran Sabana con una tubería que llegará hasta Argentina y que impactará también la Amazonia brasileña, es un atentado contra uno de los patrimonios naturales más importantes que tenemos los venezolanos” y agrega: “El Parque Nacional Canaima es Patrimonio Natural de la Humanidad y tiene un plan de manejo y reglamento de uso para el sector oriental, que hicimos aproximadamente en el año 90 ó 91, que da los lineamientos de lo que se puede y lo que no se puede hacer dentro del parque, y por encima de ese reglamento están todas las demás leyes. Entonces desafectar cualquier tipo de área para tomar préstamos, abrir picas y afectar recursos va en contra del manejo del parque”.

Señalan, además, que “lo más dramático es que lo del gasoducto lo están dando como un hecho, sin que se haya dado en el país, y tampoco en Guayana, un proceso de consultas y debates públicos, así como tampoco existen estudios previos de impacto ambiental social y cultural, tal y como lo establece la Constitución”.

También los indígenas venezolanos han alzado sus voces. El diputado indígena a la Asamblea Nacional, José Poyo, quien representa las comunidades de cinco estados recibió, durante un acto en el cual participaron las etnias Pemón, Akawaio, Arawako y Kariñas, ubicados en la zona del Cuyuni una petición para que se les informe “con más exactitud el proyecto relacionado a la conexión del gasoducto anunciado para realizarse entre Brasil y Venezuela, donde se ven afectados los pueblos y comunidades indígenas de Kuyuni.

Ítalo Pizarro, presidente de la Federación Indígena del estado Bolívar ha denunciado que siempre que Venezuela va a suscribir convenios internacionales que afectan a las comunidades indígenas de Bolívar “son precisamente los habitantes naturales de esta región los últimos que se enteren de los detalles del proyecto, así como sucedió con el Sistema de Interconexión Eléctrica hacia Brasil”. “No hemos sido consultados y eso ha estado como un plan. Y ahora estamos viendo que aparentemente el gasoducto pasará por la troncal 10, por el área donde está el tendido eléctrico” “la mayoría de las comunidades indígenas asentadas en la Reserva Forestal Imataca y en la Gran Sabana se verán afectados”

Esta es una muestra mas evidente de cómo funciona la “democracia participativa” que tanto cacarea el régimen.

Esas preocupaciones parecen estar totalmente ausentes en la mente y el espíritu de los gobiernos que se proponen llevar adelante ese proyecto y sólo ven en él su interés económico de por si incierto. Esto es así sobre todo en el caso del Presidente Hugo Chávez, quien lo ve exclusivamente desde el ángulo de sus intereses políticos. Según él a través del Gasoducto del Sur se fortalecerán los lazos de integración entre los países suramericanos. «Estamos avanzando a paso firme hacia la integración, hacia un nuevo nivel de integración en América Latina y en el Caribe. El Alba ya es una realidad», acaba de afirmar Chávez al referirse a ese insensato proyecto.

Cabe preguntarse, como lo hizo el periodista brasilero Carlos Alberto Sardenberg: Si el gobierno Chávez no consiguió reparar un viaducto de menos de un kilómetro, ¿podrá construir un gasoducto de más de 10 mil kilómetros?

*El autor de este artículo fue Embajador del Servicio Exterior Venezolano en el cual desempeñó, entre otros cargos los de Viceministro de Relaciones Exteriores y Representante Permanente ante las Naciones Unidas en sus tres sedes (Nueva York Ginebra y Viena). Fue Diputado al Parlamento Latinoamericano (1998 – 2005) donde se desempeñó como miembro de la Comisión de Medio Ambiente y Turismo, órgano en el cual ejerció la función de Vicepresidente.

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