Opinión Internacional

El petróleo, siempre el petróleo

El “estiércol del diablo” sigue dando qué hablar, y mucho. Es hoy por hoy un dolor de cabeza planetario. De nuevo es la hora de lo que en un artículo muy interesante el periodista norteamericano Thomas Friedman llama la petropolítica. La energía sigue siendo utilizada como arma, para bien o para mal.

A las grandes potencias las traen por la calle de la amargura. Y no son pocas las amenazas a la paz mundial por esta causa. Desde el Medio Oriente hasta nuestros predios latinoamericanos, la política alrededor del petróleo está complicándonos la vida. Los consumidores tiemblan, pero sobre todo, los de los países más pobres que tendrán que distraer sus escasos dineros para pagar más por la energía en el caso de que alguna amenaza de corte de suministro de crudo de un país productor se concrete.

En la injerencia del presidente de Venezuela en el hemisferio, en la grave crisis causada por las pretensiones de Irán de hacerse con el arma nuclear, en la interminable violencia terrorista en Irak y en los acuerdos energéticos Rusia-China, el petróleo se encuentra en el ojo del huracán. En todos estos eventos, de alguna forma, el petróleo es causa, efecto, instrumento de poder, arma de presión o de negociación.

Las repercusiones económicas presentes y futuras de la dinámica que generan estos hechos son obvias. Cualquier suspensión de suministro de parte de países como Irán o Venezuela haría disparar los precios a 90 o 100 dólares el barril de petróleo. De hacerse realidad esta posibilidad, las economías del mundo sufrirían un shock de impredecibles secuelas; no sólo de naturaleza económica. Y de esto están conscientes los que dirigen gobiernos y Estados forajidos.

El arma petrolera le ha permitido a Irán impedir que se le aplique una sanción por violar el tratado de no proliferación de armas nucleares. Sus negocios petroleros con China y Rusia han logrado neutralizar hasta ahora cualquier acción del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Estos dos países se han negado a adoptar posiciones más duras frente a las graves infracciones iraníes. Éstos se han aprovechado de esta divergencia para continuar su carrera acelerada de enriquecimiento de uranio rumbo a la obtención de armas de destrucción masiva. El chantaje petrolero les está resultando muy útil.

Por su parte, China y Rusia se unen para hacer contrapeso a EEUU en el espacio asiático. En reunión reciente de la Organización de Cooperación de Shanghai, fundada en 1996, de la que forman parte, además de aquellos países, Kazajstán, Kirguizstán. Tadjikistán y Uzbequistán, y están de observadores la India, Pakistán e Irán, se volvió a hablar de planes energéticos al margen de la opinión de EEUU. Por cierto, el presidente iraní asistió a esta reunión y solicitó la membresía de su país.

Mientras tanto, el presidente Hugo Chávez, a partir de su visión autoritaria y militarista, y en su delirio megalómano, pretende también construir un imperio con base en el arma petrolera. Petrocaribe, PetroAmérica y Petroandina han sido sus propuestas en el hemisferio. Parte de esta estrategia es la idea disparatada de un gasoducto de 8.000 kilómetros a un costo de más de 25.000 millones de dólares, sin contar los costos ecológicos que representará para el ambiente de la Amazonia. Con los recursos provenientes del petróleo el gobierno venezolano financia la deuda argentina, bancos y cooperativas quebrados en Uruguay y Bolivia, campañas y movimientos políticos radicales, así como a la tiranía de Fidel Castro. Vende petróleo barato, casi regalado, a Alcaldías de otros países (CentroAmérica) gobernadas por partidos políticos afines a su ideología. Así, os ingentes recursos del petróleo le han servido a Chávez para sus movimientos de injerencia en los asuntos internos de otras naciones y para apagar la democracia en Venezuela.

Como se ve, el petróleo, la energía, están en el centro del debate mundial. Es motivo de alianzas, instrumento de dominio o de manipulación, con sus fondos se compran voluntades y apoyos o se neutralizan enemigos. Con él se amenaza, se chantajea, se maltrata y hasta se agrede.

Venezuela lo usó para el bienestar de sus habitantes, aunque no siempre adecuadamente. Pero nunca para la confrontación o en función de una ideología antidemocrática. Hoy lamentablemente se echa mano de él para la proyección o imposición de una idea demencial que está provocando el aislamiento de nuestro país y su pérdida de prestigio y credibilidad.

Razones suficientes para que con responsabilidad y racionalidad los venezolanos demócratas reafirmen su convicción de que la poderosa “arma” que es el petróleo de nuevo se ponga al servicio de la cooperación, la convivencia, la equidad y la paz mundiales. Pero, por encima de cualquier otro propósito, que sirva a la democracia y la libertad en todo el planeta.

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