Opinión Internacional

El racismo de Evo

Evo Morales es ya el presidente de 8 y medio millones de sus compatriotas y a juzgar por sus primeros actos públicos nos preguntamos si serán el racismo y la exclusión las banderas políticas que enarbolará para gobernar el lider indígena transformado ahora en mandatario de Bolivia.

Hay que decir que Evo Morales se empeñó en darle a su asunción al poder un sesgo muy original y muy propio. La ceremonia de investidura indígena en Tiwanaku fue un mensaje inequívoco, sobre la importancia que los temas de la incorporación de las etnias tendrán dentro de su gobierno. Hasta alli todo iba bien, solo que Morales le hizo saber al país en este acto colorido que precedió al acto oficial que su presidencia romperá de una vez por todas con el racismo abierto que caracteriza la vida boliviana en su parecer.

El lider popular gritó emocionado ante quienes asistieron a la cita con la nueva Bolivia que con él llega el fin del sistema de injusticia social, de inequidad, de inmoralidad. Y sin duda que el acento estuvo puesto en un tema que bien manejado puede redituarle muchos apegos al recién llegado Jefe del Estado pero que mal manejado puede ser incendiario: el tema racial.

Su segundo de a bordo Alvaro García Linera lo secundó emocionado. En uno de sus discursos puntualizó: «La Bolivia indígena está de pie y le dice al mundo que nunca más discriminación, nunca más represión y nunca mas racismo

Hay que decir que Morales es bastante más que el presidente de los bolivianos: es el símbolo de una vasta diversidad de pueblos y culturas y en él se depositan las esperanzas de quienes difícilmente han tenido acceso al poder en la región.

Pero en aras de la paz boliviana y del continente entero es oportuno que Morales se percate de los peligros de un discurso racista en un pais tan violento como el le tocará manejar. Asi lo acaba de señalar Mario Vargas Llosa en un articulo que recorrió el mundo hispano desde el diario El País de Madrid: Plantear el problema latinoamericano en términos raciales como hacen demagogos como Morales y Chavez y la familia Humala en el Perú es una irresponsabilidad insensata, ha dicho el escritor.

Fanatismos en torno a la religión y al racismo han sido los grandes detonantes de muchos oprobiosos episodios para la humanidad. No tenemos sino que recordar las guerras de religión en el medio oriente, el nacismo propugnado por Hitler, el espantoso apartheid surafricano, los actos terroristas del 11 de setiembre, el drama interno que actualmente vive Iraq.

En una bomba de tiempo puede convertirse el muy querido país boliviano si desde la mas alta magistratura se alimenta el sentimiento de exclusión y de racismo violento que hasta ahora hemos escuchado en los discursos oficiales. Ojala que así no sea para el bien de todos.

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