Opinión Internacional

El referéndum

El proyecto de ley que será sometido al voto popular puede contener deficiencias y ser incompleto, pero en su conjunto es bueno y conveniente para la nación.

El referéndum no es, como pueda pensarse, el medio más adecuado de ejercer la democracia. Es el sistema del que se han valido gobernantes autoritarios para imponer su voluntad con la ficción legal de que el pueblo decide, cuando en realidad el pueblo no está siempre en situación de decidir. No lo está porque debe contestar a las preguntas con un sí o un no, y quien las hace tiene en sus manos los medios de manipular la respuesta. Aunque está contemplado su empleo en la Constitución del 91, es un procedimiento que es conveniente evitar hasta donde sea posible para que no se nos convierta en práctica habitual. Por eso es lamentable que debamos recurrir a esta medida extrema como única solución viable para combatir los vicios y las prácticas dolosas que han pervertido el ejercicio de la política y hecho perder la fe en la democracia.

La propuesta del Gobierno ha despertado el entusiasmo popular, porque la situación del país es tan caótica que cualquier cosa que apunte a encontrarle remedio, es aceptada en seguida por la opinión pública. El proyecto de ley presentado a la aprobación del Congreso es bueno, aunque hubiera podido ser mejor si se hubiera procedido con más calma y menos precipitud. Tiene como mira combatir la corrupción, que es un grave mal pero no el único, y deja por puertas otras cuestiones importantes, desperdiciando así la gran oportunidad que se le ofrecía de llevar a cabo una reforma más completa. De lo que no hay duda es que de aprobarse el referéndum, será más difícil saquear al Estado, habrá menos peculados, menos favoritismos y menos contratos fraudulentos, al menos por algún tiempo y esto es bueno.

Es natural que el referéndum tenga opositores entre los miembros de la clase política, algunos de los cuales proponen como alternativa abolir la Constitución del año 91, que aún no ha cumplido diez años de vida, y remplazarla por una nueva. La propuesta no es otra cosa que una cortina de humo para distraer la opinión pública y atajar un procedimiento que los amenaza con limitarles sus privilegios y hasta quitarles las curules. También se han hecho sentir voces de importantes personalidades que proponen otras alternativas pero éstas, como la anterior, son propuestas de cambio para que todo siga lo mismo.

A pesar de que el referéndum no es un medio que deba emplearse en una auténtica democracia, sí puede serlo en una democracia formalista y corrompida como la nuestra, y si hemos llegado a necesitar este recurso extremo para introducir cambios y suprimir abusos, es por culpa de los mismos políticos, y porque los mecanismos institucionales que pudieran haberlo hecho, han fallado lamentablemente en manos de quienes los manejan. Por eso la ciudadanía se ha levantado a respaldarlo, con tanto entusiasmo que aunque muchos congresistas desearían boicotearlo y verlo enterrado, no van a poder hacerlo.

El referéndum es un intento por corregir una situación que se ha salido de mano, para lo cual no se vislumbra otra solución; pero es sólo un intento, y no hay que hacerse a la falsa ilusión de que con él el país va a cambiar, porque la raíz de nuestros males sociales y políticos no está en las leyes sino en la gente. El proyecto de ley que será sometido al voto popular puede contener deficiencias y ser incompleto, pero en su conjunto es bueno y conveniente para la nación, y se lo puede votar con un sí afirmativo en la seguridad de que su ejecución hará más bien que daño.

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