Opinión Internacional

El rompecabezas electoral Israelí

Hace unos meses la actual canciller israelí, Tzipi Livni, intentó culminar el período iniciado por el Primer Ministro (PM) Sharon, quien sufrió una derrame cerebral, y el de Olmert, que renuncia por cargos de corrupción, y sin embargo no logró conseguir alianzas para obtener los 61 escaños parlamentarios de los 120 que se requieren para formar gobierno. Entonces, se convocó a elecciones anticipadas en Israel.

Hace unos días se realizaron esos comicios y si bien Kadima, el partido de Livni, obtuvo un escaño más que el de Netaniahu, el Likud, (28 vs. 27), la canciller cuenta con menos potenciales aliados que su contrincante, para formar gobierno.

Es posible que Netaniahu, y no Livni, asuma el cargo para dirigir a los israelíes. Si esto sucede, ¿cómo se explica este rompecabezas electoral?
Primero, hay que comprender el sistema político israelí: una democracia parlamentaria con más de una decena de partidos que de acuerdo a un sistema proporcional de votos ganan puestos en el parlamento. El israelí no vota directamente por el PM, sino por un partido, y luego, el presidente le otorga a quien obtiene más votos (en este caso a Livni) o al que tiene más chances para formar coalición (Netaniahu), unas semanas para negociar alianzas, y así formar gobierno.

Segundo, contexto: Israel fue gobernado por el Partido Laborista desde su fundación hasta 1977, cuando el ascenso del Likud al poder inició una era de alternancia entre dos partidos fuertes que sin mayor dificultad, formaban gobierno con otros de carácter étnico (inmigrantes y sus hijos de países árabes, de la ex Unión Soviética, partidos de árabes israelíes, etc.), religiosos (nacionalistas u ortodoxos), e incluso, partidos de jubilados, verdes, pro marihuana con fines medicinales, etc.

La preeminencia de dos partidos fuertes culminó cuando Ariel Sharon decidió retirar, unilateralmente, al ejército y a colonos israelíes de Gaza, y al no recibir apoyo de un sector del Likud, se separó y fundó a Kadima. Desde entonces, se debilitaron los partidos y se fragmentó, aún más, la votación. El fenómeno del partido ultraderechista de Liberman no es solo consecuencia de los conflictos de Israel con Hamas, Hezbolah y las amenazas de Irán, sino también, buena parte de sus votantes son rusos que se sienten representados por sus ofertas a los inmigrantes.

Para muchos politólogos el problema de la democracia israelí es la excesiva democracia, aunque parezca una paradoja, porque otorga demasiado poder a pequeños partidos que se retiran de las coaliciones apenas el PM toma decisiones que no comparten y hace caer a gobiernos antes de finalizar sus mandatos como ocurrió con los de Netaniahu por el acuerdo de Wye Plantation con los palestinos, el laborista Barak tras su negociación con Arafat en Camp David y Sharon al decretar la retirada de Gaza.

Israel necesita un cambio de sistema electoral que otorgue mayor poder al PM para que futuros gobiernos tomen las difíciles y dolorosas decisiones que se requieren para encarar conflagraciones inevitables – como la actual de Gaza – pero sobre todo, para las concesiones aún más ineludibles y urgentes que implica la paz con los palestinos y sus vecinos árabes.

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