Opinión Internacional

El sepulturero de la integración andina

He afirmado que al presidente de Venezuela, a pesar de que se llena la boca con un discurso supuestamente integracionista, no le interesa la integración; ni la latinoamericana, ni la suramericana, ni la andina.

Lo que “entiende” por tal, en su delirio ideológico, es una nebulosa idea sobre la “unión de los pueblos” que se construiría no con base en los indispensables y concretos lazos comerciales y económicos entre aquellos (para él, puro neoliberalismo salvaje), sino en un tipo de relaciones político-militares cuyo propósito es enfrentar, cual cruzado, a los factores de poder mundial demoníacos que obstaculizan su proyecto de sociedad colectivista y el impulso de éste más allá de las fronteras venezolana.

La idea no es nueva. En los años 60 del siglo pasado, para no ir más lejos, el marxista Rodolfo Puigross, cuando atacaba la integración propuesta por la CEPAL, colocaba como alternativa “la integración de los pueblos”; era el concepto de la lucha de clases llevado a lo internacional. “A la integración –decía Puigross- es imposible llegar a través de medidas económicas que supongan inertes, o subordinados a ellas, a las ideologías y a los pueblos, la integración de América Latina será el resultado de tendencias profundas, de transformaciones totales promovidas por la máxima acción democrática de los pueblos, y no de la aplicación de modelos idealizados o de los consejos de un racionalismo especializado y académico que teme descender a la región peligrosa de los conflictos sociales.” Más claro no canta un gallo.

Si se revisa las declaraciones que al respecto ha hecho Chávez y sus funcionarios, podrá constatar las similitudes, e incluso, las mismas expresiones. Para la perspectiva de Chávez, los principios que inspiran la CAN y MERCOSUR son capitalistas, y no se equivoca. Su desespero por entrar a MERCOSUR, con la nariz tapada, no tiene otro objetivo que buscar apuntalarse en su enfrentamiento con EEUU. Le tiene sin cuidado que ciertos sectores económicos privados se puedan ver perjudicados con ese ingreso. Para su cálculo político, allí se siente más cómodo que en la CAN. Entre otras cosas, porque en esta última la supranacionalidad le revuelve la sangre. En el esquema jurídico laxo, casi reversible, de MERCOSUR, puede maniobrar o retroceder cuando quiera y más le convenga; además, aprovecha la rivalidad de BRASIL con EEUU.

Para el gobierno venezolano, la CAN, a pesar de que la Constitución lo obliga a someterse a ese ordenamiento jurídico, es una camisa de fuerza inaceptable. La indiferencia frente a esta comunidad en dos oportunidades, como Presidente del Consejo Andino, demuestra el poco o ningún interés que tiene en ella. La marginación del sector privado, pieza clave en cualquier integración, es una prueba más de su objetivo de hacer estallar la CAN o cualquier otra organización internacional que impida sus designios. Cuando se vuelca sobre MERCOSUR, sin consultar a sus socios andinos, enfatiza esta conducta desleal. Después de que dicen que la CAN no sirve, resulta entonces esquizofrénico y cínico oír al Ministro G. Márquez pedir explicaciones a COLOMBIA sobre el TLC que firmó con EEUU.

Aún más, ya raya en la hipocresía ver al vicecanciller Rondón quejarse, cual vestal ultrajada, de que COLOMBIA, PERU y ECUADOR, viendo el intento maniobrero del gobierno venezolano de posponer las reuniones con su inasistencia, tomen decisiones que interesan a todos. Los socios andinos saben que las críticas de estos días del gobierno venezolano respecto de la normativa sobre propiedad intelectual, es sólo una excusa; que ése y los demás temas de la CAN, en el fondo, le “ruedan”.

Ya lo declaró el Ministro Márquez en el Foro de Fedeagro sobre MERCOSUR: “Lo político por encima de lo comercial”. ¿Qué hacemos entonces en ese bloque de comercio, si es la política lo prioritario? ¿Para qué tomarse el trabajo de construir un discurso sobre las supuestas ventajas económicas de entrar a MERCOSUR, cuando éste es un tema subalterno?
Por lo pronto, sólo resta decir que la CAN tiene los días contados, gracias al gobierno venezolano, su sepulturero.

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