Opinión Internacional

Elecciones generales y responsabilidad ética

Como pastores del Pueblo de Dios en el Perú, queremos aportar algunas orientaciones de carácter ético, que ayuden a las comunidades cristianas, sacerdotes, personas consagradas, fieles laicos y a todas las personas de buena voluntad, así como a los candidatos, a asumir responsablemente sus deberes ciudadanos en las próximas elecciones generales.

Valor fundamental de la política

La política es la acción económica, social, legislativa, administrativa y cultural destinada a promover orgánica e institucionalmente el bien común del pueblo (Cfr. Juan Pablo II, Christifideles laici, 42). Por lo tanto, es necesario considerarla en su verdadera dimensión social y ética.

La política es una obra colectiva. Es el campo más amplio de la caridad y de la solidaridad que no puede separarse de la justicia. «Para animar cristianamente el orden temporal -en el sentido de servir a la persona y a la sociedad-, los cristianos de ningún modo pueden abdicar de la participación en la «política»» (Cfr. Juan Pablo II, Christifideles laici, 42).

Por lo tanto, es importante valorizar la política: todos y cada uno tienen el derecho y el deber de participar en ella, cada uno desde su situación y vocación particular.

«Las acusaciones de arribismo, de idolatría del poder, de egoísmo y corrupción que con frecuencia son dirigidas a los hombres del gobierno, del parlamento, de la clase dominante, del partido político, como también la difundida opinión de que la política sea un lugar de necesario peligro moral, no justifican lo más mínimo ni la ausencia ni el escepticismo de los cristianos en relación con la cosa pública» (Juan Pablo II, Christifideles laici, 42).

Desafíos de la política

Grandes son los problemas que afectan en la actualidad a nuestro pueblo: las grandes diferencias geográficas y culturales del país, la política de población, la pobreza, las excesivas desigualdades sociales y económicas, el desempleo, la corrupción, el debilitamiento de las instituciones democráticas, la inestabilidad jurídica, etc.

Falta más diálogo y comunicación entre los responsables políticos, los actores sociales y los ciudadanos comunes, lo que hace que los centros de decisión y de poder se alejen del pueblo y se concentren en ciertas personas y grupos. Así las iniciativas y la participación ciudadana van perdiendo consistencia.

Andar en la verdad

Reconocemos los logros obtenidos en los últimos años, particularmente el control de la inflación, la lucha contra el terrorismo, el proceso de pacificación interna, los acuerdos de paz y convivencia con los países hermanos del Ecuador y Chile.

Pero todavía no hemos logrado una satisfactoria convivencia social y política, que nos hermane a todos como peruanos en la construcción de una sociedad más justa y solidaria.

Los ciudadanos tienen derecho a conocer la situación objetiva y real de su patria y a expresar sus necesidades y anhelos, para poder compartir responsablemente los desafíos, el destino, y el desarrollo del Perú, respetando los niveles de participación correspondientes. Los informes oficiales y las estadísticas de diferentes clases deben corresponder a la situación real, económica, social y jurídica del país.

Buscar el bien común

El criterio básico de la política es la consecución del bien común, como bien de todos los peruanos y de cada uno de ellos. El bien común abarca el conjunto de aquellas condiciones de vida social con las cuales los hombres, las familias y asociaciones pueden lograr con mayor plenitud y facilidad su propia perfección (Cfr. Concilio Vaticano II, Gaudium et spes, 74).

El bien común exige un desarrollo humano integral y sostenible. Razones históricas y causas actuales han dejado grandes sectores geográficos y humanos de nuestro país al margen del desarrollo. Es obligación de la política y de los gobernantes responder con programas eficaces y adecuados a las necesidades más sentidas de sus conciudadanos, particularmente de los más pobres y marginados, dinamizando el potencial de desarrollo que ellos tienen.

La fe y la ética cristiana en el quehacer político

«La Iglesia respeta la legítima autonomía del orden temporal y no tiene un modelo específico de régimen político»(Santo Domingo, 190). «La Iglesia aprecia el sistema de la democracia, en la medida en que asegura la participación de los ciudadanos en las opciones políticas y garantiza a los gobernados la posibilidad de elegir y controlar a sus propios gobernantes, o bien la de sustituirlos oportunamente de manera pacífica» (Juan Pablo II, Centesimus Annus, 46).

«La Iglesia, por razón de su misión y de su competencia, no se confunde en modo alguno con la comunidad política ni está ligada a sistema político alguno. Pero ella es signo y salvaguardia del carácter trascendente de la persona humana» (Juan Pablo II, Ecclesia in America, 27). En esto también nos toca ser «sal de la tierra y luz del mundo» (Mt 5,13-16).

La luz de Cristo y de su Evangelio han contribuido de manera significativa, junto con otros elementos autóctonos, a configurar la vida, la moral y la religiosidad de nuestro pueblo, dándole identidad, fuerza y esperanza, iluminando la historia y la cultura de nuestro Perú.

La fe cristiana proporciona un profundo conocimiento del hombre y de la humanidad. Aporta sólidas y básicas orientaciones éticas y espirituales para discernir, junto con todas las personas de buena voluntad, lo más justo y verdadero para conseguir el bien común. Sin embargo, no pretende ofrecer instrumentos de análisis, estrategias o soluciones técnicas.

Coherencia entre fe cristiana y vida política

Debe haber coherencia entre la fe cristiana y la vida política. La enseñanza social de la Iglesia ilumina nuestra reflexión e inspira nuestra acción como creyentes y ciudadanos:

Destaca la primacía de la dignidad de la persona humana, por la cual toda sociedad e institución está primero al servicio de la persona;

Reclama la justicia social y distributiva, dentro de la atención a todas las personas, regiones y grupos humanos del Perú;

Garantiza y promueve los derechos fundamentales de la familia, célula básica y natural de la sociedad y la defensa de la vida desde la concepción hasta su fin natural;

Pide el reconocimiento y la inclusión de los más débiles y desposeídos dentro de los proyectos de desarrollo nacional;

Considera el poder como un servicio, y no como un dominio, según las palabras del Señor: «Entre ustedes, el que manda ha de ser como el que sirve» (Lucas 22, 26).

Todos responsables

La política reclama la participación activa y responsable de todos, desde cada uno de los ciudadanos hasta los grupos sociales y políticos constituidos. «Todos somos responsables de todos» (Juan Pablo II, Sollicitudo Rei Socialis, 38). Esta responsabilidad no se limita sólo al voto; se extiende también a la participación y a la vigilancia de la gestión de los elegidos y nombrados a cargos públicos.

La realización concreta de la tarea política corresponde más específicamente a determinados grupos de ciudadanos e instituciones, entre ellos: el Poder Ejecutivo, el Congreso, el Poder Judicial, la Defensoría del Pueblo, los Gobiernos Locales y Regionales, el Tribunal Constitucional, organizaciones políticas, gremios, etc.

Elecciones Generales 2000

En las elecciones generales del año 2000, alrededor de trece millones de peruanos elegirán al Presidente de la República a los vicepresidentes y a los miembros del Congreso Nacional, para los próximos cinco años.

Cada creyente, como ciudadano, tiene el derecho y la obligación de votar. El voto es una manera de comprometerse en el futuro de nuestro país. Es parte de nuestra responsabilidad cívica para el Nuevo Milenio.

Electores

El voto de los electores debe ser responsable, consciente y libre.

Para eso debemos:

tratar de conocer la calidad ética y técnica de los candidatos y de las listas parlamentarias;

mirar si sus programas políticos son realistas y tienen como fin el bien común del Perú y de los peruanos;

considerar si ofrecen respuestas adecuadas a los problemas del país, no solamente de tipo socioeconómico y político, sino también de tipo moral y cultural;

evaluar su integridad moral, su competencia, su filosofía, su desempeño, así como su compromiso para velar por los valores y la identidad de la Nación.

conocer su posición frente a la vida humana, a la defensa de los derechos humanos, del matrimonio y de la dignidad de la mujer.

Candidatos

Los candidatos deben presentarse con voluntad de servir, y no de beneficiarse con el poder. Deben tener una coherencia básica entre su conducta pública y los principios morales necesarios, principalmente los referidos a la honestidad.

Igualmente, deben ser coherentes entre aquello que prometen y aquello que pueden y quieren cumplir.

Ideas y programas

Es útil para los ciudadanos escuchar y confrontar distintas posiciones desde el respeto mutuo. Los candidatos y los grupos políticos deben presentar a los peruanos sus ideas y propuestas sobre la situación del país.

Deben emitir sus opiniones sobre los derechos humanos, la democracia, la economía, las instituciones del Estado, los valores éticos y sociales, el uso de los recursos públicos, la pobreza, el desempleo, la educación, la salud, los fondos de privatización, la deuda externa, etc.

Campaña electoral

La campaña electoral es un tiempo fuerte para la consolidación de la democracia participada, y no sólo para un voto representativo cada cinco años.

La campaña electoral debe ser limpia, con dignidad y con contenido. Debe hacerse con el debido respeto a la vida privada. El país y la democracia no se beneficiarán si la campaña se presenta ofensiva con las personas.

Deben evitarse los insultos y agravios, las acusaciones con poco fundamento o sin ninguno, las amenazas a las personas y a sus bienes, la superficialidad en el tratamiento de los verdaderos problemas del país. Que haya más diálogo civil sobre temas de fondo, y menos rigideces partidarias y propaganda agresiva.

Los candidatos y los grupos políticos deben gozar de igualdad de derechos, de acuerdo al sistema democrático.

Instituciones que ayudan al proceso electoral

Al Jurado Nacional de Elecciones, como máximo organismo responsable, le toca respetar y hacer cumplir las normas establecidas por la Constitución y las leyes, con igualdad para todos. En esta tarea, deben ayudarle los organismos del Gobierno, manteniéndose la autonomía del Jurado.

Es importante la fiscalización del proceso electoral. La presencia de observadores del exterior puede contribuir a la claridad y limpieza de las elecciones.

Pero, tan importante y más todavía, es la presencia de observadores y/o representantes de la sociedad civil del Perú, durante el curso de la campaña y del proceso electoral global, para recibir y averiguar las denuncias o las anomalías que puedan suceder.

Responsabilidad de los medios de comunicación social

Durante todo el proceso electoral, los medios de comunicación social tienen una influencia decisiva. Por eso mismo, su labor debe ajustarse a serias exigencias éticas y deben estar abiertos a todos los candidatos, para que sus servicios al electorado alcancen una información verdadera, honesta y eficaz, y no se conviertan en una mera propaganda manipuladora o interesada.

No son moralmente aceptables las conductas de las personas ni los medios que no respetan la dignidad humana, que calumnian para desacreditar, que lanzan falsedades o verdades a medias, que afirman cosas que no corresponden a la realidad de los hechos.

Compromiso y oración

Para avanzar en este camino difícil de las indispensables transformaciones de las estructuras de la vida política, económica y social, se necesita una verdadera conversión de mentalidades y corazones. La tarea requiere el compromiso decidido de hombres y pueblos solidarios (Juan Pablo II, Redemptor Hominis, 16).

El futuro del país no es sólo político, financiero y técnico; requiere fundamentalmente el desarrollo moral, social, cultural y religioso. Necesita una alta calidad ética y educativa, para realizar y apoyar los cambios que nuestra sociedad requiere.

Por eso, debemos orar a Dios nuestro Padre. Pidámosle la luz y la sabiduría para elegir a los más capaces y con mayor vocación de servir, especialmente a favor de los más pobres y necesitados. Pidámosle, también, la fuerza y la convicción necesarias para trabajar con fidelidad y unidad por el bien de todo el Perú y de todos los Peruanos.

Los Obispos del Perú.

Lima, 28 de enero del año 2000.

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