Opinión Internacional

Entrevista a Rafael Grossi, director politico en AIEA

Rafael Grossi es un diplomático argentino de carrera, que desde los años 80 se ha dedicado a temas nucleares. «Prestado» por la Cancillería, este experto es el jefe de Gabinete y director general de Políticas en la AIEA, la agencia nuclear dependiente del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Hombre de confianza de su director general, el japonés Yuyika Amano, Grossi conoce de cerca el desarrollo nuclear de Irán, que hoy es cuestionado por la mayoría de los países por su carácter posiblemente bélico. De paso por Buenos Aires, mantuvo una entrevista exclusiva con Ámbito Financiero y habló sobre la actual tensión que Irán genera en Medio Oriente, tema que calificó como el «más urgente» en cuanto a proliferación atómica.

Periodista: ¿Cuán grave es lo Irán?

Rafael Grossi: En el cuadro mundial de proliferación de armas nucleares el caso de Irán, comparado con el de Siria o Norcorea, es el más urgente y de preocupación más inmediata. Es importante ya que mantiene una relación institucional con la agencia, forma parte del Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP) y se mantiene dentro del sistema internacional en materia de normativa de no proliferación.

P.: Irán insiste en que su programa nuclear no es bélico. ¿Miente?

R.G.: En declaraciones públicas, Irán sostiene que su programa es absolutamente pacífico, mantiene que está dispuesto a probar que es de ese tenor y mantiene abiertas sus puertas a los inspectores de la AIEA. De allí la importancia que la comunidad internacional le atribuye a nuestra labor, ya que somos la única presencia internacional dentro de Irán, dentro de las instalaciones nucleares. Es importante que esta situación se mantenga y se preserve. Esto es como un punto de partida. Más allá de esto, Irán no ha dado perfecto cumplimiento a las normas que debería respetar referidas a sus acuerdos de salvaguardias, y referidas también al Protocolo Adicional que se comprometió a cumplir y luego decidió no implementar más. P.: En noviembre de 2011, la AIEA difundió un documento durísimo sobre el desarrollo nuclear de Irán, que trajo sanciones posteriores de EE.UU. y quizás de la Unión Europea. ¿Es un ultimátum porque ya tienen la bomba nuclear?

R.G.: En 2009, los servicios de inteligencia de los países centrales revelaron que en Qom había una central que enriquecía uranio en una gradación mayor que lo permitido. Eso llevó a que Irán rápidamente «reconociera» esas instalaciones ante la AIEA. El documento de noviembre 2011, en cambio, es un listado sobre posibles derivaciones militares (PDM) en su programa. Esto no tiene que ver con enriquecimiento, no tiene que ver con agua pesada, o con lo que sucede con las instalaciones conocidas, donde Irán desarrolla actividades de enriquecimiento de uranio que no debería estar desarrollando, y que resoluciones del Consejo de Seguridad le pidieron que suspendiese (algo que hasta ahora Irán desoyó). Pero estos problemas que la agencia ilumina con este último informe tienen que ver con desarrollos, tecnologías, directamente vinculadas a artefactos nucleares bélicos.

P.: Específicamente, ¿a qué tipo de desarrollo se refiere?

R.G.: Son actividades vinculadas al desarrollo de un artefacto explosivo nuclear. En el informe estamos hablando de investigación y desarrollo en materia de detonadores, de iniciadores, utilización de uranio en estado metálico, utilización de ensayos nucleares y su tecnología. Son todos aspectos, actividades, que sólo están vinculadas al desarrollo de un artefacto nuclear.

P.: ¿Se está a tiempo de interrumpir ese proceso? ¿Hay, como se dice, más de tres bombas nucleares en desarrollo?

R.G.: Nosotros no estamos diciendo que Irán tiene uno, dos, o tres artefactos nucleares: estamos diciendo que Irán tiene en distintos grados de avance, tecnologías directamente vinculadas al desarrollo de un artefacto nuclear. Con este informe hemos probado a la comunidad internacional que no se trata de lo que hasta ahora venía diciendo la agencia de «posibles dimensiones militares dentro del programa nuclear iraní». El informe de noviembre reveló el «listado» de lo que veníamos denunciando antes. Es una porción de la información que manejamos sobre cerca de doce líneas tecnológicas. Queremos clarificar ahora la situación con los iraníes, pero como agencia no podemos especular sobre la real situación.

P.: Usted y otros directivos de la AIEA van a fines de mes a Irán, ¿qué puede ocurrir?

R.G.: Más allá de declaraciones altisonantes, Irán no cortó relaciones con la agencia. (Después de un documento enviado por Catherine Ashton, canciller de la UE; Teherán aceptó continuar con las conversaciones). El 28 de enero vamos a tratar de hacer una hoja de ruta para ver cómo abordar las cuestiones pendientes, incluidas las cuestiones llamadas PDM (Posibles Dimensiones Militares).

P.: En caso de que los iraníes les tacharan esa lista de PDM, ¿la AIEA se retiraría de la mesa de negociación?

R.G.: Seguiríamos inspeccionando el resto de los programas nucleares. Llamaríamos a la Junta de Gobernadores, y ella derivaría el tema al Consejo de Seguridad. Sería muy grave para Irán ya que hasta este momento, China y Rusia han bloqueado una nueva ronda de sanciones sobre la base de que Teherán coopera con la agencia. Si la AIEA le dice al mundo «Irán no esta cooperando», Rusia y China se quedan sin justificativo para ese apoyo.

P.: ¿Turquía puede sumar?

R.G.: Turquía tuvo en 2010 un intento fallido de mediar junto con Brasil. Ahora seguramente busque algún tipo de alianza o protección hacia Irán, a cambio de que aflojen con el arma nuclear. Turquía claramente se hartó de los europeos, se da cuenta de que tiene un papel muy importante hacia la región.

P.: ¿Qué opina de la gira de (Mahmud) Ahmadineyad por América Latina y de la propuesta iraní de exportar «know-how» nuclear a África? ¿Es otro desafío más?

R.G.: Más que un desafío es tratar de ampliar la base de apoyo a Irán entre los países en desarrollo, hoy casi inexistente. Internacionalmente Teherán no ha logrado, pese a que lo intenta, transformar su caso en una cuestión Norte-Sur en donde el norte desarrollado coarta los avances tecnológicos de un país del «sur».

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