Opinión Internacional

¡Es la oposición, estúpida!

Parafraseando una vez más la frase utilizada por un asesor del ex presidente Clinton, usada para definir el punto central del problema de la administración de George W. Bush padre que en su momento fuera la economía, frase que sirvió como referencia para encarar la campaña del año 1992, en el actual momento político que estamos viviendo, aún sintiéndolo mucho tenemos que decir que los males que nos aquejan obedecen en gran medida a la oposición que nos gastamos y que nos seguiremos gastando de aquí hasta no sabemos cuando, quizás hasta el día en que los ciudadanos de este país embarcado rumbo al fracaso nos cansemos de ser usamos como levanta manos, y pone votos, al mejor estilo de las gallinas ponedoras que ponen, ponen y ponen sin ninguna retribución.

En el momento actual, la oposición sigue vaiveneándose por caminos inexplicables, dividida, sin aliento, sin cable a tierra, vagabundeando, con dengue, con malaria y no sabemos que otros males que seguramente la aquejan después de todos los desaciertos que ha venido cometiendo en el azaroso camino en el que todo lo han ido perdiendo, rompiendo, regalando, donando, entregando al gobierno actual.

Hablamos de todas las oposiciones posibles o imaginables que han existido y siguen existiendo después de las quimioterapia a la que se han visto expuestas para tener un periodo de sobrevida.

La oposición, hoy por hoy es un cuerpo enfermo, un espíritu sin fortaleza, una especie de ente gobierno- dependiente, que en su adicción no se atreve a tomar sus propias acciones o su camino. Como todo adicto mira todos los días lo que hace, dice, le dicta y le exige el gobierno y después de prometer que nunca más va a caer en la tentación de consumir sus políticas vuelve a reincidir y termina en alguna farra consumiendo lo que le han ofrecido en bandeja, y luego se encuentra con que está más debilitada, debajo de algún puente o canal.

Por esto y mucho más resulta tan irrisorio como fantasioso eso de que «Vamos o tenemos que formar un frente único», en el entendido que se debe formar una especie de fraternidad con el único motivo de bailar el corso de carnaval eleccionario del 25 de enero y después todos a quitarse las casacas y a curar los efectos de la resaca y a ver como se las arreglan con lo que le han vuelto a hacer perder al país, con los efectos de la borrachera y con las deudas que los van a llevar a la bancarrota.

Claro que esto tiene una explicación, porque a sabiendas de que no se encuentran en una fase de reivindicación de principios sociales rectores, lo único que postula esta oposición es que se deben unir en una comparsa para salvar algunos intereses y con el empalme de la promesa de algunos negocitos que se pueden obtener después de haber hecho amistad con moros y cristianos en el corso eleccionario.

La oposición está tan carente de valores como el oficialismo. Hasta en el grupo más pequeño que se forma en Bolivia todos se dedican a hacer intrigas y a serruchar el piso al que por su destreza o habilidad se puede convertir en un rival, en un valor de oportunidad para el país, porque mientras más borregos sean los que engrosen las filas menos peligrosos y más aceptados serán, los otros terminan corridos porque hacen olas, porque tienen independencia de opinión, porque no son clareadores y mucho más si son de los que al pan le dicen pan y al vino vino; bueno los que reivindican sus propias opiniones son decididamente marginados, se los intriga, se les dice Masistas, se les busca un sin número de motivos para espantarlos y correrlos.

Si no hay condiciones de hacer frente a los funcionarios corruptos de Evo Morales, que pese a tantos deslices y barbaridades que cometen se mantienen en sus cargos y en sus marcas es porque la oposición es timorata, paterifusa y hace cálculos y piensa en su conveniencia antes que actuar por principio y por ideales. Sólo la mediocridad de la oposición permite que el actual gobierno siga y avance destruyendo todo a su paso y comiéndose las entrañas del país sin ninguna respuesta oportuna.

Es que para la oposición timorata, impera la ley del silencio, que es el código de ética de las mafias, que es uno de los códigos de ética que destruye a quien habla de los defectos, errores o deslealtades que han tenido algunos miembros de la oposición. En este código de ética a quien habla lo sentencian y le imponen la muerte civil en vez de felicitarlos, de tomarlos como valientes ciudadanos, les plantean que están dividiendo a la «familia», sin pensar que este código es parte de la ética de la mafia pero no puede ser parte de la ética de una sociedad civil que quiere gozar de funcionarios respetuosos y probos. Comparte así la oposición el mismo código de ética que tiene el oficialismo, que destruye a quien denuncia corrupción dentro de las filas del Mas. En este sentido las cosas llegan al extremo de que se podría decir que no hay apego a la justicia, al deber ser y unos y otros se diferenciarían por el hecho de estar de un lado o del otro.

La diferencia debe estar marcada por los principios que se profesan, y por esta razón son los vicios de concepción y de acciones que no se han superado, que vuelven a rozar la adscripción a un ética que no es tal sino que ha sido prestada de las mafias sicilianas y que la ciudadanía ha adoptado sin chistar, lo que nos está llevando al cataclismo que se avecina. ¿Qué nos espera?, ¿dónde vamos a ir a parar?
Probablemente tendremos que llegar al infierno que nos estamos destinando por nuestra falta de formación social y ética, las sociedades entran en decadencia por sus propias falencias y sólo pueden salir de estas situaciones cuando labran con esfuerzo, sangre, sudor y lágrimas un nuevo bagaje de virtudes.

Mientras sigamos practicando los mismos cánones sicilianos de protección y de falta de fortaleza moral para castigar los entreguismos y las vendetas internas, mientras sigamos siendo complacientes y conformistas, tenemos que seguir admitiendo que gran parte de nuestro problema ¡Es la oposición; estúpida!

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