Opinión Internacional

Fidel contra la euforia

La máxima de que «para bailar tango se necesitan dos», «It takes two to tango», (para los gringos), fue reiterada esta semana por el doctor Fidel Castro Ruz en su columna «Sueños delirantes». Fidel es el columnista más feliz de nuestros días. Apenas escribe sus notas, ya las agencias las disparan urbi et orbi, y la gran prensa capitalista las difunde con entusiasmo. No cabe duda de que es el periodista más leído, y que no pocos en el mundo lo consideran el oráculo de Delfos. Aunque no estoy entre estos, lo leo con atención justamente por eso, porque es el gran guía de innumerables seguidores, y siempre conviene ir a las fuentes y no a sus derivados.

Fidel le ha dedicado algunas columnas a la V Cumbre de las Américas con el único propósito de desarmar el entusiasmo que generó en Puerto España el diálogo abierto y franco entre el presidente Barack Obama y los latinoamericanos, y en especial en aquellos que en las vísperas se habían congregado en una ciudad venezolana para engrasar las artillerías con las cuales reducirían a cenizas al representante del imperio. Como esto no resultó así, y lo que hubo en Trinidad-Tobago fueron abrazos y sonrisas, promesas de discurrir entre iguales, despeje de horizontes, amistad y franqueza entre quienes pueden ser francos, ahora el doctor Castro Ruz da una señal a sus seguidores en la nota que llamó «Sueños delirantes».

Paralelamente, y según un cable de la AP, Fidel declaró que el presidente Obama había «malinterpretado» ciertas declaraciones del presidente Raúl Castro, según las cuales estaría dispuesto a conversar con Estados Unidos sin reservas, «incluidos los derechos humanos, la libertad de expresión y los prisioneros políticos». En su columna, glosó y criticó la Declaración de Puerto España, y puso a la OEA en la berlina. De modo que de un plumazo desautorizó a quienes claman por el retorno de Cuba a la OEA. Fidel, en una palabra, no se imagina entre las momias del organismo hemisférico.

La primera nota de Fidel dedicada al episodio de Puerto España fue «La cumbre secreta» y en ella glosaba y elogiaba las aburridas letanías de Daniel Ortega, sin mencionar la respuesta de Obama, que con humor dijo ser culpado de sucesos acaecidos cuando él tenía apenas tres meses de haber llegado a este mundo.

Uno se pregunta si habiendo sido Cuba el tema dominante de la V Cumbre, y si habiendo Obama expresado (o comprometido) su disposición a emprender relaciones que superen los viejos duelos, ¿no resulta extraña la reacción del doctor Castro? Fidel probablemente quiere advertir que la magia de Obama puede ir demasiado lejos. Ya vio a su amigo Hugo caer bajo el encanto de Barack, de ver cómo le entregaba un libro viejo y anacrónico, biblia de la quejumbre que justifica a los pobres desamparados que no hemos encontrado quién se apiade de nosotros.

La verdad verdadera es que llamar la atención sobre historias tan tristes al hijo de un africano era como llover sobre mojado. Si el Presidente de Venezuela se hubiera leído antes Los sueños de mi padre, quizás habría descubierto que las venas abiertas de África sangraron tanto que ahora navegan por las venas de un Presidente de Estados Unidos.

Contra la percepción del doctor Castro y su alerta sobre la euforia, no cabe duda de que la V Cumbre fue un suceso reconocido y disfrutado por todos. Así lo proclamó el presidente Hugo Chávez Frías. No hay para qué volver atrás ni por qué cantarle funerales a un momento tan auspicioso en las relaciones entre Estados Unidos y América Latina. Quizás al doctor Fidel Castro lo haya sorprendido el imprevisto triunfo de la causa de Cuba en la V Cumbre de las Américas.

Cuba fue una palabra prohibida en todas las cumbres. Nadie se atrevió a tocarlo. En Trinidad-Tobago fue el tema dominante, como si el tabú de pronto hubiera sido conjurado. Estados Unidos comenzó el deshielo al eliminar las restricciones a los viajeros y a las remesas, y le pidió a Cuba eliminar los gravámenes a fin de que sus beneficiarios las disfruten en su integridad. Sean cuales fueren las amonestaciones del universalmente leído columnista, el mundo marcha y cambia, y cambia tanto que ya tenemos en la europea ciudad de Rotterdam a un alcalde musulmán, en tierras del filósofo que escribió Elogio de la locura.

El leído columnista disfrutó del gran show afro-caribe que alegró a los presidentes, pero lanzó sus críticas macroeconómicas a Trinidad-Tobago. Escribió: «El espectáculo artístico del anfitrión brilló realmente. Pocas veces, tal vez nunca, vi algo parecido. Fue un verdadero derroche de cultura y a la vez lujo. Medité un poco. Calculé cuánto costaría todo aquello y de repente me di cuenta de que ningún otro país del Caribe podía darse el lujo de presentar un espectáculo semejante, que la sede de la Cumbre es inmensamente rica, una especie de Estados Unidos rodeado de pequeños países pobres».

¿No fueron estas danzas, acaso, una celebración de las raíces africanas de Barack Obama?
Publicado en El Nacional SIETE DIAS Mayo 3, 2009

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