Opinión Internacional

Fiebre Referendaria

La “parapolítica” y la “Yidispolítica” tienen convulsionado al país. Tan convulsionado está, que ya la Corte Suprema de Justicia rebotó la gota que llenaba el vaso, en un su obsesión de “tumbar” al Presidente Uribe ( véase “Complot internacional Anti-Uribe”,).En efecto la Corte se vale de la auto-incriminación de Yidis, sin otra prueba, y sin oír a los funcionarios involucrados, para extralimitarse en sus funciones, pues: 1) sugiere la ilegalidad del acto legislativo que aprobó la reelección, 2)considera el cohecho por parte de funcionarios a quienes no tiene la función de investigar y 3)le envía una instrucción a la Corte Constitucional, lo cual no es su competencia.

Lo grave del asunto es la precipitación del presidente Uribe en convocar al constituyente originario, el pueblo, vía referéndum para finiquitar el problema entre la Corte y el Presidente. Por su puesto esta convocatoria a referéndum es una jugada política maestra, pues lo regilitimará con el más de 80% en que está su popularidad ahora. Pero abre una caja de Pandora, que podría tener graves repercusiones políticas y sobre todo económicas.

Si no hubíese otra solución posible al enfrentamiento entre la Corte Suprema de Justicia y el Presidente, bien estaría el llamado al referéndum, pero como obviamente la Corte Constitucional que no ha mostrado el morbo anti-Uribe, fallará a favor del Presidente, pues la lógica jurídica, política e institucional así lo dictamina, darse un baño de religitimidad para zanjar una polémica causada por una obsesión, financiada quizás por intereses oscuros anti-colombianos venidos del extranjero- léase la revolución chavista- sin necesidad, tiene un costo muy alto, para el Presidente y sobre todo para el país.

No obstante todo lo anteriormente dicho, ya que se hizo, el llamado a referéndum, con el debate concomitante que tendrá lugar en la fecha previa a su ejecución, tendrá un efecto vigorizante para la democracia colombiana:
El demostrar de que lado está la legitimidad, por supuesto de parte del Presidente Uribe, el mejor presidente que ha tenido Colombia, en las últimas décadas, quien restauró la institucionalidad, la confianza y las posibilidades de desarrollo del país, y no de los oscuros intereses mafiosos y subversivos que han infiltrado a la Corte Suprema de Justicia, y que podrían en su obsesión anti-uribista dar al traste con el régimen constitucional colombiano.

Otro cuento es el intento de realizar otro referéndum para aprobar una segunda reelección que está intentando un sector de la U. He oído de boca de un ex Ministro del Interior y de un notable empresario conservador, que el Presidente Uribe les ha ratificado su convicción de no ir a una reelección. Si bien un tercer período de Uribe no tendría sino valencias positivas para Colombia, no se debe ni pensar en ello, pues sería el afirmar tres cosas nefastas sobre Colombia:
1)Que solamente la persona de Uribe podría continuar el derrotero positivo de la Política de Seguridad Democrática,

2)Que por lo tanto, la línea de evolución institucional que ha tenido Colombia en 2 siglos de vida republicana, tendría que ser rota,
3) Que tendría que ser necesaria la vía del caudillismo mesiánico para continuar el sendero de progreso democrático.

Felizmente ninguna des estas afirmaciones son ciertas, por el contrario:

1) Colombia tiene quizás el más capacitado y solvente liderazgo político de Latinoamérica, se podrían citar al menos 8 precandidatos dentro del seno del uribismo, tan capaces como Uribe para seguir su camino.

2) Por lo tanto la institucionalidad democrática no debe ser rota para continuar la política de seguridad democrática, y finalmente

3) Si algo ha caracterizado a Colombia, es la ausencia de caudillos populistas, la segunda reelección podría tomarse como un guiño a esa vía, por todo lo dicho, Colombia no necesita, ni debe sucumbir a esa tentación.

He visto el silencio del Presidente Uribe como una estrategia para no aparecer como un “lame-duck” a mitad de su período, pues bien con la convocatoria al referéndum para su relegitimación frente a la afrenta a su legitimidad por parte de la Corte Suprema de Justicia; que al serlo llamado públicamente por el Presidente se debe dar como un hecho, aunque es un error de precipitación; podría ser enmendado, si al mismo tiempo Uribe hace pública su intención de no ir a una segunda reelección. Quedaría relegitimado y consagrado como lo que es: un verdadero estadista que trabaja por la Patria; de no hacerlo, será siempre tildado de segundas intenciones que no tiene, y dejaría una sombra de duda sobre sus verdaderas intenciones, que sería aprovechada por sus adversarios, en prejuicio de él y de Colombia.

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