Opinión Internacional

Fujimori, al borde de la mayoría absoluta en un recuento lento, sin testigos y bajo sospecha

«El ritmo de “el Chino”» promete sonar otros cinco años. Fujimori, prácticamente, tiene garantizada su continuidad en la Presidencia. Escrutado algo menos del 40 por ciento de los votos —más de 20 horas después de cerrar las urnas—, el actual jefe del Estado peruano logra el 49,88 por ciento de los votos y queda a milímetros de la mayoría absoluta. Toledo habría logrado el 39,98 por ciento.

Seguidores de Fujimori salieron anoche a festejar en las calles de Lima el anuncio de los primeros resultados oficiales. Reuters
A veinte horas del cierre de los colegios, por fin, la ONPE (oficina electoral) se animó a facilitar noticias sobre la noticia y confirmó lo que la oposición se negó la víspera a aceptar, en virtud del recuento rápido de encuestadoras que contradecían sus propios sondeos a pie de urna donde daban por segura una segunda vuelta y a Toledo como el más votado. Según la ONPE, la candidatura de «Perú 2000» había triunfado contundentemente y esa segunda vuelta se esfumaba como una posibilidad más que remota. Su candidato, Fujimori, tenía las puertas abiertas para un tercer mandato (prohibido por la Constitución). Algo más, esta formación obtenía la confianza del 36,23 por ciento del electorado en la lista al Congreso.

SIN DOMINAR EL CONGRESO
«Perú Posible», la opción de Alejandro Toledo, resultó inviable con el 39,98 por ciento de los votos para su candidato a la Presidencia. En el Congreso, consiguió el apoyo de un 20.04 por ciento. Con estas cifras en la mano, y dando por descontada la permanencia de esta tendencia, natural o forzada dados los antecedentes del proceso, la única novedad que se vislumbra para la próxima legislatura sería que Fujimori no tendría por sí mismo el poder absoluto en la Cámara de Diputados que ha venido manteniendo.

El extraordinario retraso en la difusión de datos provocó suspicacias y desconfianza en las nueve listas de la oposición. La madrugada anterior así se manifestó en una marcha frente a las puertas del Palacio de Gobierno, en la que reclamaron unos comicios justos. Agravada y prolongada con las horas esta situación por el reconocimiento de la OEA y de otras organizaciones que se declaran imposibilitadas de fiscalizar el cómputo, Fujimori se atrincheraba hasta ayer en el silencio.

En este contexto se produjeron las declaraciones de Eduardo Stein, jefe de la misión de la OEA, quien hasta ayer manifestó su sorpresa por el «inexplicable» retraso del escrutinio. El ex canciller guatemalteco se curó en salud y, desconfiado, puso el dedo en la llaga de un cómputo sin concluir: «No es posible realizar un seguimiento informático, desde el centro mismo del sistema, porque éste no lo permite (…) Sólo puede realizarse en torno a los procedimientos físicos de la llegada, entrega y apertura de los sobres». En otras palabras, no ponía la mano en el fuego sobre la transparencia de los resultados.

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