Opinión Internacional

¿Futuro canciller?

La postguerra le permitió a los europeos reencontrarse con la democracia, con la tolerancia, con el pluralismo, con los valores que durante siglos venía construyendo la cultura occidental. En un momento dado tales principios fueron pisoteados por un
hábil cabo austríaco que logró convertirse en el Führer de Alemania, y cubrir a casi toda Europa con el signo de horror de su partido: la cruz gamada. Su derrota le permitió a Europa reencontrarse consigo misma. Por eso el acta de nacimiento de la Unión Europea está sustentada fundamentalmente sobre los valores democráticos,
y de su preservación depende, en buena parte, la suerte futura del Viejo Continente.

Nunca antes la Unión Europea se había visto enfrentada a la situación de que un partido extremista llegara al gobierno de un Estado miembro, como ocurrió hace poco más de un mes en Austria. Desde la idealpolitik se hicieron oportunamente las declaraciones de rigor en los demás países de la Unión, e incluso Estados Unidos e Israel llamaron a sus embajadores a consultas. Pero en un esquema en construcción como en la nueva Europa, tan sensible a cualquier expresión de una simple voluntad política, las sanciones no son tan fácilmente aplicables y los pasos en falso pueden
tener un efecto bumerán contra el consenso general que, desde su nacimiento hasta hoy, ha sido el elemento clave de la Comunidad Europea.

Lejos de ser un signo tranquilizador, resulta preocupante la renuncia de Haider a la dirección de su partido ultraderechista. No sólo anunció que se mantendrá activo en la política, sino que ve más despejadas sus posibilidades para convertirse en el próximo canciller federal, quien, como se sabe, es el jefe de gobierno de la nación austríaca. “Eso se ha hecho más que probable”, declaró a la revista Format.

El nuevo líder socialdemócrata, Alfred Gusenbauer, sucesor del ex canciller Klima, alertó a sus compatriotas sobre lo que aparece como una treta política, en lo cual coincidió con el dirigente de los Verdes, Alexander van der Bellen. También diversos sectores políticos de los 14 países restantes de la Unión Europea percibieron la renuncia de Haider como una acción táctica que le permitiría tomar distancia frente a algunas medidas de corte impopular que probablemente tome el gobierno, y posicionarse mejor para las próximas elecciones generales. La presión externa sigue
produciéndose desde todos los puntos cardinales de Europa, pero eventualmente se corre el riesgo de un doble efecto contrario: uno sobre la Unión, pues como se sabe, hay decisiones que deben tomarse por unanimidad de los países miembros; y otro doméstico, pues las presiones externas pueden reforzar la posición interna
de Haider. Desde la realpolitik las cosas suelen ser a otro precio.

La Unión Europea nació para taponar las crisis originadas en el surgimiento de corrientes políticas y gubernamentales de carácter extremista que, desde la derecha o desde la izquierda, pudieran romper el proceso de ascenso de su ambicioso proyecto continental, así como el ejemplo democrático sobre el resto del mundo. Ahora se encuentra con el reto de Haider, cuya habilidad política vuelve a ponerse de presente con una renuncia que lo sustrae del escenario internacional pero lo afianza en su partido y probablemente en su país, en donde se desempeña como gobernador de la provincia de Carintia. Haider es un hombre peligroso. Ahora, desde la sombra, lejos de la mirada de una Europa preocupada por la política del día a día, es probable que prepare su zarpazo sobre la cancillería federal.

Estos casos son una amenaza real para la Unión Europea, pero además envían un sonido preocupante frente a los desarrollos futuros de la democracia en el mundo. Haider representa un peligro incluso para nuestra América Latina, cuya historia ha estado salpicada de populismo tanto en la izquierda como en la derecha. Aquí nos gusta imitar sin digerir bien las modas buenas y malas que aparecen en otros países. No queremos recordar las camisas negras que adornaron la vocación de ciertos políticos colombianos en la mitad del siglo.

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