Opinión Internacional

Gadafi y una teoría universal de los dictadores

En junio de 2006, para un página web publiqué “¡Deconstruyan a Khadafi!, y expuse algunas reflexiones que ahora, quizá sean propicias de evocar ante la grave situación en Libia:  

“Erase una vez, no hace mucho, que el dictador de Libia, el general Muamar Khadafi intentó durante más de tres décadas posicionarse como sucesor del ex presidente egipcio Gamal Abdel Nasser como líder emblemático de la ideología pan-arabista para unir a los países del Medio Oriente y los de África en un bloque político-militar, y también aspiró a ser el sucesor de Tito y Nehru – presidentes de la ex Yugoslavia e India, respectivamente  – como adalid de los Países No Alineados, incluso después del desmembramiento de la Unión Soviética.”

“La reciente apertura de relaciones diplomáticas y comerciales entre Estados Unidos y Libia, luego de más de 20 años de ruptura total entre ambos países, luego de ganarse gradualmente la confianza de naciones europeas desde 2003, parece ser la prueba final de que el cambio pregonado por Khadafi en los últimos años va en serio y que el otrora precursor de Bin Laden como principal “exportador” de terrorismo internacional – y  paria de la llamada “comunidad internacional” – se ha conciliado con la idea de ser una voz moderada y un aliado de las grandes potencias, que – “cosas veredes Sancho” – ahora pide a insurgentes iraquíes liberar rehenes occidentales y recomienda a Irán someterse al control internacional en asuntos del desarrollo de su poder nuclear”

“Khadafi nació en el seno de una familia beduina y fue educado bajo una estricta formación islámica, pero luego ingresó a un colegio militar en donde adoptó también un concepto secular nacionalista que sería parte de la peculiar ideología que impuso gradualmente en su país, a partir de 1969, cuando junto a un grupo de compañeros derrocaron al Rey Idris e instauraron un Consejo Revolucionario que pronto dominó, convirtiéndose en el jefe indiscutido del gobierno”-

“Su famoso Libro Verde, publicado en 1973, esboza una doctrina esperpéntica que proclamaba a su país como socialista, democrático, nacionalista, pan-arabista, islámico y militarista – algo digno de los personajes de “1984” de Orwell con eslóganes como “la guerra es la paz” – que bien ilustra su estrafalario subtítulo: “La solución del problema de la democracia: el poder del pueblo; La solución del problema económico: el socialismo, y el fundamento social de la Tercera Teoría Universal”. En 1977 también introduce el concepto de la Jamahiriya o “Estado de las Masas”. 

El Khadafi de hoy nada tiene que ver con aquel que estableció uno de los regímenes más opresivos del mundo tratando de erigirse el líder alternativo de los países menos desarrollados por medio de la manipulación de la riqueza petrolera de su país como instrumento geopolítico, la intervención militar en conflictos africanos como el de Chad – bajo dominación francesa – y el apoyo a terroristas del IRA, ETA, la OLP contra objetivos israelíes en  Europa, y a otros extremistas entrenados por su propio ejército como los que ejecutaron el atentado que hizo estallar un avión de Pan Am sobre los cielos de la ciudad escocesa de Lockerbie en 1988. Fue este el punto límite de permisividad de Occidente hacia su política de patrocinio de terrorismo internacional que se tradujo en sanciones de la ONU desde 1992.”

“El otrora amigo del sanguinario Idi Amin Dada en Uganda – a quien ayudó enviando solados libios a mantenerse en el poder para islamizar a la mayoría negra cristiana de su país – y el efusivo colaborador de los regímenes islamistas de Irán y Sudán; tutor de tiranos como Hafez el Assad en Siria y de los dictadores brutales de Somalia, Liberia y Burkina Faso, entre otros países – comenzó poco a poco a espaciar sus acciones provocadoras contra naciones vecinas y lejanas y eventualmente renunció a sus ambiciones expansionistas y a sus delirios de grandeza.

Algo ocurrió un día – un buen día, podríamos decir – de 2003, cuando el hasta entonces intemperante y locuaz dictador libio aceptó su responsabilidad en el atentado de Lockerbie, ofreció compensaciones económicas a los familiares de las víctimas y anunció su renuncia definitiva a desarrollar armas de destrucción masiva. Khadafi, entonces, dio un giro espectacular que bien merece muchas obras para descifrar el código de su transformación: ¿Se debió al trauma del bombardeo que le hizo Ronald Reagan a su Palacio en 1986? ¿A síntomas de una dócil  vejez? ¿Algún medicamento? ¿Efectos de una diplomacia internacional acertada? ¿La influencia del prudente Seif al-Islam Khadafi, hijo y posible sucesor del general, sobre su padre? ¿Un proceso gradual de reflexión sobre la herencia que le dejaría a su pueblo sumido en pobreza y aislamiento?”

“Son muchas las teorías para explicar el cambio radical de Muamar Khadafi para dejar de ser eso – radical –  y la favorita, para aquellos que predican la guerra preventiva luego de los atentados del 11 de Septiembre de 2001, es que el bombardeo norteamericano sobre Trípoli  y Bengasi en 1986 le hizo comprender que no podía y no era conveniente seguir desafiando a los países poderosos del mundo. Sin embargo, el dictador libio mantuvo después del ataque, su tradicional actitud desafiante contra Estados Unidos, Europa e Israel. El cambio fue gradual y por eso, algunos analistas piensan que hubo otros factores que influyeron para sosegarlo

Según medios británicos como el Daily Telegraph y el Observer lo que llevó al régimen libio a renunciar a la posesión de armas de destrucción masiva fue consecuencia de acuerdos pragmáticos entre Khadafi con Londres y Washington. El primer diario asegura que servicios secretos británicos y norteamericanos interceptaron un supuesto cargamento de armas no convencionales en su posesión y negociaron con Khadafi abortar acciones militares a cambio de una “voluntaria” decisión de despojarse de esta municiones, mientras que el segundo periódico presentó una serie de reportajes que atribuyen la decisión del dictador libio de estrechar relaciones con estos países si le prestaban ayuda de inteligencia para sofocar el intento de grupos extremistas islamistas – incluyendo a Al Qaeda – de derrocarlo. Si bien estas versiones no han sido comprobadas podrían explicar por qué se quebró el hielo entre Libia y estos países, y sin embargo, la mayoría de los analistas consideran que el cambio de estrategia geopolítica del régimen libio se debe a la creciente influencia de Seif al-Islam Khadafi, hijo del dictador y según varias fuentes, candidato preferido de su padre para la sucesión en el liderazgo del país, interesado en desarrollar a su país con una visión pragmática y moderna de la gestión gubernamental.

Libia pasó de ser el cuarto productor mundial de petróleo en los años 80 a sufrir un severo estancamiento en le exportación de crudo que la imposibilita a cumplir sus actuales cuotas de producción fijadas por la OPEP debido al embargo comercial de la ONU y el poco interés de inversión de empresas extranjeras en un país que nacionalizó sus hidrocarburos. Ahora que el país vuelve a abrirse política y económicamente al mundo, se especula que en los próximos años se podría implementar un agresivo programa para su infraestructura energética y empresas como Exxon Mobil, Chevron Texaco y otras europeas, ya han comenzado a negociar posibilidades de explotación petrolera”.

La sanguinaria represión contra su propio pueblo, en días recientes, demuestra que Khadafi como todos los fanáticos y delirantes dictadores, cuando hacen cambios estratégicos no lo hacen por el bienestar de su país, sino, por adicción al poder.

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