Opinión Internacional

George Clooney vs. Clint Eastwood

La bella izquierda hollywoodense contra los duros de la América profunda. La sonrisa de blancos dientes inmaculados alineándose junto al último invento mediático ˆ siempre in, siempre en la nota, siempre en el lado aparentemente bueno de Sunset Boulevard ˆ de llevar un afroamerican a la Casa Blanca. Era la hora de Denzel Washington. Contra los que aprietan los dientes ante el peligro y jalan del gatillo. Tiffanys contra Broockling. La Quinta Avenida contra los caños oscuros de la América del corazón de piedra.

Nadie podrá explicarse las razones que han llevado al bienpensante imperio mediático de la Costa Este a sacarse del sombrero a un afro elegante, fácil de lengua, desenfadado y gentil como un personaje de Truman Capote recién ingresado al jet set de la high society WASP. Mientras los asediados norteamericanos de braga y viandita, defendidos a capa y espada desde los torreones de sus fortines por los duros de matar, insisten en desempolvar de sus baúles más de dos siglos de lucha por el bien y la familia, contra el Estado y la maldad. Y first at all: por la libertad de Occidente y el american way of life

Clásico de la mitología cinematográfica que empapa la cultura política de los Estados Unidos. Faltó la pretty woman y el seductor multimillonario en la convención de los demócratas. Y Harry el sucio en la de los republicanos. Por primera vez, la historia se adelanta a la ficción y el sueño americano saca sus mejores galas. Qué duda cabe: la primera nación del mundo escarba entre sus mejores dones para enfrentar los difíciles tiempos que se le avecinan.

El fantasma de Jimmy Carter más que el de los Kennedy sombreó en la convención demócrata. Ese lado de la América Imperial que carga con todo el peso de la mala conciencia y se siente humillada por ejercer el único papel posible de esta historia posible en estos tiempos unipolares: ser el gendarme de un planeta al que provoca reclamarle la famosa consigna de Mafalda: ¡paren el mundo que quiero bajarme! Es la America Light que hace el encargo al que está obligada, pero no quisiera asumir las consecuencias de tener que romper los huevos para hacer la tortilla. ¿O creen que los atentados de Al Qaida se esfumaron por obra del espíritu santo?

Del otro lado, en el lado republicano, la América que siente su responsabilidad y la asume a plenitud. Allí estaban los mutilados de guerras que no provocaron, en defensa de quienes no supieron defenderse por sus propios medios, en territorios dejados a la mano del demonio por sus propios nacionales. ¿Son culpables los Estados Unidos del subdesarrollo, los delirios mesiánicos y la irresponsabilidad de pueblos que no se enfrentan a sus propios demonios? ¿Fueron ellos quienes parieron a Chávez o fue nuestra clase media golpista e irresponsable?.

Confieso, sin que me quede nada por dentro, que ya he probado demasiado de la medicina demócrata. Cargo sangre en el ojo con Jimmy Carter por su traición a la democracia venezolana. Y no siento la menor simpatía por los chulos hollywoodenses que de la mano de Izarrita escarban en nuestras reservas internacionales. Así tengan cara de abuelitos de los ángeles negros.

Ya debo haberlo aclarado suficientemente: estoy con McCain.

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