Opinión Internacional

Gracias Presidente Uribe

Todos deberíamos darle las gracias al presidente Álvaro Uribe desde donde estemos y como podamos. Yo lo haré desde París y mediante esta tribuna de El Mundo, de Medellín. Escribo estas líneas el 6 de agosto, un día antes del traspaso del poder al presidente electo Juan Manuel Santos.

Durante estas últimas semanas, en masivos actos, en ciudades y pueblos, millones de colombianos de todas las condiciones y edades expresaron su afecto y gratitud por el presidente Uribe. Miles de personas han escrito discursos, editoriales, artículos y cartas para felicitarlo. No recuerdo que en el país, al final de otros gobiernos, haya habido una ola de simpatía así de franca y masiva hacia un presidente que entrega el poder.

Desde hace más de un año, los colombianos decidieron que Álvaro Uribe es el mejor presidente que ha tenido el país. Yo comparto ese sentimiento. Uribe pasará a la historia no sólo como un presidente inmensamente popular, con un 86% de favorabilidad al final de su mandato, sino como el gran estadista que logró demostrar, en ocho años de intenso y abnegado trabajo, luchando contra presiones inmensas, que no había una muralla entre la seguridad y la libertad.

Él descubrió esa profunda verdad y no se quedó en la mera estructuración de una teoría sino que pasó al acto: inspiró y dirigió un proceso complicado en el que las energías del Estado y del pueblo fueron, por fin, coordinadas para obtener resultados. El brillante balance final es lo que todos saludamos hoy.

Desde el comienzo de su primera campaña presidencial en 2001 he observado la actuación del Presidente Uribe. Desde entonces, sin excluir un solo día, seguí su acción principista por todos los medios a mi alcance. Soy un testigo de su gran amor por Colombia.

Tras veinte años de utopías, errores y capitulaciones ante el terrorismo, Colombia estaba en un callejón sin salida. Uribe, empero, mostró un nuevo camino y probó que la clave de la paz y de la prosperidad del país está en la derrota efectiva de los enemigos de la paz, no en la componenda con éstos.

Uribe restableció la alianza entre la ciudadanía y las fuerzas militares, entre el Estado y la sociedad. Esa alianza parece intacta hoy. El nuevo presidente de la República tiene la enorme responsabilidad de preservarla y consolidarla. El crecimiento económico del país, la concordia nacional, dependen de eso.

Hay pueblos que se dotan de héroes tutelares en los momentos más aciagos de su historia. Lo hizo la Gran Bretaña con Winston Churchill en mayo de 1940, y lo hizo Francia con el general Charles de Gaulle en junio de 1940.

Colombia lo hizo en mayo de 2002 al elegir a Álvaro Uribe y al reelegirlo en 2006. Y éste, durante ocho años estuvo siempre a la altura de esa tarea histórica. Mucho queda por hacer, desde luego. Lo importante es que ahora los colombianos sabemos qué es lo que falta hacer y cómo hacerlo. El presidente Juan Manuel Santos, el ex presidente Álvaro Uribe, el uribismo popular, corriente que atraviesa todas las corrientes políticas colombianas, incluso las más sectarias, y los grandes partidos, tienen ante sí la posibilidad de seguir haciendo de Colombia, a pesar de un contexto continental difícil, un país cada vez más libre y más dinámico desde el punto de vista político, espiritual, económico, cultural y social. La unidad de todas esas fuerzas es esencial para avanzar.

* Es abogado y periodista colombo-francés residente en París desde hace más de una década. Es autor del «Best seller» «FARC: Fracaso de un terrorismo» (Colección actualidad, Debate, 2007, Bogotá) y de «El enigma IB» (Sobre el caso de Ingrid Betancourt) (Random House Mondadori, 2008, Bogotá).

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