Opinión Internacional

¿Hasta Cuándo?

«Vosotros …
«Vosotros, que invadisteis nuestros pueblos y ciudades,
«Vosotros, que incendiasteis nuestras iglesias y templos,
«Vosotros, que quemasteis nuestras cosechas,
«Vosotros, que matasteis a nuestros padres,
«Vosotros, que esclavizasteis a nuestros hijos,
«Vosotros, que violasteis a nuestras mujeres e hijas,
«¡No abuséis!, ¡No abuséis!»

La decadencia moral de la sociedad argentina nunca ha quedado tan palmariamente demostrada como en estos tiempos, por la tolerancia generalizada a los mayores estropicios que, contra ella misma, se perpetran día a día. Parafraseando a Lugones, la nación argentina está muy escasa de laureles. Porque, reconozcámoslo, hemos perdido cualquier freno y toda repugnancia ante lo que nos sucede. Permitimos que nuestro futuro sea hipotecado y saqueado permanentemente, y las adiposidades que hemos desarrollado -plasmas, decodificadores, automóviles, motos, cocinas y calefones- nos impiden ver la realidad, esa que los Kirchner construyen ladrillo tras ladrillo, ante una oposición que, al menos hasta ahora, se ha mostrado como incapaz de frenar los abusos, las arbitrariedades y los crímenes de la pareja imperial. Veámoslo, desordenadamente, de esta manera: ¿Hasta cuándo permitiremos que los amigos del poder continúen quedándose con empresas que, en otras circunstancias, estarían invirtiendo verdaderamente en el país, creando empleos y pagando impuestos? ¿Hasta cuándo permitiremos que la caja de la ANSeS, que deberá pagar nuestras jubilaciones, sea saqueada para incrementar el gasto público? ¿Hasta cuándo nuestros actuales jubilados, que han aportado más de treinta años para gozar de una vejez tranquila, deberán soportar que, por clientelismo, se jubilen quienes nunca han aportado? ¿Hasta cuándo las exangües arcas del Estado deberán pagar por las obras públicas muchísimo más de lo que ellas valen? ¿Hasta cuándo las provincias que «hacen los deberes» deben soportar el despilfarro de aquéllas que sólo consiguen recaudar, en impuestos, el 10% de sus gastos? ¿Hasta cuándo el «federalismo» constitucional deberá depender de la voluntad del tirano de Olivos? ¿Hasta cuándo la sociedad deberá soportar que, negándolo, el ajuste se haga por la vía de una inflación ya descontrolada? ¿Hasta cuándo los más pobres deberán seguir subsidiando, por la vía de impuestos indirectos, el derroche estatal? ¿Hasta cuándo estaremos dispuestos a seguir con la fiesta de los precios reprimidos, sabiendo que, en pocos años, deberemos pagar por su sinceramiento? ¿Hasta cuándo estaremos conformes con una industria nacional cara y poco eficiente a la cual hay que sostener, permanentemente, con subsidios o con protecciones para-arancelarias? ¿Hasta cuándo estaremos dispuestos a permitir que nuestro país se haya convertido en una entidad indefensa, incapaz de garantizar siquiera la seguridad de sus fronteras? ¿Hasta cuándo estaremos dispuestos a tolerar que, embutidos en discursos revolucionarios con olor a naftalina nuestras Fuerzas Armadas sigan condenadas a la desaparición? ¿Hasta cuándo estaremos dispuestos a ignorar que están llegando a nuestro país las peores lacras sudamericanas: carteles de drogas, guerrillas indigenistas y maras? ¿Hasta cuándo los «barones» del Conurbano, campeones del clientelismo político y de su negociación en las mesas políticas, estarán dispuestos a tolerar la infiltración de la Tupac Amaru en La Matanza? ¿Hasta cuándo toleraremos que la política se financie mediante la falsificación de medicamentos para enfermedades terminales? ¿Hasta cuándo miraremos para otro lado mientras nuestros organismos de control del lavado de dinero permiten que los narcotraficantes compren propiedades y políticos? ¿Hasta cuándo toleraremos que el narcotráfico financie las campañas electorales del kirchnerismo? ¿Hasta cuándo permitiremos que sigan volando valijas con dólares generados por las coimas venezolanas? ¿Hasta cuándo los argentinos, en general, y los santacruceños, en particular, seguirán preguntándose dónde están los fondos desaparecidos? ¿Hasta cuándo diremos que vivimos en democracia, mientras se nos convierte en una monarquía absoluta y corrupta? ¿Hasta cuándo permitiremos que los Kirchner y sus cómplices se compren, a precio ruin, el país y sus empresas? ¿Hasta cuándo consentiremos que, con nuestro dinero, hagan autobombo, compren radios e inventen diarios? ¿Hasta cuándo seguiremos oyendo impávidamente que tenemos fútbol gratis cuando sabemos que se gastan en él mil millones de pesos por año, sólo para la publicidad del Gobierno? ¿Hasta cuándo dejaremos que don Néstor se haga dueño del petróleo, de la electricidad, del gas, del juego, y del país entero, con el producto de sus coimas y aprietes? ¿Hasta cuándo los empresarios argentinos tolerarán los modos y las amenazas de Guillermo Moreno? ¿Hasta cuándo se morirán de miedo y correrán a cumplir las órdenes más disparatadas que ese energúmeno les imparta? ¿Hasta cuándo dejaremos que jueces corruptos, comprados por dinero o videos en prostíbulos masculinos, sean señores de nuestras vidas, honras y haciendas? ¿Hasta cuándo permitiremos que los poderosos entren por una puerta a los juzgados y salgan por otra diez minutos después, mientras que los pobres ladrones de gallinas permanecen por años en las cárceles? ¿Hasta cuándo los desposeídos contemplarán en paz como los dineros públicos terminan en los bolsillos y las empresas de cuatro vivillos? ¿Hasta cuándo seguiremos meramente sobreviviendo mientras vemos a nuestros políticos y gremialistas y sus familiares llenarse de casas, campos, joyas, aviones y yates? ¿Hasta cuándo los más míseros verán, sin reaccionar, como sus hijos mueren de desnutrición mientras los aviones presidenciales trasladan a los hijos del poder a fiestas patagónicas o viajan sólo para llevar medialunas o diarios? ¿Hasta cuándo quienes carecen de salud verán cómo se dilapidan fondos en subsidios a los más ricos, en gas y en luz o en créditos a empresas que no los pagarán? ¿Hasta cuándo los argentinos deberán pagar un millón de dólares diarios por la fiesta de Aerolíneas Argentinas? ¿Hasta cuándo los más pobres estarán dispuestos a pagar una Universidad para ricos, en la que no se estudia pero cuesta millones? ¿Hasta cuándo quienes no tienen escuelas dignas permitirán que se anuncien cientos de falsas inauguraciones de establecimientos de enseñanza? ¿Hasta cuándo los argentinos permitiremos que se nos envenene el aire comprando un fueloil teóricamente venezolano, lleno de veneno de azufre? ¿Hasta cuándo permitiremos que los Kirchner negocien con Hugo Chávez para poder robar y coimear sin medida y sin control? ¿Hasta cuándo permitiremos que se usen a los jueces corruptos como «camisas pardas» del proyecto oficial? ¿Hasta cuándo permitiremos que se combata contra el campo, nuestro más importante sustento, como si se tratara el sexto jinete del Apocalipsis? ¿Hasta cuándo permitiremos que, todos los días, se cercene nuestra libertad de prensa y de opinión, en nombre de una democratización falsa que pretende que la única palabra sea la oficial? ¿Hasta cuándo dejaremos que sigan falseándose las estadísticas nacionales, sin las cuales resulta imposible realizar diagnósticos y, mucho menos, pronósticos, indispensables para la inversión? ¿Hasta cuándo estaremos dispuestos a soportar el patoterismo de Guillermo Moreno, de Aníbal Fernández o de Luis D’Elía? ¿Hasta cuándo dejaremos que nuestras relaciones con nuestros hermanos uruguayos estén en manos de los piqueteros de Gualeguaychú? ¿Hasta cuándo permitiremos que los humores de don Néstor nos aíslen del mundo civilizado? ¿Hasta cuándo consentiremos que este verdadero genio del comercio exterior nos haga pelear con todos los países que nos compran mucho, pero nos venden poco? ¿Hasta cuándo soportaremos que, en el espectro internacional, se nos vincule a Nicaragua, Cuba, Venezuela, Ecuador y Bolivia? ¿Hasta cuándo permitiremos que los artífices del «modelo» kirchnerista y de todas las barrabasadas cometidas pretendan «venderse» como intérpretes del cambio generacional, como el camaleón Alberto Fernández? ¿Hasta cuándo seguiremos tolerando que se nos impida circular libremente, exhibiendo capuchas y palos? Obviamente, esta lista de «¿Hasta cuándo .?’s» no agota los temas pendientes, que los argentinos nos debemos, pero corresponde que la amplíe un poco con otros. ¿Hasta cuándo permitiremos que los opositores continúen con sus personalismos y con sus egoísmos, sin ofrecer a la sociedad propuestas concretas y planes para el futuro? ¿Hasta cuándo permitiremos que los opositores se comporten como vírgenes vestales después de haber sido reiteradamente violados por el oficialismo? ¿Hasta cuándo olvidaremos que la oposición es incapaz de diseñar una agenda propia y, muchísimo menos, de poner frenos al despotismo no ilustrado de los Kirchner? ¿Hasta cuándo las provincias elegirán como senadores a individuos capaces de vender sus votos por dinero, por protección o por prebendas de todo tipo? ¿Hasta cuándo estaremos dispuestos a esperar de la oposición planes de gobierno serios y concretos, en lugar de meras poses para los medios de prensa? ¿Hasta cuándo estaremos mirando por televisión -eso sí, plasmas enormes, comprados a cincuenta cuotas sin interés- como la República desaparece y el país deja de ser viable? ¿Hasta cuándo consideraremos que aún podemos legar un país a nuestros hijos, del cual puedan sentirse orgullosos? En la respuesta a todos esos interrogantes, y a otros muchos similares, está el futuro de la Argentina que, como diría San Martín, será lo que deba ser o sino, no será nada. ¡Qué pena que debamos formularlos cuando ya han pasado casi doscientos años de historia y estemos entrando en este malogrado Bicentenario!

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