Opinión Internacional

Hay autonomías… y autonomías

En materia de propuestas políticas hay que tener mucho cuidado para no dejarse confundir con elementos muy parecidos. Sucede a menudo, por ejemplo, que resulta difícil distinguir, sin conocimiento previo, a dos personas gemelas y, sin embargo, se trata de dos individuos distintos en los que siempre se encuentra algún detalle identificador. Algo similar ocurre con el tema de las Autonomías que genéricamente son semejantes, pero poseen significados muy diferentes cuando se las califica o determina.

Aprovechando de ello y de la falta de ilustración ciudadana, el presidente Evo Morales ha propuesto las autonomías ‘provinciales’ e ‘indígenas’ con el fin de contrarrestar las autonomías ‘departamentales’. Desde luego que la ocurrencia responde a la artera estrategia de confundir a la ciudadanía mostrándose más inclusivo. Lo cierto es que dicha propuesta es inviable pues orgánicamente no se acomoda a la actual división política del país; a menos que, como propone el Viceministro de Descentralización, bajo el justificativo de descolonizar la sociedad boliviana, se decida la modificación del mapa de Bolivia mediante una ‘reterritorialización’ así, según esta autoridad, al mismo tiempo se estarían aboliendo las reducciones ‘toledanas’ creadas en el periodo colonial español.

Esencialmente el proceso de aplicación de un sistema autonómico debe responder a los condicionamientos que establecen los vínculos entre la cúspide y los órganos de operación. En ese contexto, el proyecto de las ‘Autonomías Departamentales’ se entiende como un compromiso entre el nivel superior depositario de la administración (el Estado con sus tres poderes) y el nivel inferior, el departamento al que se le asignan competencias, recursos y responsabilidades, quien a su vez, en el orden jerárquico los transfiere a las provincias. En la práctica, las ‘Autonomías Departamentales’ respetan básicamente la conformación histórica de la República.

Entonces esto de las autonomías ‘provinciales’ e ‘indígenas’, que demagógicamente maneja el gobierno so pretexto de llegar directamente a las regiones, resulta una forma ingeniosa de reivindicar el centralismo con el manejo directo de estos territorios desde la ciudad de La Paz con el propósito, al mismo tiempo, de relajar la autoridad de los prefectos. Todo por el pecado de haber resultado electos y que varios de ellos no militan en el partido de gobierno. De allí que es preciso insistir que hay autonomías… y autonomías y que indefectiblemente el proceso de descentralización político-administrativo está condicionado a la jerarquía establecida por la actual organización política del Estado.

En resumen, la jurisdicción y competencia que diferencia a las ‘Autonomías Departamentales’ de la ‘provincial’, ‘municipal’ y ‘universitaria’, cumple aquí, de manera asombrosamente ordenadora, la misma función identificadora que el oportuno lunar que descubrimos con alivio en una sola de dos personas gemelas. Saber reconocer la disimilitud entre las autonomías, enriquece el conocimiento y contribuye al mejor discernimiento al momento de tener que optar por el sí o por el no en el Referéndum.

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