Opinión Internacional

Iniciativas de la Unión Europea

El Consejo Europeo aprobó, en la reciente Cumbre de Lisboa, un calendario con ambiciosos objetivos que prometen una llave para volver al pleno empleo a través de la llamada «nueva economía» y el desarrollo de la tecnología informática y de la sociedad del conocimiento. Pero dichas propuestas, presentadas en el marco de un paquete de reformas más amplio, tuvieron además el efecto de relanzar la iniciativa política de las instituciones comunitarias, algo alicaída en los últimos tiempos.

Las instituciones europeas y el proceso de ampliación de la UE sufrieron un cimbronazo con el ingreso del nacionalismo xenófobo al gobierno de Austria. Esto motivó una fuerte reacción de rechazo por parte del Consejo de Europa y la inmediata aplicación de sanciones diplomáticas que tuvieron, sobre todo, la intención de evitar que el ejemplo austríaco se saliera de cauce y se extendiera o contagiara hacia otros países.

Pero además, el caso austríaco puso de manifiesto de manera más clara la pérdida de empuje político de las instituciones europeas, frente a dos principales problemas que enfrentan los países más desarrollados del Viejo Continente: el desempleo y los cambios demográficos. El primero, relacionado con la competitividad de sus economías; el segundo, con el envejecimiento de la población nativa y con los flujos migratorios.

Las sanciones comunitarias aplicadas a Austria fueron una advertencia acerca de las consecuencias que supone elegir un camino de aislamiento nacionalista como respuesta a dichos problemas.

La Cumbre de Lisboa, acto seguido, propone ahora su receta comunitaria de «modernización del modelo social», con la liberalización de las telecomunicaciones, la difusión de las nuevas tecnologías y la reorientación del gasto público hacia el capital humano y la investigación.

Pero la consistencia de dichos compromisos descansa sobre el funcionamiento de un impreciso y cambiante tinglado supranacional, que además debe timonear la ampliación e incorporación de nuevos socios. En él existe el acuerdo monetario del euro, una protociudadanía europea representada en el Parlamento de Bruselas y normas comunitarias de dispar cumplimiento.

Tanto la Comisión como el Consejo de la UE tienen por delante avanzar sobre estas materias en lo que puede significar una carrera contra el tiempo, por las presiones de los gobiernos y sociedades nacionales con urgencias dispares, las exigencias de la economía global y su impacto sobre la cohesión social.

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